martes, 28 de junio de 2022


 

794

 

El Imperialismo, la fase superior del Capitalismo

LENIN

 

[ 014 ]

 

 

 

 

VII.

EL IMPERIALISMO, COMO FASE PARTICULAR DEL CAPITALISMO

 

 

“Intentaremos ahora hacer un balance, resumir lo que hemos dicho más arriba sobre el imperialismo. El imperialismo ha surgido como desarrollo y continuación directa de las propiedades fundamentales del capitalismo en general. Pero el capitalismo se ha trocado en imperialismo capitalista únicamente al llegar a un cierto grado muy alto de su desarrollo, cuando algunas de las propiedades fundamentales del capitalismo han comenzado a convertirse en su antítesis, cuando han tomado cuerpo y se han manifestado en toda la línea los rasgos de la época de transición del capitalismo a una estructura económica y social más elevada. Lo que hay de fundamental en este proceso, desde el punto de vista económico, es la sustitución de la libre concurrencia capitalista por los monopolios capitalistas. La libre concurrencia es la propiedad fundamental del capitalismo y de la producción de mercancías en general; el monopolio se halla en oposición directa con la libre concurrencia, pero esta última se ha convertido a nuestros ojos en monopolio, creando la gran producción, eliminando la pequeña, reemplazando la gran producción por otra todavía mayor, llevando la concentración de la producción y del capital hasta tal punto, que de su seno ha surgido y surge el monopolio: cárteles, sindicatos, trusts, y, fusionándose con ellos, el capital de una docena escasa de bancos que manejan miles de millones. Y al mismo tiempo, los monopolios, que se derivan de la libre concurrencia, no la eliminan, sino que existen por encima y al lado de ella, engendrando así una serie de contradicciones, rozamientos y conflictos particularmente agudos. El monopolio es el tránsito del capitalismo a un régimen superior.

 

Si fuera necesario dar una definición lo más breve posible del imperialismo, debería decirse que el imperialismo es la fase monopolista del capitalismo. Una definición tal comprendería lo principal, pues, por una parte, el capital financiero es el capital bancario de algunos grandes bancos monopolistas fundido con el capital de los grupos monopolistas de industriales y, por otra, el reparto del mundo es el tránsito de la política colonial, que se expande sin obstáculos en las regiones todavía no apropiadas por ninguna potencia capitalista, a la política colonial de dominación monopolista de los territorios del globo, enteramente repartido.

 

Pero las definiciones excesivamente breves, si bien son cómodas, pues resumen lo principal, son, no obstante, insuficientes, ya que es necesario deducir de ellas especialmente rasgos muy esenciales del fenómeno que hay que definir. Por eso, sin olvidar la significación condicional y relativa de todas las definiciones en general, las cuales no pueden nunca abarcar en todos sus aspectos las relaciones del fenómeno en su desarrollo completo, conviene dar una definición del imperialismo que contenga sus cinco rasgos fundamentales siguientes, a saber: 1) la concentración de la producción y del capital llegada hasta un grado tan elevado de desarrollo que ha creado los monopolios, que desempeñan un papel decisivo en la vida económica; 2) la fusión del capital bancario con el industrial y la creación, sobre la base de este "capital financiero", de la oligarquía financiera; 3) la exportación de capital, a diferencia de la exportación de mercancías, adquiere una importancia particular; 4) la formación de asociaciones internacionales monopolistas de capitalistas, las cuales se reparten el mundo, y 5) la terminación del reparto territorial del mundo entre las potencias capitalistas más importantes. El imperialismo es el capitalismo en la fase de desarrollo en la cual ha tomado cuerpo la dominación de los monopolios y del capital financiero, ha adquirido una importancia de primer orden la exportación de capital, ha empezado el reparto del mundo por los trusts internacionales y ha terminado el reparto de todo el territorio del mismo entre los países capitalistas más importantes.

 

Más adelante veremos cómo se puede y se debe definir de otro modo el imperialismo, si se tienen en cuenta no sólo las nociones fundamentales puramente económicas (a las cuales se limita la definición que hemos dado), sino también el lugar histórico de esta fase del capitalismo en relación con el capitalismo en general o la relación del imperialismo y de las dos tendencias fundamentales del movimiento obrero.

 

Lo que hay que consignar inmediatamente es que, interpretado en el sentido mencionado, el imperialismo representa en sí, indudablemente, una fase particular de desarrollo del capitalismo. Para dar al lector una idea lo más fundamentada posible del imperialismo, nos hemos esforzado deliberadamente en reproducir el mayor número posible de opiniones de economistas burgueses, que se ven obligados a reconocer los hechos de la economía capitalista moderna establecidos de una manera particularmente incontrovertible. Con el mismo fin hemos reproducido datos estadísticos detallados que permiten ver hasta qué punto ha crecido el capital bancario, etc., en qué precisamente se ha expresado la transformación de la cantidad en calidad, el tránsito del capitalismo desarrollado al imperialismo. Huelga decir, naturalmente, que en la naturaleza y en la sociedad todos los límites son convencionales y mudables, que sería absurdo discutir, por ejemplo, sobre el año o la década precisos en que se instauró "definitivamente" el imperialismo.

 

A propósito de la definición del imperialismo, sin embargo, debemos polemizar, en primer término con C. Kautsky, el principal teórico marxista de la época de la llamada Segunda Internacional, es decir, de los veinticinco años comprendidos entre 1889 y 1914. Kautsky se pronunció decididamente, en 1915, e incluso en noviembre de 1914, contra las ideas fundamentales expresadas en nuestra definición del imperialismo, declarando que por imperialismo hay que entender, no una "fase" o un grado de la economía, sino una política, precisamente una política determinada, la política "preferida" por el capital financiero; que no se puede "identificar" el imperialismo con el "capitalismo contemporáneo"; que, si se incluyen en la noción de imperialismo "todos los fenómenos del capitalismo contemporáneo" — cárteles, proteccionismo, dominación de los financieros, política colonial—, en ese caso la cuestión de la necesidad del imperialismo para el capitalismo se convierte en "la tautología más trivial", pues entonces, "naturalmente, el imperialismo es una necesidad vital para el capitalismo", etc. Expresaremos todavía con más exactitud el pensamiento de Kautsky si reproducimos la definición del imperialismo dada por él, directamente opuesta a la esencia de las ideas explanadas por nosotros (pues las objeciones procedentes del campo de los marxistas alemanes, los cuales han defendido semejantes ideas durante toda una serie de años, son ya conocidas desde hace mucho tiempo por Kautsky como objeción de una tendencia determinada en el marxismo).

 

La definición de Kautsky está concebida así:

 

"El imperialismo es un producto del capitalismo industrial altamente desarrollado. Consiste en la tendencia de cada nación industrial capitalista a someter y anexionarse regiones agrarias, cada vez mayores [la cursiva es de Kautsky], sean cuales sean las naciones que las pueblan".

 

 

Esta definición no sirve absolutamente para nada, puesto que es unilateral, es decir, destaca arbitrariamente tan sólo el problema nacional (si bien extraordinariamente importante, tanto por sí mismo como por su relación con el imperialismo), enlazándolo arbitraria y erróneamente sólo con el capital industrial en los países que se anexionan otras naciones, colocando en primer término, de la misma forma arbitraria y errónea, la anexión de las regiones agrarias.

