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jueves, 8 de mayo de 2025

 

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MISTER TRUMP: EL VENCEDOR DE HITLER 


Oleg Yasinsky

 

 



Batalla de Stalingrado. Ataque de soldados soviéticos con el apoyo de tanques T-34 cerca de la ciudad de Kalach

 

 


"Muchos de nuestros aliados y amigos celebran el 8 de mayo como el Día de la Victoria, pero nosotros hicimos más que cualquier otro país, de lejos, a la hora de lograr un resultado victorioso en la Segunda Guerra Mundial",escribió recientemente Donald Trump en su red social Truth Social.

 

 

No sé si los descendientes de los más de 400.000 soldados estadounidenses que cayeron heroicamente en la lucha contra el fascismo podrían perdonarle al actual mandatario de su país esta profanación de la historia, que no es solo un grosero insulto a la memoria de todos los pueblos de la ex-Unión Soviética, sino a la de todos los que combatieron al hitlerismo en Europa hace solo ocho décadas. 

 

 

La lectura simplista que explica todo por la ignorancia y arrogancia de Trump, aparte de minimizar su responsabilidad personal, desvía la atención de un análisis más completo del proyecto político que representa hoy el presidente de EE.UU., algo que no tiene nada de ingenuidad ni de ignorancia y mucho menos de estupidez. 

 

 

Estados Unidos como país vive un momento de graves problemas internos económicos, sociales y políticos. Para lograr su objetivo de reestructurar el modelo productivo del país y resistir a los crecientes ataques del 'Estado profundo' Trump necesita movilizar a su electorado, casi como una 'fuerza revolucionaria' que garantice la continuidad de ese proyecto.

 

 

Su lema de 'Hacer América grande de nuevo' está dirigido justamente a este público: muy ignorante, básico, ordinario y necesitado de un líder autoritario, capaz de asumir el rol de guía y protector. El único destinatario del discurso cambiante, incoherente e irracional de Trump es este público, que ni recordará las promesas de su candidato presidente de "acabar la guerra en Ucrania en 24 horas", entre otras cosas, porque no le interesa para nada ni saber dónde queda esa Ucrania. La versión mutilada de la Segunda Guerra Mundial sobre este 'rol decisivo' de EE.UU. en la victoria sobre Hitler es solo un lema para lograr el efecto coercitivo de la turba que se siente representada por Trump. Las opiniones, y mejor aún, los sentimientos del resto de la humanidad simplemente no le importan. 

 

 

 

Para entender la lógica de este peligroso juego con la historia, tenemos que olvidarnos de Trump. Él no es muy relevante, aunque su grotesco y narcisista estilo de forma natural genera mucho repudio.

 

 

Lo relevante es que sus adversarios políticos, los que en estos cien días cada hora lo acusan de mentiras y de populismo, se 'olvidan' que cuando ellos estaban en el poder hicieron exactamente lo mismo, y no solo para el consumo interno de EE.UU., sino para el de todo el mundo. Los grandes expertos en falsos informes sobre "terrorismo de Cuba", "armas químicas de Saddam", "genocidio de Milosevic", "tiranía de Gadafi", "masacre en Bucha" y otras burbujas mediáticas no saben perdonar las mentiras de otros cuando no les generan ganancia a sus propios intereses, porque el doble estándar no solo es norma de su conducta política, sino que es su única manera de existir en el mundo, de lo contrario, la humanidad entera tal vez ya estaría prosperando.

 

 

El grosero juego de Trump con el tema de la Gran Guerra Patria insulta y provoca.

 

 

Pero ¿qué otra cosa podríamos esperar de este pequeño personaje que vive encasillado en un estrecho cajón del eterno sueño de su mundo, donde absolutamente todo es lucha por los negocios y por el poder y en el que cualquier otro tipo de valores humanos siempre huele a comunismo, al que él jura o cree combatir? ¿Realmente podemos exigirle algo más o deberíamos aprender a hacerle menos caso a esa pequeñez humana que tanto abunda en las altas esferas del poder?

 

 

Mucho más grave y perverso que los discursos de Trump es el actuar de sus detractores, representantes del mismo sistema. A diferencia de él, ellos conocen muy bien quién realmente derrotó al fascismo en Europa y saben perfectamente la génesis de la actual tragedia ucraniana, ya que fueron sus autores intelectuales.

