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EL FOLLETO JUNIOS
La crisis de la socialdemocracia
Rosa LUXEMBURGO
[03]
II. Ante la ‘realidad’
“Estamos ante el hecho inevitable de la guerra. Nos amenazan los horrores de las invasiones enemigas. Hoy no podemos ya decidir en pro o en contra de la guerra, sino sobre la cuestión de los medios necesarios para la defensa del país... En el caso de una victoria del despotismo ruso, manchado con la sangre de los mejores hijos de su propio pueblo, se habrá puesto en peligro mucha, si no toda, de la independencia futura de nuestro pueblo. Hay que luchar contra ese peligro, debemos poner a salvo la cultura y la independencia de nuestro propio país. Hagamos realidad lo que hemos afirmado siempre: en el momento del peligro no dejemos a la patria en la estacada. Por eso estamos de acuerdo con la Internacional, que ha reconocido siempre el derecho de cada pueblo a la independencia y a la autodefensa nacional, del mismo modo que, también coincidentes con ella, condenamos toda guerra de conquista... Guiados por estos principios, aprobamos los créditos de guerra solicitados”.
Con esta declaración, la fracción del Reichstag lanzaba el 4 de agosto la consigna que habría de determinar y dominar la actitud del proletariado alemán durante la guerra. Patria en peligro, defensa nacional, guerra popular por la existencia, por la cultura y la libertad: tal fue la consigna dada por la representación parlamentaria de la socialdemocracia. Todo lo demás fue simple consecuencia: la actitud de la prensa del partido y de los sindicatos, el tumulto patriótico de las masas, la tregua con la burguesía, la disolución súbita de la Internacional: todo esto fue inevitable consecuencia de esa primera orientación tomada en el Reichstag.
Si realmente está en juego la existencia de la nación y de la libertad, si ésta sólo puede defenderse con mortífera metralla, si la guerra es una causa sagrada del pueblo, entonces todo es claro y evidente, debemos soportarlo todo. Si se quiere el fin, se han de querer también los medios. La guerra es un gigantesco asesinato metódico y organizado. Pero para el asesinato sistemático hay que crear primero el correspondiente delirio en hombres normalmente constituidos.
Desde siempre, éste es el método correcto de los que dirigen la guerra. La bestialidad de la acción responde a la bestialidad de los pensamientos y de la conciencia, ésta la prepara y acompaña. Después, el Wahre Jacobs (6) del 28 de agosto, con la imagen del matón alemán, los periódicos del partido en Chemnitz, Hamburgo, Kiel, Frankfurt, Koburg y otras ciudades, su incitación patriotera en poesía y en prosa con el correspondiente y necesario narcótico espiritual para un proletariado, que solamente puede salvar su existencia y su libertad hundiendo la metralla mortal en el pecho de sus hermanos rusos, franceses e ingleses. Aquellos libelos son más consecuentes que los que intentan conciliar la montaña y el valle, que quieren hacer cesar la guerra con la “humanidad”, el asesinato con el amor fraterno, la aprobación de los créditos de guerra con la hermandad socialista entre los pueblos.
Si la consigna lanzada el 4 de agosto por la fracción alemana del Reichstag hubiera sido justa, entonces se hubiera debido condenar la Internacional obrera no sólo por esta guerra, sino en general. Por primera vez desde que existe el moderno movimiento obrero se abre un abismo entre los deberes de la solidaridad internacional de los proletarios y los intereses de la independencia y la existencia nacional de los pueblos; por primera vez descubrimos que la independencia y la libertad de las naciones exigen imperiosamente que los proletarios de los diversos países se asesinen y exterminen mutuamente. Hasta ahora habíamos vivido convencidos de que los intereses de las naciones y los intereses de clase del proletariado coinciden, que son idénticos, que es imposible que puedan entrar en contradicción. Esta era la base de nuestra teoría y de nuestra práctica, el alma de nuestra agitación entre las masas del pueblo. ¿Nos hemos equivocado en este punto cardinal de la concepción del mundo? Estamos ante la cuestión vital del socialismo internacional.
La guerra mundial no es la primera prueba que sufren nuestros principios internacionales. Nuestro partido pasó la primera prueba hace 45 años. El 21 de julio de 1870, Wilhelm Liebknecht y August Bebel dieron la siguiente explicación histórica en el Norddeutscher Reichstag: (7)
“La guerra actual es una guerra dinástica, emprendida en interés de la dinastía de Bonaparte, al igual que la guerra de 1866 lo fuera en interés de la dinastía de los Hohenzollern.
No podemos aprobar los créditos que se piden al Reichstag para la dirección de la guerra, porque significaría un voto de confianza para el gobierno prusiano, que, con su proceder en 1866, preparó la guerra actual. Tampoco podemos rechazar los créditos exigidos, pues podría interpretarse como una aprobación de la política aventurera y criminal de Bonaparte.