 

El imperialismo es una tendencia a las anexiones; he aquí a lo que se reduce la parte política de la definición de Kautsky. Es justa, pero extremadamente incompleta, pues en el aspecto político es, en general, una tendencia a la violencia y a la reacción. Pero lo que en este caso nos interesa es el aspecto económico que Kautsky mismo ha introducido en su definición. Las inexactitudes de la definición de Kautsky saltan a la vista. Lo característico del imperialismo no es justamente el capital industrial, sino el capital financiero. No es un fenómeno casual que, en Francia precisamente, el desarrollo particularmente rápido del capital financiero, que coincidió con un debilitamiento del capital industrial, provocara a partir de la década del 80 del siglo pasado una intensificación extrema de la política anexionista (colonial). El rasgo característico del imperialismo consiste precisamente en la tendencia a la anexión no sólo de las regiones agrarias, sino también de las más industriales (apetitos alemanes respecto a Bélgica, los de los franceses en cuanto a la Lorena), pues, en primer lugar, el reparto definitivo de la Tierra obliga, al proceder a un nuevo reparto, a tender la mano hacia toda clase de territorios; en segundo lugar, para el imperialismo es sustancial la rivalidad de varias grandes potencias en la aspiración a la hegemonía, esto es, a apoderarse de territorios no tanto directamente para sí, como para el debilitamiento del adversario y el quebrantamiento de su hegemonía (para Alemania, Bélgica tiene una importancia especial como punto de apoyo contra Inglaterra; para Inglaterra, la tiene Bagdad como punto de apoyo contra Alemania, etc.).

 

Kautsky se remite particularmente —y reiteradas veces— al ejemplo de los ingleses, los cuales, según él, han establecido la significación puramente política de la palabra "imperialismo" en la acepción de Kautsky. En la obra del inglés Hobson, "El imperialismo", publicada en 1902, leemos lo siguiente:

 

"El nuevo imperialismo se distingue del viejo, primero, en que, en vez de las aspiraciones de un solo imperio creciente, sostiene la teoría y la práctica de imperios rivales, guiado cada uno de ellos por idénticos apetitos de expansión política y de beneficio comercial; segundo, en que los intereses financieros o relativos a la inversión del capital predominan sobre los comerciales".

 

Como vemos, Kautsky de hecho carece por completo de razón al remitirse a los ingleses en general (en los únicos en que podría apoyarse sería en los imperialistas ingleses vulgares o en los apologistas declarados del imperialismo). Vemos que Kautsky, que pretende continuar defendiendo el marxismo, en realidad da un paso atrás con relación al social-liberal Hobson, el cual tiene en cuenta, con más acierto que él, las dos particularidades "histórico-concretas" (¡Kautsky, con su definición, se mofa precisamente de lo histórico-concreto!) del imperialismo contemporáneo: 1) la competencia de varios imperialismos; 2) el predominio del financiero sobre el comerciante. Si lo esencial consiste en que un país industrial se anexiona un país agrario, en este caso se concede el papel principal al comerciante…”

 

(continuará)

 

 

[ Fragmento de: LENIN. “1916 El Imperialismo, la fase superior del Capitalismo” ]

 

*


viernes, 24 de junio de 2022

 

793

 

Joan E. Garcés  /   “Soberanos e intervenidos”

 

(...)

 

 

VII.

¿Quién paró al general Armada?

 

 

“ (…) El art. 8 también era invocado por los civiles comprometidos en la operación del 23 de febrero. Fue el proceder de Tejero y Milans del Bosch lo que chocó con el desarrollo lógico del golpe de Estado de Armada.

 

Las dos variantes principales del golpe del 23 de febrero se contradecían. Milans y Tejero trataban de forzar la suspensión de las libertades públicas y formar un Gabinete Militar. En este sentido era significativo el primer comunicado público de la JUJEM en la tardía hora de las 22.55: «La JUJEM manifiesta que, ante los sucesos desarrollados en el Palacio del Congreso, se han tomado las medidas necesarias para reprimir todo atentado a la Constitución y restablecer el orden que la misma determina». Lacónico comunicado, que silenciaba la sublevación de la III Región militar y el Bando por el que Milans asumía todos los poderes, mientras describía con un neutro “sucesos” el secuestro de todo el Gobierno y de los diputados. Tal toma de postura pública de la cúpula militar no cerraba el paso a la operación Armada, que ingresaría en el Congreso una hora después –con el acuerdo de la JUJEM– y dispuesto a proponer la investidura de un Gobierno provisional que restableciera el “orden constitucional”. El periplo de Armada desde el Cuartel General del Ejército al Congreso de los Diputados, y de aquí a la sede del Gobierno en funciones –formado por los subsecretarios–, tuvo lugar mientras Milans desplegaba sus tanques por las calles de Valencia. Presión que este último sólo aceptó retirar después que, a las 2.30 a.m. del martes 24 –ocho horas después de que Tejero ocupara el Congreso–, el Rey le manifestara por teléfono y por télex que no aceptaba la formación de un Gabinete Militar: «Juro que no abdicaré la Corona ni abandonaré España, quien se subleve está dispuesto a provocar una guerra civil […]». Ante esta decisión política del Rey ni Milans ni los demás mandos que estaban en medio del vado reaccionaron.

 

¿Qué fuerza catapultaba a Armada hacia la dirección del Gobierno? Al día siguiente del secuestro del Congreso Adolfo Suárez –todavía Presidente en funciones– «criticó a la Junta de Jefes de Estado Mayor que hubiera reaccionado tan tarde y de manera tan confusa ante el secuestro del Gobierno y de los diputados». La tardanza pudo deberse a la búsqueda de una salida coherente –no encontrada– a una conspiración que no halló oposición activa en el seno de las FF AA. La confusión podía derivar de las dos lógicas contrapuestas del golpe, la de Tejero y la de Armada, y quizás también de la inesperada reacción del jefe del Estado después de que la insurrección se hubiera iniciado invocando su nombre. Tejero, el mando sublevado en la III Región, el proyecto político-militar en torno a Armada, los tres tenían en común que reconocían a don Juan Carlos de Borbón la Jefatura del Estado y de las FF AA. Pero la insurrección quedó sin cabeza política en cuanto el jefe del Estado la desautorizó. Ni Milans, ni Armada, ni los demás comprometidos atinaron a improvisar una cabeza alternativa. Las horas pasaron, hasta sumar 18, con Tejero y Milans ganando un tiempo que corría en su contra en la medida que el Jefe del Estado neutralizaba unidades clave –como la División Acorazada, que en el plan golpista tenía la misión de ocupar Madrid–, y aglutinaba otras en torno de la jefatura institucional.