 

 

No fue Trump, sino esos, los que han expulsado en nuestros días a rusos y a bielorrusos de todos los actos conmemorativos en los campos de concentración nazis liberados por los soviéticos.

 

 

Los gobernantes de los Estados bálticos tienen todo el derecho del mundo a discrepar de las políticas del Gobierno de Putin, pero cuando justamente para el 80.º Aniversario de la Victoria ellos oficialmente organizan demoliciones masivas de las tumbas de los soldados soviéticos o las plazas y las calles en sus ciudades reciben nuevos nombres que son de los verdugos de Hitler, las múltiples burradas en los discursos de Trump, al lado de eso, parecen algo bastante inofensivo. Y el colmo del cinismo es cuando estas mismas fuerzas políticas acusan de 'fascismo' a otros movimientos y partidos en Europa y EE.UU., no porque las ultraderechistas Alternativa para Alemania o Agrupación Nacional francesa no fueran peligrosas y detestables, sino porque hasta el momento, y en su actuar concreto, sus acusadores han sido mil veces más fascistas que ellos. 

 

 

Sabemos que Donald Trump, a pesar de sus recientes trifulcas con el Gobierno de Zelenski, igual que él, siempre iguala el fascismo con el comunismo. Hace pocos días hubo otro aniversario que no sé si sus asesores le recordaron.

 

 

El 30 de abril de 1945, la bandera roja fue izada sobre el Reichstag, y exactamente 30 años después, el 30 de abril de 1975, la bandera del mismo color se izó sobre Saigón, de donde huían los últimos invasores estadounidenses. El color de esta bandera es el mejor recordatorio para los políticos olvidadizos de cuál es la única idea que siempre derrota al fascismo y a todas sus subespecies.

 

 

La gran victoria del pueblo de Vietnam sobre el principal imperio de occidente es la continuación de la lucha contra quienes sueñan con dominar el mundo y se creen 'grandes naciones' con derecho a estar 'por encima de todo'. Los que ahora, los que nos hablan tanto del 'fin de las ideologías', representan un proyecto absolutamente ideológico, el que puede ser combatido solo con una claridad absoluta de ideas y de recuerdos. Las guerras de la URSS o de Vietnam no fueron contra los pueblos, lenguas o culturas de Alemania o de EE.UU., sino al contrario, se libraron por la búsqueda de una posibilidad de igualdad entre todos los pueblos, lenguas y culturas. La lucha de Trump y de sus rivales políticos, que representan otra versión de lo mismo, es para mantenernos ignorantes, divididos, enfrentados y desesperanzados. 

 

 

Cada vez es más evidente que ya no se trata de un abstracto 'neonazismo' como si fuera un raro fósil viviente, sino del mismo fascismo que hace menos de un siglo nos convertía en el humo de los hornos en los campos de concentración. Mientras los medios de información del mundo sigan funcionando como fábricas del no pensamiento masivo, el virus mortal del fascismo seguirá devorando países. Uno de los principales síntomas de la enfermedad es como el que tiene Trump: una incapacidad crónica para distinguir el color de las banderas sobre el Reichstag y sobre Saigón.

 

 

Fuente

https://esrt.press/opinion/oleg-yasinsky/548625-mister-trump-vencedor-hitler

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viernes, 24 de enero de 2025



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FIN DEL 'WOKISMO': LA NUEVA MASCARADA DEL SISTEMA 

Oleg Yasinsky 

 

 




Este podría ser el tema que marque no solo este año que comienza y el siguiente, sino todo un nuevo ciclo político que debería ser visto no solo como el cambio de administración en la Casa Blanca, sino como la implementación de una nueva estrategia cognitiva para defender el mismo sistema agonizante. "Cambiar todo para que nada cambie", como decía proféticamente el escritor italiano Guiseppe Tomasi de Lampedusa en la novela 'El Gatopardo'.

 

 

El movimiento 'woke', creado en EE.UU. con la activa participación de la Fundación Soros y muchas otras diversas instituciones del capitalismo neoliberal, que a pesar de su significado en inglés ('despierto'), consiguió adormecer, más que ninguna otra ideología política, a las fuerzas sociales del mundo, pudiendo desviar la atención y energía de generaciones enteras.

