lunes, 24 de marzo de 2025

 

1312

 

LA LUCHA DE CLASES

Domenico Losurdo

 

(36)

 

 

 

IV

 

La superación de la lógica binaria.

Un proceso penoso e incompleto

 

 

 

 

¿«LUCHAS DE CLASES» O LUCHA ENTRE «OPRESORES Y OPRIMIDOS»?

 

La configuración del conflicto social es de una variedad extraordinaria, y sus protagonistas también pueden ser muy distintos. Sin embargo, después de llamar la atención sobre las «luchas de clase» (con toda su variedad) como clave de lectura del proceso histórico, el Manifiesto del partido comunista prosigue:

 

 

Libre y esclavo, patricio y plebeyo, barón y siervo de la gleba, maestro y aprendiz, en una palabra, opresores y oprimidos, siempre estuvieron enfrentados, mantuvieron una lucha ininterrumpida, unas veces latente y otras abierta; una lucha que siempre acabó con una transformación revolucionaria de toda la sociedad o con el hundimiento común de las clases en pugna (MEEW).

 

 

He destacado en cursiva la expresión que resumidamente establece «en una palabra» una correspondencia entre las «luchas de clases» (en plural) y la lucha (en singular) entre «opresores y oprimidos». ¿Es correcta esta síntesis? Dicho de otro modo: ¿la fórmula que acabamos de ver consigue sintetizar realmente la visión de la historia, la política y las «luchas de clases» que tienen los autores del Manifiesto del partido comunista?

 

 

En primer lugar conviene señalar que en Marx y Engels los conflictos entre las clases explotadoras son la regla, no la excepción. Explican la revolución francesa partiendo, en primer lugar, de la contradicción entre aristocracia feudal y burguesía industrial. Aunque la segunda, antes de 1789, no formaba parte del bloque dominante en sentido estricto, difícilmente puede ser incluida en las filas de los «oprimidos», pues además de disfrutar de una riqueza creciente y un incipiente prestigio social, en la fábrica ejerce ya el poder sobre una clase explotada y oprimida, y en las colonias no duda en recurrir a prácticas genocidas. Si luego, cruzando el Atlántico, nos ocupamos de la «revolución burguesa» en América, vemos que entre sus protagonistas destacan por su papel decisivo los dueños de esclavos y sobre todo quienes, desobedeciendo al gobierno de Londres, están decididos a expandirse al otro lado de los Allegheny e imprimir una fuerte aceleración al proceso de expropiación, deportación y exterminio de los pieles rojas. Los protagonistas de esta rebelión, que no tienen nada de «oprimidos», son a veces «opresores» más feroces que la clase dominante a la que han derrocado. La lucha de clases que, según la lectura de Marx y Engels, preside las dos revoluciones aquí mencionadas, no coincide de ninguna manera con una lucha entre «opresores y oprimidos». Lo mismo se puede decir del hundimiento o el ocaso del antiguo régimen en la Italia y la Alemania del siglo XIX.

 

 

Aunque se quisiera prestar atención únicamente a las luchas de clases de carácter emancipador, el panorama no cambia. La burguesía, si bien por un lado explota y oprime a los obreros, cuando encabeza la revolución contra el antiguo régimen desempeña un papel fundamental en la lucha contra los «opresores» del momento. Las luchas por la emancipación de una nación oprimida, o de la mujer, cuentan con la participación de estratos sociales que no pueden subsumirse unívocamente en la categoría de «oprimidos». Por su parte, la lucha de la clase obrera a veces puede contar con el apoyo del subproletariado, y más a menudo tiene que enfrentarse a su hostilidad, de modo que el subproletariado puede ser aliado de los oprimidos o, con más frecuencia, de los opresores.

 

 

La ambigüedad tampoco desaparece si centramos nuestra atención de un modo exclusivo en el proletariado propiamente dicho: explotado en la fábrica, el obrero (por ejemplo, el inglés) puede ver con indiferencia el sometimiento de Irlanda o la India o incluso simpatizar con él, y en este sentido ser cómplice de los opresores. Tomemos ahora al obrero irlandés o indio, este último doblemente oprimido, como miembro de una clase explotada y al mismo tiempo de una nación oprimida. Pese a todo, es el «burgués» en el ámbito de la familia, y la representante del proletariado por estar sometida a «esclavitud doméstica» es la mujer. Tomemos entonces a una mujer, obrera e irlandesa, tres veces oprimida, en el ámbito de la familia, en la fábrica y como perteneciente a una nación oprimida:

 

 

por lo menos en el ámbito de la familia patriarcal ella también es partícipe de la «explotación de los hijos por sus padres» mencionada en el Manifiesto y con la que están dispuestos a acabar los comunistas (MEW).

 

 

 

En otras palabras, cada individuo (e incluso cada grupo) está situado en un conjunto contradictorio de relaciones sociales, y cada una de ellas le va asignando papeles distintos. El sistema capitalista mundial, lejos de basarse en una sola «relación de coerción», es un entramado de «relaciones de coerción» múltiples y contradictorias. Lo que decide la colocación de un individuo (o de un grupo) en el campo de los «oprimidos» o el de los «opresores» es, por un lado, la jerarquización de estas relaciones sociales con arreglo a su relevancia política y social en una situación concreta y determinada, y por otro la opción política del individuo (o del grupo)…

 

(continuará)

 

 

 

 

 

[ Fragmento de: Domenico Losurdo. “La lucha de clases” ]

 

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