 

Pero si detrás de la conspiración político-militar estaban los servicios de información y tantas complicidades en los líderes políticos, ¿no derivaba ello de la naturaleza del propio régimen político? A la inversa de otras experiencias en las que se ha pretendido que las intervenciones militares fueron consecuencia de una aguda movilización social alrededor de reivindicaciones políticas, económicas y culturales –como si los victimarios debieran ser exculpados por las víctimas–, la de febrero de 1981 ofrece un ejemplo contrario. La pasividad popular era en esta fecha generalizada, buscada y programada por equipos políticos que centraban su protagonismo y sobrevivencia en defraudar expectativas o reivindicaciones populares. Con sus consecuencias derivadas: altas tasas de abstención en las elecciones –multiplicada por dos y por tres entre 1977 y 1980, bordeaba el 70%; desmovilización cívica; desafiliación en los partidos comunista y socialista –superior al 50% entre 1977 y 1980; abandono o marginación de cuadros políticos y personas que dieron ejemplo de sacrificio y resistencia contra la dictadura; indiferencia o retraimiento generalizados ante los gestos y obras de quienes protagonizaban la reforma política iniciada el 15 de junio de 1977. En febrero de 1981, ante un cuerpo social con síntomas de anemia, un puñado de guardias civiles secuestraba a los dirigentes del sistema político en medio de la apatía de una población a la que, sin embargo, angustiaba la amenaza que el fácil y protegido golpe de fuerza encerraba.

 

En la coyuntura que precedió al golpe se sucedieron, además, otros hechos convergentes que contribuyeron a la insurrección armada. En primer lugar, la división de la base política del Gobierno. El proceso conspirativo se desarrolló en paralelo a una acción de zapa en el propio partido de Suárez, la UCD. Si en octubre-noviembre de 1980 se tejió la trama castrense del golpe de febrero siguiente, era precisamente en aquel octubre cuando el presidente del Grupo Parlamentario de UCD, Miguel Herrero Rodríguez de Miñón, estimulaba el reemplazo de Suárez. Este último ha reconocido que la división dentro de UCD y el hostigamiento desde otros sectores le llevaron a dimitir, haciéndose a un lado ante la ofensiva militar en marcha. El precipitante de la caída de Suárez no fueron, pues, las actividades terroristas –telón de fondo misteriosamente sincronizado desde 1974 con hechos y cambios cruciales en la escena política de España–, que no manifestaban una intensidad particular en los meses que preceden a la dimisión: era menor que en períodos anteriores. La novedad más bien procedía del seno de las fuerzas de seguridad del Estado, incluso cuando ya Suárez había caído: el 13 de febrero de 1981, por primera vez después de la muerte del general Franco, un detenido político en manos de la policía fue atormentado hasta la muerte –Joseba Arregui, nacionalista vasco– como buscando provocar la respuesta violenta de otros vascos.

 

 

Cabe hacerse la pregunta ¿dónde, quiénes coordinaron los preparativos de intervención militar, las iniciativas en UCD contra Suárez, la muerte del vasco Arregui, la secuencia de atentados a militares y policías, el acompañamiento de algunos personajes políticos? Para Adolfo Suárez «al general Armada la idea de presidir un gobierno de coalición se la sugirió un destacado socialista, según se decía hace ya mucho tiempo en el Palacio de la Moncloa». Acusación grave, nunca desmentida. Lo que había detrás de la intervención de Armada en el golpe del 23 de febrero es conocido aún muy parcialmente, pero no tanto como para que el observador deje de percibir ciertos signos externos. En el verano de 1980 en la prensa abundaban comentarios acerca de que desde el entorno de F. González Márquez se promovía a un general para la Presidencia de un gobierno de coalición. Durante un viaje a Lima en julio de 1980, Suárez había comentado a periodistas «que conocía la iniciativa del PSOE de situar a un militar al frente del Ejecutivo». También en el verano de 1980 la revista Interviú reproducía unas duras declaraciones del diputado por Barcelona, Joan Reventós Carner –del equipo González–, señalando a Adolfo Suárez como el obstáculo a eliminar de inmediato de la Presidencia del Gobierno. La ofensiva contra Suárez durante 1980 era de tal envergadura que éste intentó atajarla aquel septiembre pidiendo al Congreso de los Diputados un voto de confianza –que obtuvo por mayoría absoluta.

 

El 19 de septiembre de 1980 el Comité Federal de F. González Márquez había aprobado una «oferta pública socialista: el PSOE seguirá desarrollando una política de oposición firme y responsable […]». Ratificaba lo dicho por González pocos días antes: «Yo veo como inexorable ser oposición […] A la presencia socialista en el Gobierno se oponen radicalmente numerosas personalidades de la derecha sociológica». Sin embargo, a finales de octubre siguiente, sus colaboradores Enrique Múgica y Joan Reventós se reunían en Lérida con el general Armada y poco después, el 6 de noviembre, Enrique Barón Crespo, diputado de González por Madrid, se distanciaba de la resolución del Comité Federal de su partido y anunciaba que «es lógico pensar que en España puede haber Gobierno de coalición [con González] hasta el año 2000», sin que ningún responsable del partido le recordara la resolución del Comité Federal contraria a participar en una coalición. Y ello se explica, pues ese mismo día F. González anunciaba en el acto de presentación de un libro de Fernando Morán «la formación, en breve plazo, de una nueva mayoría parlamentaria, con inclusión de los socialistas». ¿De dónde provenía la seguridad de González cuando Suárez, presidente de UCD, no había emitido ninguna señal de ofrecimiento de coalición? La respuesta la aportaba Joaquín Prieto en El País el mismo día, una confidencia del entorno de F. González según el cual «existe la sensación de que el estamento militar –pese a su demostrada disciplina– no soportará mucho tiempo la actual escalada terrorista sin que se produzca algún tipo de intervención en los asuntos de la vida pública, que incluso podría justificarse constitucionalmente». Aquel mismo 7 de noviembre de 1980 González descartaba la eventualidad de que su incorporación a una coalición de Gobierno derivara de una oferta de UCD o del presidente Adolfo Suárez: «el PSOE solamente asumiría tareas de gobierno en coalición en una situación de extrema gravedad. El PSOE no quiere esta coalición UCD-PSOE, pero el agravamiento de la situación puede hacerla necesaria a corto plazo […]. El 12 de noviembre, dos días después del paso de Willy Brandt por Madrid, la prensa publicó una insólita carta personal de González a los adherentes de su organización donde reafirmaba que no se trataba de negociar con UCD una coalición de gobierno, sino que su acceso a este último se daría en una eventual emergencia peligrosa para la democracia.

 

Quienes han estudiado este golpe de Estado son casi unánimes en afirmar que en la conversación de Armada con Múgica y Reventós en Lérida transcendió «la disposición del general Armada favorable a la formación de un gobierno PSOE-UCD, presidido por un independiente, presumiblemente militar, y con el apoyo del Parlamento. Los socialistas se manifestaron de acuerdo […]». Algo ratificado por el propio Leopoldo Calvo Sotelo, para quien la amplitud de la “operación Armada” sólo se sabrá

 

si algún día gentes que estuvieron en ese juego, en el encuentro con Armada en Lérida, escriben con veracidad. […] Los hombres de UCD en torno a Adolfo Suárez éramos los únicos que no estábamos en esa operación, puesto que, precisamente, estaba proyectada para sustituir al gobierno de UCD. La operación Armada era un montaje constitucional en el que estaba prevista una segunda moción de censura y un gobierno de concentración. Éste lo pedía, además, Carrillo porque sabía que era la única forma de que hubiera un ministro comunista. Existía un pequeño núcleo de militares que quería pasar a la acción y que tenía su propia vía independiente. Todo eso coincide el 23 F. Todas las líneas, aunque no en la misma medida, confluían en Armada.