 

 






Los famosos lemas 'Chile despertó', 'Colombia despertó' y otros, han sido parte del cancionero de cuna de la ideología 'woke'. Hablando del feminismo, de la defensa de los derechos de las minorías étnicas y sexuales, y demás causas nobles y justas, los representantes de los 'woke' jamás se atrevieron a atacar ni a cuestionar el poder global de las corporaciones internacionales ni de los capitales especulativos bancarios, que son los que sostienen el estado vigente, instalando en las luchas sociales del siglo XXI un verdadero reino de lo secundario.

 

 

Sus líderes aseguraron que la "actual revolución feminista" era la "única verdadera" en la historia, sin tener la menor idea ni de historia, ni de cultura de sus propios pueblos. Su rebelión "contra el poder patriarcal", dirigida y financiada por el sistema, no hizo más que demostrar la increíble pobreza de ideas y falta de sentido crítico, reduciendo la actividad de estos "revolucionarios" a un sistema de cuotas étnicas y de género arraigado en el mismo poder de siempre.

 

 

 

El resultado concreto de esta lucha 'woke' son los gobiernos de ultraderecha y seudo izquierda, que hacen un sobreesfuerzo ante sus ingenuos electores, fingiendo que son diferentes entre ellos. La destrucción mundial del sistema de educación del Estado y los estragos sociales y económicos generados por la pandemia, sobre todo en los países del Sur Global, fueron importantes catalizadores para este proceso, que no fue otra cosa que el plan del poder para castrar a los movimientos de resistencia.

 

 

El 'wokismo' se caracteriza por una serie de manipulaciones conceptuales

 

 

Aparte de convertir la justa lucha de las mujeres por la igualdad de derechos con los hombres (totalmente necesaria en muchos países), en una verdadera guerra de sexos, también instaló la peor patraña ideológica de nuestros tiempos: a los promotores de esta política, como, por ejemplo, el Partido Demócrata de EE.UU. y demás sucursales, se les denominó partidos de 'izquierda' o 'socialistas' en los medios de comunicación del sistema. No hubo una mejor manera de invisibilizar a la verdadera izquierda en el mapamundi político para las generaciones ignorantes educadas por el duopolio mediático de la Fox y la CNN. Y después de cumplir este objetivo estratégico, el sistema ha tomado una nueva decisión.

 

 

La extrema pobreza de ideas 'woke' es evidente, y su aplicación desde el poder político en EE.UU., Europa Occidental y gobiernos tercermundistas políticamente correctos que siempre son primeros en copiar todas las burradas de sus amos, ya dejó de ser necesaria.

 

 

Finalmente se logró su principal objetivo, que era la desviación y neutralización de las fuerzas sociales, las que dejaron de representar un peligro para el sistema

 

 

Y promover el reconocimiento de miles de géneros y alterar la sexualidad infantil, convirtiendo lo íntimo, lo complejo y lo delicado en agresivas caricaturas del quehacer político cotidiano que generaba una creciente molestia entre los pueblos, las culturas y los credos más diferentes. Cada día más gays y lesbianas entendían la falsedad del discurso oficial del "respeto a las minorías", que con acciones concretas cada vez más promovían la violencia y la intolerancia en la sociedad, discriminando abiertamente a cualquiera que cuestionara estas políticas. La promoción oficial de la agenda LGBTI, al igual que el incentivo de los grandes flujos migratorios a los países que hasta hace poco se consideraban 'primer mundo', prepararon así a los chivos expiatorios, para que, en algún momento de crisis programada, fueran acusados de todos los males y problemas de la sociedad, distrayendo a las poblaciones de los verdaderos responsables. Así es como podían mantener activo al perro guardián más fiel del capitalismo: el fascismo. Era una locura que claramente no daba para más y por eso, pasando a una nueva etapa, se ha decidido cambiar de estrategia.

 

 





Al parecer, los primeros en abandonar sus "políticas inclusivas" fueron Walmart y McDonald's. Casi de inmediato Meta (la empresa matriz de Facebook, Instagram, WhatsApp, Messenger Live y Threads) disolvió sus departamentos pertinentes y anuló las cuotas de trabajo LGBT. Ahora el canal estadounidense de noticias comerciales CNBC informa que Amazon está poniendo fin a sus programas de diversidad, igualdad e inclusión, que "ya no son relevantes" y este anuncio lo dio Candy Castleberry, vicepresidenta de experiencia inclusiva de la empresa.