 

Reventós, en Lérida, ofreció al general Armada la presidencia del Gobierno, en un golpe que se llamaba blando o constitucional.

 

A mediados de enero de 1981, días antes de la dimisión de Suárez, F. González había anunciado que

 

para esta primavera la derecha atravesará una fuerte crisis y para junio podría producirse una nueva configuración de la derecha […] pero para el mes de mayo los socialistas presentarán actualizado un programa con una política económica más contundente y más audaz […].

 

Una de las líneas de la conspiración original para derribar a Suárez tenía programada su culminación precisamente en mayo de 1981. ¿Quién instrumentaba a quién? ¿Por qué? En todo caso, en la mañana del martes 24 de febrero Adolfo Suárez propuso al Rey, y después a los partidos, que le permitieran continuar tres meses al frente del Gobierno para desmantelar la trama del golpe. F. González se opuso, negándose incluso a contestar la carta que Suárez le dirigió con la propuesta. Por el contrario –aún vigente el acuerdo del Comité Federal del partido de González contrario a un gobierno de coalición–, al día siguiente del golpe González explicaba ante su Comisión Ejecutiva y Grupo Parlamentario que había llegado el momento para el acceso del partido a un gobierno de coalición, y así se lo ofreció a UCD y a Calvo Sotelo, mientras Joan Reventós i Carner repetía la oferta a Jordi Pujol, presidente de la Generalitat catalana, de integrar en el gobierno autónomo al partido de González. Ofrecimiento que este último hizo ratificar el 28 de febrero por el Comité Federal de su partido. Pero… dos días antes el general Armada había sido arrestado, y el nuevo presidente de Gobierno, al igual que la Ejecutiva de UCD y el presidente de la Generalitat, rechazaron la solicitud de González Márquez…”

 

(continuará)

 

 

 

[ Fragmento de: Joan E. Garcés. “Soberanos e intervenidos” ]

 

*


jueves, 23 de junio de 2022

 

792

 

El Imperialismo, la fase superior del Capitalismo

LENIN

 

[ 013 ]

 

 

VI.

EL REPARTO DEL MUNDO ENTRE LAS GRANDES POTENCIAS

 

 

“(…) Por vigoroso que haya sido durante las últimas décadas la nivelación del mundo, la igualación de las condiciones económicas y de vida de los distintos países bajo la presión de la gran industria, del cambio y del capital financiero, la diferencia sigue siendo, sin embargo, respetable, y entre los seis países mencionados observamos, por una parte, países capitalistas jóvenes, que han progresado con una rapidez extraordinaria (Estados Unidos, Alemania, el Japón); por otra parte, países de viejo tipo capitalista, que durante los últimos años han progresado mucho más lentamente que los anteriores (Francia e Inglaterra); en tercer lugar, un país, el más atrasado desde el punto de vista económico (Rusia), en el cual el imperialismo capitalista moderno se halla envuelto, por así decirlo, en una red particularmente densa de relaciones precapitalistas.

 

Al lado de las posesiones coloniales de las grandes potencias, hemos colocado las colonias menos importantes de los Estados pequeños y que son, por decirlo así, el objeto inmediato del "nuevo reparto" de las colonias, posible y probable. La mayor parte de esos pequeños Estados conservan sus colonias únicamente gracias a que entre las grandes potencias existen intereses contrapuestos, rozamientos, etc., que dificultan el acuerdo para el reparto del botín. En cuanto a los Estados "semicoloniales", nos dan el ejemplo de las formas de transición que hallamos en todas las esferas de la naturaleza y de la sociedad. El capital financiero es una fuerza tan considerable, por decirlo así tan decisiva en todas las relaciones económicas e internacionales, que es capaz de subordinar, y en efecto subordina, incluso a los Estados que gozan de una independencia política completa, como lo veremos más adelante. Pero, naturalmente, para el capital financiero la forma de sometimiento más "conveniente" para el capital financiero y de la que obtiene mayores beneficios, es la que implica la pérdida de independencia política de los países y pueblos sometidos. En este sentido, los países  semicoloniales proporcionan un ejemplo típico de "etapa intermedia". Es natural que la lucha por esos países semidependientes se haya vuelto particularmente áspera en la época del capital financiero, cuando el resto del mundo se hallaba ya repartido.

 

 

La política colonial y el imperialismo existían ya antes de la fase actual del capitalismo y aun antes del capitalismo. Roma, basada en la esclavitud, llevó a cabo una política colonial y realizó el imperialismo. Pero los razonamientos "generales" sobre el imperialismo, que olvidan o relegan a segundo término la diferencia radical de las formaciones económico-sociales, se convierten inevitablemente en banalidades vacuas o en fanfarronadas, tales como la de comparar "la Gran Roma con la Gran Bretaña". Incluso la política colonial capitalista de las fases anteriores del capitalismo se diferencia esencialmente de la política colonial del capital financiero.

 

La particularidad fundamental del capitalismo moderno consiste en la dominación de las asociaciones monopolistas de los grandes empresarios. Dichos monopolios adquieren la máxima solidez cuando reúnen en sus manos todas las fuentes de materias primas, y ya hemos visto con qué furor los grupos internacionales de capitalistas dirigen sus esfuerzos a arrebatar al adversario toda posibilidad de competencia, a acaparar, por ejemplo, las tierras que contienen mineral de hierro, los yacimientos de petróleo, etc. La posesión de colonias es lo único que garantiza de una manera completa el éxito del monopolio contra todas las contingencias de la lucha con el adversario, sin excluir la de que el adversario desee defenderse por medio de una ley sobre el monopolio de Estado. Cuanto más adelantado se halla el desarrollo del capitalismo, cuanto con mayor agudeza se siente la insuficiencia de materias primas, cuanto más dura es la competencia y la caza de las fuentes de materias primas en todo el mundo, tanto más encarnizada es la lucha por la adquisición de colonias.

 

"Se puede afirmar —escribe Schilder—, que a algunos puede parecer paradójico, que el crecimiento de la población urbana e industrial en un futuro más o menos próximo puede más bien hallar obstáculos en la insuficiencia de materias primas para la industria, que en la de productos alimenticios".

 

 

Así, por ejemplo, aumenta la escasez de madera, que va encareciendo cada vez más, de pieles, de materias primas para la industria textil.

 

"Las asociaciones industriales intentan establecer el equilibrio entre la agricultura y la industria en los límites de toda la economía mundial; como ejemplo se puede citar la unión internacional de asociaciones de fabricantes de hilados de algodón de los países industriales más importantes, fundada en 1904, y la unión de asociaciones europeas de fabricantes de hilados de lino, constituida en 1910, según el tipo de la anterior"

 

Claro que los reformistas burgueses, y entre ellos los kautskianos actuales sobre todo, intentan atenuar la importancia de esos hechos, indicando que las materias primas "podrían ser" adquiridas en el mercado libre sin una política colonial "cara y peligrosa", que la oferta de materias primas "podría ser" aumentada en proporciones gigantescas con el "simple" mejoramiento de las condiciones de la agricultura en general. Pero esas indicaciones se convierten en una apología del imperialismo, en el embellecimiento del mismo, pues se fundan en el olvido de la particularidad principal del capitalismo moderno: los monopolios.

 

El mercado libre pasa cada vez más al dominio de la historia, los sindicatos y trusts monopolistas van reduciéndolo de día en día, y el "simple" mejoramiento de las condiciones de la agricultura se reduce al mejoramiento de la situación de las masas, a la elevación de los salarios y a la disminución de los beneficios. ¿Dónde existen, como no sea en la fantasía de los reformistas dulzones, trusts capaces de preocuparse de la situación de las masas y no de la conquista de colonias?

 

Para el capital financiero tienen importancia no sólo las fuentes de materias primas descubiertas ya, sino también las probables, pues la técnica se desarrolla con una rapidez increíble en nuestros días y las tierras hoy inservibles pueden ser convertidas mañana en tierras útiles, si se descubren nuevos procedimientos (a cuyo efecto un banco importante puede organizar una expedición especial de ingenieros, agrónomos, etc.), si se invierten grandes capitales. Lo mismo se puede decir con respecto a la exploración de riquezas minerales, a los nuevos métodos de elaboración y utilización de tales o cuales materias primas, etc., etc. De aquí la tendencia inevitable del capital financiero de ampliar el territorio económico y aun el territorio en general. Del mismo modo que los trusts capitalizan sus bienes en el doble o en el triple de su valor, calculando los beneficios "posibles" en el futuro (y no los beneficios presentes) y teniendo en cuenta los resultados ulteriores del monopolio, el capital financiero manifiesta en general la tendencia a apoderarse de las mayores extensiones posibles de territorio, sea el que sea, se halle donde se halle, por cualquier medio, teniendo en cuenta las fuentes posibles de materias primas y ante el temor de quedarse atrás en la lucha rabiosa por las últimas porciones del mundo todavía no repartidas o por un nuevo reparto de las ya repartidas.

 

Los capitalistas ingleses se esfuerzan por todos los medios para desarrollar la producción de algodón en su colonia, Egipto (en 1904, de los 2,3 millones de hectáreas de tierra cultivada en Egipto, 0,6, esto es, más de la cuarta parte, estaba destinada ya al algodón); los rusos hacen lo mismo en la suya, el Turquestán, pues de este modo les es más fácil vencer a sus competidores extranjeros, les es más fácil monopolizar las fuentes de materias primas, crear un trust textil menos costoso y más lucrativo, con producción "combinada", con la concentración en una sola mano de todas las fases de la producción y de la transformación del algodón.

 

Los intereses de la exportación del capital empujan del mismo modo a la conquista de colonias, pues en el mercado colonial es más fácil (y a veces sólo en él es posible) suprimir al competidor por medios monopolistas, garantizarse encargos, consolidar las "relaciones" existentes, etc.

 

La superestructura extraeconómica, que brota sobre la base del capital financiero, la política, la ideología de éste, refuerzan la tendencia a las conquistas coloniales. "El capital financiero quiere, no la libertad, sino la dominación", dice con razón Hilferding. Y un escritor burgués francés, como si desarrollara y completara las ideas de Cecil Rhodes, que hemos citado más arriba, escribe que hay que añadir las causas de orden social a las causas económicas de la política colonial contemporánea:

 

"A consecuencia de la complejidad creciente de la vida y de las dificultades que pesan no sólo sobre las masas obreras, sino también sobre las clases medias, en todos los países de vieja civilización se están acumulando 'la impaciencia, la irritación, el odio, que ponen en peligro la tranquilidad pública; hay que hallar una aplicación a la energía sacada de un determinado cause de clase, encontrarle aplicación fuera del país, a fin de que no se produzca la explosión en el interior”

 

Puesto que hablamos de la política colonial de la época del imperialismo capitalista, es necesario hacer notar que el capital financiero y la política internacional correspondiente, la cual se reduce a la lucha de las grandes potencias por el reparto económico y político del mundo, crean toda una serie de formas transitorias de dependencia estatal. Para esta época son típicos no sólo los dos grupos fundamentales de países: los que poseen colonias y los países coloniales, sino también las formas variadas de países dependientes políticamente independientes, desde un punto de vista formal, pero, en realidad, envueltos por las redes de la dependencia financiera y diplomática. Una de estas formas, la semicolonia, la hemos indicado ya antes. Modelo de otra forma es, por ejemplo, la Argentina.

 

"América del Sur, y sobre todo la Argentina —dice Schulze-Gaevernitz en su obra sobre el imperialismo británico—, se halla en una situación tal de dependencia financiera con respecto a Londres, que se la debe calificar de colonia comercial inglesa".

 

Según Schilder, los capitales invertidos por Inglaterra en la Argentina, de acuerdo con los datos suministrados por el cónsul austro-húngaro en Buenos Aires, fueron, en 1909, de 8.750 millones de francos. No es difícil imaginarse qué fuerte lazo se establece entre el capital financiero — y su fiel "amigo", la diplomacia — de Inglaterra y la burguesía argentina, los círculos dirigentes de toda su vida económica y política.

 

El ejemplo de Portugal nos muestra una forma un poco distinta de dependencia financiera y diplomática bajo la independencia política. Portugal es un Estado independiente, soberano, pero en realidad, durante  más de doscientos años, desde la época de la guerra de sucesión de España (1701-1714), se halla bajo el protectorado de Inglaterra. Inglaterra lo defendió y defendió las posesiones coloniales del mismo para reforzar su propia posición en la lucha con sus adversarios: España y Francia. Inglaterra obtuvo en compensación ventajas comerciales, mejores condiciones para la exportación de mercancías y, sobre todo, para la exportación de capitales a Portugal y sus colonias, la posibilidad de utilizar los puertos y las islas de Portugal, sus cables, etc., etc.129. Este género de relaciones entre algunos grandes y pequeños Estados ha existido siempre, pero en la época del imperialismo capitalista se convierte en sistema general, entran a formar parte del conjunto de relaciones que rigen el "reparto del mundo", pasan a ser eslabones en la cadena de las operaciones del capital financiero mundial.

 

Para terminar con la cuestión del reparto del mundo, debemos todavía hacer notar lo siguiente: No sólo la literatura norteamericana, después de la guerra hispano-americana, y la inglesa, después de la guerra anglo-boer, plantearon esta cuestión de un modo completamente abierto y definido, a fines del siglo XIX y a principios del XX; no sólo las publicaciones alemanas, que han vigilado con el “mayor celo” el desarrollo del “imperialismo británico”, han evaluado sistemáticamente este hecho. También la literatura burguesa de Francia ha planteado la cuestión de un modo suficientemente claro y vasto, en tanto que esto es concebible desde el punto de vista burgués. Remitámonos al historiador Driault, el cual, en su libro "Los problemas políticos y sociales de fines del siglo XIX", en el capítulo sobre "las grandes potencias y el reparto del mundo", decía lo siguiente:

 