 

 

Hace pocos días Mark Zuckerberg, director de Meta, en su larguísima entrevista reveló los detalles de las presiones de la administración Biden sobre su empresa. Según Zuckerberg, el mayor control comenzó en la pandemia de covid-19, cuando le obligaron a eliminar toda la información sobre los posibles efectos secundarios de las vacunas y exigieron censurar a cualquier voz crítica.

 

 

En realidad, estas tardías confesiones de una de las personas más adineradas del planeta, no revelan al mundo nada nuevo. Millones de usuarios de las redes sociales de todo el mundo en las pantallas propias conocimos esta censura, que ayudó a destruir la salud de nuestros pueblos, quebrar pequeñas y medianas empresas y concentrar el poder y recursos aún más, en cada vez, menos manos. Es muy curioso escuchar estas confesiones de uno de los principales cómplices de semejante crimen, que ahora se queja de la censura que él mismo aplicó, obedeciendo a los dueños supremos de la verdad, mientras que sus redes (al igual que ayer) siguen mintiendo y censurando todo lo relacionado, por ejemplo, con Rusia, y tan indignados con la intolerancia y la violencia, no han retirado su permiso para llamar públicamente al asesinato de rusos.

 

 

Incluso cuando 'confiesan' nos ven la cara de idiotas, como si no se sobreentendiera que censuró porque ganaba miles de millones y ahora cambia porque después de la confesión y culpar a los otros, ganará también

 

El brusco cambio del discurso oficial tiene muy poco que ver con la llegada al poder de Donald Trump. El triunfo de la ultraderecha conservadora en EE.UU. y el fortalecimiento de las fuerzas afines en Europa no son la causa, sino más bien la consecuencia de una decisión tomada lejos de cualquier 'show' democrático y una elección hecha mucho antes de cualquier elección.

 

 

Después de la destrucción de la izquierda tradicional anticapitalista en 'el mundo democrático', en este momento las corporaciones gobernantes van a validar a la 'izquierda' anticomunista, convirtiendo a los seguidores del 'woke' en auténticos "perseguidos", "revolucionarios" y "víctimas". Nos prepararon para eso mucho antes, desde que empezaron a llamar a Biden "comunista". El fascismo renaciente desde Ucrania y Europa Occidental hasta EE.UU. estará validando al anticomunismo de los que le abrieron las puertas. Después de la locura de la agenda 'woke', la ultraderecha viene 'a salvar el mundo' bajo lema del 'sentido común'.

 

 

Es fácil prever que dentro de este guion en el mundo vienen varios cambios políticos. En Chile, después de Gabriel Boric será electo el pinochetista José Antonio Kast, Gustavo Petro en Colombia será reemplazado por la uribista Vicky Dávila o alguien similar, etc. En Ucrania, el señor Zelenski será reemplazado por su exasesor Alexéi Arestóvich, quien ha demostrado una mayor promiscuidad política.

 

 

 

Viendo ahora las entrevistas de algunos personajes del poder ucraniano, se hace evidente que todos ellos apoyaban el discurso 'woke' no porque lo compartieran, sino porque fueron sostenidos con el dinero y las armas del Partido Demócrata y de sus vasallos europeos. Pero el discurso fascistoide del 'sentido común' de las ultraderechas triunfantes en el mundo, les pega mucho más, y no dudo que lograrán sus acuerdos.

 

 


 

Lo único que nos garantiza el cambio que viene desde las altas esferas del poder del 'mundo civilizado', es que su oferta para los pueblos será aún más injusta, hipócrita y asesina. Con este enroque de la seudo izquierda por la ultraderecha en el poder, la guerra contra la humanidad entra en su nueva fase. Y nuestras principales armas para defendernos siguen siendo las mismas: nuestra capacidad para construir el pensamiento crítico y la organización.

 

 

 

Fuente: 

https://esrt.press/opinion/oleg-yasinsky/536771-fin-wokismo-nueva-mascarada-sistema

 

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