"En el transcurso de los últimos años, todos los territorios libres de la Tierra, a excepción de China, han sido ocupados por las potencias de Europa y por los Estados Unidos. Debido a esto se han producido ya varios conflictos y ciertos desplazamientos de influencia que no son más que precursores de explosiones mucho más terribles en un futuro próximo. Pues hay que apresurarse: las naciones que no se han provisto corren el riesgo de no percibir nunca su porción y de no tomar parte en la explotación gigantesca de la Tierra, que será uno de los hechos más esenciales del próximo siglo [esto es, del siglo XX]. He aquí por qué toda Europa y América, durante los últimos tiempos, fueron presas de la fiebre de expansión colonial, del 'imperialismo', el cual constituye el rasgo característico más notable de fines del siglo XIX"

 

Y el autor añade:

 

"Con un reparto tal del mundo, con esa caza rabiosa de las riquezas y de los grandes mercados de la Tierra la importancia relativa de los imperios creados en este siglo XIX es completamente desproporcionada al puesto que ocupan en Europa las naciones que los han creado. Las potencias predominantes en Europa, que son los árbitros de su destino, no predominan igualmente en todo el mundo. Y debido a que el poderío colonial, la esperanza de poseer riquezas  todavía ignoradas tendrá, evidentemente, una repercusión en la importancia relativa de las potencias europeas, la cuestión colonial — el 'imperialismo', si queréis—, que ha transformado ya las condiciones políticas de Europa misma, las irá modificando cada vez más…”

 

(continuará)

 

 

 

[ Fragmento de: LENIN. “1916 El Imperialismo, la fase superior del Capitalismo” ]

 

*


miércoles, 22 de junio de 2022

 

791

 

Joan E. Garcés  /   “Soberanos e intervenidos”

 

(...)

 

 

VII.

¿Quién paró al general Armada?

 

¿Qué supuestos permitían a Armada ingresar en el Congreso con un propósito tan preciso, y contar con la luz verde del mando militar y del Palacio Real? Nadie le atajó en su avance hacia el Hemiciclo donde esperaban, como rehenes, el Gobierno y los diputados. Decía Armada al Juez Instructor:

 

A las 23.50 entro en el Congreso. Hablo con el teniente coronel Tejero […] le hago una propuesta para que se logre una solución constitucional […]. Yo me proponía hablar a los diputados, y que éstos ofreciesen alguna fórmula para que Tejero se marchara y los dejara en libertad: a eso le llamaba yo constitucional, pero que fuesen los diputados quienes la ofrecieren […]. Creía necesario resolver la situación de emergencia que se había producido, porque en aquella situación la Constitución estaba vulnerada por Tejero y habría que restablecer la normalidad.

 

Según las conclusiones del Fiscal, sin embargo, fue dos días antes –el sábado 21 de febrero– cuando Armada se había descubierto personalmente ante Tejero como cabeza de la operación:

 

En la madrugada del 21 de febrero se celebra una reunión en Madrid, a la que asisten el teniente coronel y el procesado comandante de Infantería, destinado en el Centro Superior de Información de la Defensa [CESID], José Cortina Prieto. Acompaña a Cortina el capitán de la Guardia Civil Vicente Gómez Iglesias, también destinado en el CESID. Cortina se presenta y asiste a la reunión como hombre de confianza del general Armada. Y se muestra perfectamente enterado de las operaciones que se proyectaban bajo el mando bicéfalo Armada-Milans.

 

Éste parece ser el momento en que se intentó reconducir la intervención militar hacia el objetivo político que protagonizaba Armada, utilizando a Tejero como detonante:

 

El objeto fundamental de la entrevista es comunicar a Tejero que debe ponerse en contacto con el general Armada, así como facilitarle los medios que se precisen del CESID a través del capitán Gómez Iglesias. Cortina informa que están redactados hasta los decretos-leyes que entrarán en vigor en su momento y que, transcurridas dos horas desde la ocupación del Congreso, llegaría una autoridad militar que sería aceptada por distintos grupos parlamentarios […].

 

En su comparecencia ante el Juez Instructor declaró Tejero que en la reunión del sábado 21 de febrero

 

Cortina le indica que todo va a salir bien, que los socialistas no van a dar la menor guerra, ya que, si oyen una frase similar a «el elefante blanco está aquí» o «ha llegado», aceptarán lo que proponga el que lo dice. Los socialistas del Congreso son más bien socialdemócratas y ven también la necesidad de un golpe de timón.

 

Tejero parece haber sentido alguna duda en relación con los datos que le proporcionaban los servicios de información, pues decidió contrastarlos con quien hasta esa fecha creía que dirigía el operativo. Prosigue el Fiscal togado: «Después de esta entrevista Tejero consulta por teléfono con el general Milans, quien le ordena que obedezca a Armada, y Tejero informa al teniente general Milans que se había fijado la fecha del 23 de febrero para la operación, y que precisamente la había fijado Cortina».

 

También Milans parece haber intuido el sábado 21 de febrero algo nuevo en Cortina: «el mismo día a las tres de la tarde, el general Milans […] mantiene una conversación con el general Armada, quien confirmó al general Milans que Cortina era el hombre de su confianza». Sería éste el antecedente inmediato de la divergencia en la noche del 23 al 24 de febrero entre Tejero y Armada acerca del desenlace del golpe. A Tejero se le confió la misión de ocupar el Congreso y retener al Gobierno y a los diputados, pero no era partícipe del desarrollo planificado para después. Durante el juicio sostuvo que se le había dado a entender que el nuevo «gobierno sería sólo de militares». Si ésta fue la artimaña para instrumentar a Tejero como percutor, la dirección del operativo subvaloró la autonomía de la oficialidad intermedia una vez rota la disciplina en la cadena de mando. Tejero sabía que su misión duraba

 

hasta que llegase una autoridad militar que pronunciase la consigna Duque de Ahumada, que se dirigiría a los diputados y daría más órdenes para el resto de la operación. La contraseña era únicamente para identificar a esa autoridad militar. El capitán Pérez de Lastra le comunicó en el Congreso que el general Armada le había ordenado que dijese a Tejero Duque de Ahumada. Pedí novedades, y Armada me ordena: «Tejero, quita la fuerza del hemiciclo, reintegra a sus puestos a los diputados que estén fuera de él, que les voy a proponer la formación de un gobierno presidido por mí».

 

Tejero tenía su confianza puesta en Milans y «en aquel momento preguntó a Armada si el general Milans del Bosch formará parte del Gobierno. Armada contestó que ni él ni ningún militar, solamente él como presidente». Tejero debió ver claro en ese instante. Se le había ilusionado con un golpe «contra el sistema» y ahora descubría que había sido utilizado como estratagema. Pidió aclaraciones: «le digo [a Armada] si podemos hablar aparte […]. Me dijo que en el gobierno habría Felipe González, Múgica Herzog [equipo González], Solé Tura [equipo Carrillo] y otro de UCD». El desengaño de Tejero fue tan abrupto como su respuesta: «Ordenó a dos guardias que condujeran al general Armada a la salida y que no entrara sin su permiso […]». Fue en ese momento cuando la primera variante del golpe de Estado –en torno de Armada– quedó atajada. Tejero intentó seguir e impulsar el proyecto que había acariciado, improvisó un manifiesto y pidió a oficiales de la División Acorazada Brunete su difusión por radio. Éstos ocuparon a las 04 horas La Voz de Madrid, pero no lograron salir al aire; intentaron que lo imprimiera El Alcázar, y tampoco lo consiguieron. Tejero recurrió a Milans. El comandante Pardo Zancada, de la División Acorazada, al frente de 113 hombres y 4 capitanes había llegado al Congreso a las 01.35 en apoyo del golpe. Milans, mientras, ganaba tiempo, si bien retiraba las tropas de las calles de Valencia a las 01.30 no por ello levantaba el Bando militar; consultaba a otros capitanes generales, sin éxito, y entre las 04 y las 05h apreciaba que no le seguían ya ni sus propios oficiales. A las 05 retiraba el Bando y a las 6.30 se iba a dormir. La segunda variante de golpe de Estado –en torno a Milans– había fracasado. El mando militar que había franqueado el paso del general Armada al Parlamento no tenía previsto un programa alternativo a la “operación Alfonso Armada”, ni tampoco unidad interna ni dirección capaz de improvisar una embestida contra el sistema político como anhelaba Tejero y que hubiera significado desconocer al Jefe supremo militar –el Rey, quien a medianoche había transmitido un mensaje radio-televisado rechazando un desenlace que no respetara la Constitución. Diez horas después, Tejero, aislado, pactaba su rendición con el propio Armada.

 

Aquella medianoche Tejero había desbaratado la “operación Armada”. Pero el mando militar sólo decidió arrestar a este último el jueves 26 de febrero, tres días después del fracaso del golpe, cuando ya todos los medios de comunicación le señalaban como uno de sus cerebros. Y se entiende el retraso, el mando militar central había preparado en torno de Armada una intervención que, formalmente, respetaba la fachada constitucional. No otro sentido tenía la intención de incorporar al Gabinete a los partidos políticos. La Constitución de 1978 atribuye a las FF AA «la misión de defender el ordenamiento constitucional» (art. 8), si Armada la medianoche del 23-24 de febrero hubiera tenido éxito, la Junta de Jefes de Estado Mayor hubiera invocado ese art. 8 para justificar su respaldo al general Armada. Recordemos las declaraciones del propio teniente general Gabeiras a la agencia Efe, el 10 de junio de 1979:

 

Las FF AA no dudarán, en las situaciones excepcionales previstas por la Constitución, en cumplir con su misión, en cualquier momento y ante cualquier circunstancia que se presente y siempre que se ponga en peligro la Seguridad Nacional. La misión general de las FF AA contemplada en el art. 8 de la Constitución, de por sí importante para la Seguridad Nacional, obliga a tener presente y prevista cualquier acción […]…”

 

 

(continuará)

 

 

 

[ Fragmento de: Joan E. Garcés. “Soberanos e intervenidos” ]

 

*


martes, 21 de junio de 2022

 

790

 

 

El Imperialismo, la fase superior del Capitalismo

LENIN

 

[ 012 ]

 

 

VI.

EL REPARTO DEL MUNDO ENTRE LAS GRANDES POTENCIAS

 

 

En su libro sobre el "desarrollo territorial de las colonias europeas", el geógrafo A. Supan establece el siguiente breve resumen de dicho desarrollo a fines del siglo XIX:

 

PORCENTAJE DE TERRITORIO PERTENECIENTE A LAS POTENCIAS COLONIALES EUROPEAS

Y A LOS ESTADOS UNIDOS

 

 

1876

1900

AUMENTO O

DISMINUCIÓN

ÁFRICA

 10,8%

 90,4%

+ 79.6%

POLINESIA

 56,8%

 98,9%

+ 42,1%

ASIA

 51,5%

 56,6%

+ 5,1%

AUSTRALIA

100,0%

100,0%

------

AMÉRICA

  27,5%

  27,2%

- 0,3%

 

 

 

“El rasgo característico de este período —concluye dicho autor— es, por consiguiente, el reparto de África y Polinesia”.

 

Como ni en Asia ni en América hay tierras desocupadas, es decir, que no pertenezcan a ningún Estado, hay que ampliar la conclusión de Supan y decir que el rasgo característico del período que nos ocupa es el reparto definitivo de la Tierra, definitivo no en el sentido de que sea imposible repartirla de nuevo — al contrario, nuevos repartos son posibles e inevitables—, sino en el de que la política colonial de los países capitalistas ha terminado ya la conquista de todas las tierras no ocupadas que había en nuestro planeta. Por vez primera, el mundo se encuentra ya repartido, de modo que lo que en adelante puede efectuarse son únicamente nuevos repartos, es decir, el paso de territorios de un "amo" a otro, y no el paso de un territorio sin amo a un "dueño".

 

Vivimos, por consiguiente, en una época singular de la política colonial del mundo que se halla íntimamente relacionada con la "novísima fase de desarrollo del capitalismo", con el capital financiero. Por eso es necesario detenerse ante todo más detalladamente en los hechos concretos, para formarnos una idea lo más precisa posible de la diferencia existente entre esta época y las precedentes, así como de la situación actual. Ante todo, surgen dos cuestiones de carácter práctico: ¿se observa una acentuación de la política colonial, una exacerbación de la lucha por las colonias precisamente en el período del capital financiero? ¿Cómo se halla precisamente repartido el mundo en la actualidad desde este punto de vista?

 

El escritor norteamericano Morris, en su libro sobre la historia de la colonización, intenta resumir los datos concretos sobre la extensión de las posesiones coloniales de Inglaterra, Francia y Alemania durante distintos períodos del siglo XIX. He aquí, brevemente expuestos, los resultados obtenidos:

 

EXTENSION DE LAS POSESIONES COLONIALES

(En millones de millas cuadradas y de habitantes)

                   

                 INGLATERRA             FRANCIA                    ALEMANIA

AÑOS

SUPERFICIE

POBLACIÓN

SUPERFICIE

POBLACIÓN

SUPERFICIE

POBLACIÓN

1815-30

?

126,4

0,02

0,5

----

----

1860

2,5

145,1

0,2

3,5

----

----

1880

7,7

267,9

0,7

7,5

----

----

1899

9,3

309,0

3,7

56,4

1,0

14,7

 

Para Inglaterra el período de intensificación enorme de las conquistas coloniales corresponde a los años 1860-1880, y es muy considerable durante los últimos veinte años del siglo XIX. Para Francia y Alemania, corresponde precisamente a estos veinte años. Hemos visto más arriba que el período del desarrollo máximo del capitalismo anterior al monopolista, el capitalismo en el que predomina la libre concurrencia, va de 1860 a 1880. Ahora vemos que es precisamente después de este período cuando empieza el enorme "auge" de las conquistas coloniales, se exacerba hasta el grado máximo la lucha por el reparto territorial del mundo. Es indudable, por consiguiente, el hecho de que el paso del capitalismo a la fase de capitalismo monopolista, al capital financiero, se halla relacionado con la exacerbación de la lucha por el reparto del mundo.

 

En su obra sobre el imperialismo, Hobson destaca el período de 1884-1900 como período de intensa "expansión" (ensanchamiento territorial) de los principales Estados europeos. Según sus cálculos, Inglaterra adquirió durante ese período 3.700.000 millas cuadradas con una población de 57 millones de habitantes; Francia, 3.600.000 millas cuadradas con 36,5 millones de habitantes; Alemania, 1.000.000 de millas cuadradas con 14,7 millones de habitantes; Bélgica, 900.000 millas cuadradas con 30 millones de habitantes; Portugal, 800.000 millas cuadradas con 9 millones de habitantes. La caza de las colonias a fines del siglo XIX, sobre todo desde la década del 80, por parte de todos los Estados capitalistas, constituye un hecho universalmente conocido de la historia de la diplomacia y de la política exterior.

 

En el período de mayor florecimiento de la libre concurrencia en Inglaterra, en los años 1840-1860, los dirigentes políticos burgueses de este país eran adversarios de la política colonial y consideraban como útil e inevitable la emancipación de las colonias y su separación completa de Inglaterra. M. Beer indica en un artículo, publicado en 1898, sobre "el imperialismo inglés moderno", que en 1852 un hombre de Estado inglés como Disraeli, tan inclinado en general al imperialismo, decía que "las colonias son una rueda de molino que llevamos atada al cuello". ¡En cambio, a fines del siglo XIX, los héroes del día en Inglaterra eran Cecil Rhodes y Joseph Chamberlain, los cuales predicaban abiertamente el imperialismo y aplicaban la política imperialista con el mayor cinismo!

 

No carece de interés saber que la ligazón existente entre las raíces puramente económicas, por decirlo así, y las social-políticas del imperialismo moderno era, ya en aquel entonces, clara para esos dirigentes políticos de la burguesía inglesa. Chamberlain predicaba el imperialismo como una "política justa, prudente y económica", indicando sobre todo la competencia con que ahora tropieza Inglaterra en el mercado mundial por parte de Alemania, EE.UU. y Bélgica. La salvación está en el monopolio, decían los capitalistas, fundando cárteles, sindicatos, trusts. La salvación está en el monopolio, repetían los jefes políticos de la burguesía, apresurándose a apoderarse de las partes del mundo todavía no repartidas. Y Cecil Rhodes, según cuenta su íntimo amigo, el periodista Stead, le decía a éste en 1895 a propósito de sus ideas imperialistas: "Ayer estuve en el East-End londinense (barriada obrera) y asistí a una asamblea de los desocupados. Al oír, en dicha reunión, discursos exaltados cuya nota dominante era: ¡pan!, ¡pan! y al reflexionar, cuando regresaba a casa, sobre lo que había oído, me convencí, más que nunca, de la importancia del imperialismo [...] La idea que yo acaricio representa la solución del problema social, a saber: para salvar a los cuarenta millones de habitantes del Reino Unido de una guerra civil funesta, nosotros, los político coloniales, debemos posesionarnos de nuevos territorios para colocar en ellos el exceso de población, para encontrar nuevo mercados en los cuales colocar los productos de nuestra fábricas y de nuestras minas. El imperio, lo he dicho siempre, es una cuestión de estómago. Si no queréis la guerra civil, debéis convertiros en imperialistas".

 

Esto decía en 1895, Cecil Rhodes, millonario, rey financiero, principal culpable de la guerra anglo-boer. Esta defensa del imperialismo es simplemente un poco grosera, cínica, pero, en el fondo, no se diferencia de la "teoría" de los señores Máslov, Sudekum, Pótresov, David, del fundador del marxismo ruso, etc., etc. Cecil Rhodes era un socialchovinista algo más honrado. . .

 

Para dar un panorama lo más exacto posible del reparto territorial del mundo y de los cambios habidos en este aspecto durante las últimas décadas, utilizaremos los datos suministrados por Supan, en la obra mencionada, sobre las posesiones coloniales de todas las potencias del mundo. Supan compara los años 1876 y 1900; nosotros tomaremos el año 1876 — punto de comparación elegido muy acertadamente, ya que puede considerarse, en términos generales, que es precisamente entonces cuando termina el desarrollo del capitalismo de la Europa occidental en su fase premonopolista y el año 1914, sustituyendo las cifras de Supan por las más recientes de Hubner, que entresacamos de sus "Tablas geográfico-estadísticas". Supan sólo da cifras de las colonias; nosotros consideramos útil (para que el cuadro del reparto del mundo sea completo) agregar unos cuantos datos sobre los países no coloniales y semicoloniales, entre los cuales incluimos a Persia, China y Turquía; el primero de estos países se ha transformado casi por completo en colonia; el segundo y el tercero se van transformando en tales.

 

Como resultado, obtendremos lo siguiente:

 

 

POSESIONES COLONIALES DE LAS GRANDES POTENCIAS

(En millones de kilómetros cuadros y de habitantes)


 

                                                                 Colonias                                                  Metrópolis                              TOTAL

                                                                 1876                                   1914                                    1914                                    1914

 

 

PAISES

Km2

Habit.

Km2

Habit.

Km2

Habit.

Km2

Habit.

INGLATERRA

22,5

251,9

33,5

393,5

0,3

46,5

33,8

440,0

RUSIA

17,0

15,9

17,4

33,5

5,4

136,2

22,8

169,4

FRANCIA

0,9

6,0

6,0

55,5

0,5

39,6

11,1

95,1

ALEMANIA

2,9

12,3

0,5

64,9

3,4

77,2

EEUU

0,3

9,7

9,4

97,0

9,7

106,7

JAPÓN

0,3

12,2

0,4

53,0

0,7

72,2

TOTAL PARA LAS SEIS

GRANDES POTENCIAS

 

40,4

 

372,8

 

65,0

 

523,4

 

16,5

 

437,4

 

81,5

 

960,6

 

Colonias de las demás potencias (Bélgica, Holanda, etc..)

9,9

45,3

 

 

Semicolonias (Persia, China, Turquía…)

14,5

361,2

 

 

Demás países

28,0

289,9

 

SUPERFICIE Y POBLACIÓN TOTALES DE LA TIERRA (…)

133,9

165,7

 













 


Vemos claramente cómo a fines del siglo XIX y en los albores del siglo XX se hallaba ya "terminado" el reparto del mundo. Las posesiones coloniales se ensancharon en proporciones gigantescas después de 1876: en más de una vez y media, de 40 a 65 millones de kilómetros cuadrados para las seis potencias más importantes; el aumento representa 25 millones de kilómetros cuadrados, una vez y media más que la superficie de las metrópolis (16,5 millones). Tres potencias no poseían en 1876 ninguna colonia, y la cuarta, Francia, casi no las tenía. Para el año 1914, esas cuatro potencias habían adquirido colonias con una superficie de 14,1 millones de kilómetros cuadrados, es decir, aproximadamente una vez y media más que la superficie de Europa, con una población de casi 100 millones de habitantes. La desigualdad en la ampliación de las posesiones coloniales es muy grande. Si se comparan, por ejemplo, Francia, Alemania y el Japón, cuya diferencia no es muy considerable en cuanto a la superficie y la población, resulta que el primero de dichos países ha adquirido casi tres veces más colonias (desde el punto de vista de la superficie) que el segundo y tercero juntos. Pero por la cuantía del capital financiero, Francia, a principios del período que nos ocupa, era acaso también varias veces más rica que Alemania y el Japón juntos. Las dimensiones de las posesiones coloniales se hallan influenciadas no sólo por las condiciones puramente económicas, sino también, a base de éstas, por las condiciones geográficas y otras…”

 

 

(continuará)

 

 

[ Fragmento de: LENIN. “1916 El Imperialismo, la fase superior del Capitalismo” ]

 

*