Adversarios, por principio, de toda guerra dinástica, socialrepublicanos y miembros de la Asociación Obrera Internacional, que combate a todos los opresores sin diferencia de nacionalidad, que trata de unificar a todos los oprimidos en una gran alianza fraternal, no podemos pronunciarnos m directa ni indirectamente por la guerra actual y, por lo tanto, nos abstenemos de votar, expresando nuestra más ferviente esperanza de que los pueblos de Europa puedan aprender de los funestos acontecimientos actuales y hagan todo cuanto esté a su alcance por conquistar su derecho a la autodeterminación y para acabar la actual dominación clasista del sable, como causa de todos los males estatales y sociales”.
Con esta declaración, los representantes del proletariado alemán pusieron su causa clara e inequívocamente bajo la bandera de la Internacional y desposeyeron a la guerra contra Francia del carácter de una guerra nacional por la independencia. Bebel escribe en sus memorias que él habría votado en contra de la aprobación de los créditos si, a la hora de votar, hubiera sabido todo lo que se dio a conocer en los años siguientes.
En aquella guerra, que toda la opinión pública burguesa y la inmensa mayoría del pueblo, bajo la influencia de las maquinaciones de Bismarck, consideraban de interés vital y nacional para Alemania, los dirigentes de la socialdemocracia defendían el siguiente punto de vista: los intereses vitales de la nación y los intereses de clase del proletariado internacional coinciden, ambos están contra la guerra. La actual guerra mundial, la declaración de la fracción socialdemócrata del 4 de agosto de 1914, desvelan por primera vez el terrible dilema: ¡Por un lado, independencia nacional; por otro, socialismo internacional!
Pues bien, el hecho fundamental en la declaración de nuestra fracción en el Reichstag, la nueva orientación de principios de la política proletaria, fue una revelación súbita e inesperada. Fue un simple eco de la versión del discurso del trono y del discurso del canciller el 4 de agosto.
“No nos mueve ningún deseo de conquista —se dice en el discurso del trono— , nos anima la inflexible voluntad de defender el lugar en que Dios nos ha puesto, a nosotros y a todas las generaciones venideras. Por los documentos que les han entregado podrán juzgar cómo mi gobierno, y sobre todo mi canciller, se esforzaron hasta el último momento por evitar lo peor. En legítima defensa, con conciencia tranquila y mano limpia, empuñamos la espada”.
Y Bethmann Hollweg (8) declaraba:
“Señores míos, nos vemos obligados a defendernos por necesidad, y la necesidad carece de ley... Quien se encuentra tan amenazado como nosotros y lucha por lo más sagrado, sólo ha de pensar en cómo se abre paso por la fuerza... Luchamos por los frutos de nuestro trabajo pacífico, por la herencia de un gran pasado y por nuestro futuro”.
Esta es la esencia de la declaración socialdemócrata:
1) Hemos hecho todo lo posible por mantener la paz, la guerra nos ha sido impuesta por los demás;
2) Puesto que estamos en guerra debemos defendernos;
3) En esa guerra se lo juega todo el pueblo alemán.
La declaración de nuestra fracción del Reichstag sólo presenta diferencias de estilo respecto de las declaraciones del gobierno. La fracción invoca, al igual que aquél, los esfuerzos diplomáticos en favor de la paz de Bethmann Hollweg y los telegramas imperiales, manifestaciones de los socialdemócratas en favor de la paz antes de iniciarse la guerra. Lo mismo que el discurso del trono rechaza todo deseo de conquista, la fracción también lo rechaza aludiendo al socialismo. Y cuando el káiser y el canciller exclaman: “¡Luchamos por lo que nos es más sagrado!, no conozco ningún partido, sólo conozco alemanes”; responde como un eco la declaración socialdemócrata: “Nuestro pueblo se lo juega todo, en la hora del peligro no dejaremos nuestra patria en la estacada”.
Sólo en un punto se aparta la declaración socialdemócrata del esquema gubernamental: sitúa en primer plano el despotismo ruso como un peligro para la libertad de Alemania. En el discurso del trono se dice refiriéndose a Rusia: “Con dolor de corazón he debido movilizar mi ejército contra un vecino con el que hemos combatido juntos en tantos campos de batalla. Con sincero pesar vi cómo se deshacía una amistad mantenida fielmente por Alemania”. La fracción socialdemócrata ha utilizado la dolorosa ruptura de una amistad fielmente mantenida con el zarismo ruso, transformándola en una fanfarria de la libertad contra el despotismo, en el único punto en que nuestra independencia respecto de la declaración gubernamental ha utilizado tradiciones revolucionarias del socialismo (9) para ennoblecer democráticamente la guerra y crearle una gloria popular.
Todo esto, como hemos dicho, le pareció evidente a la socialdemocracia el 4 de agosto. Cuanto había dicho hasta aquel día, cuanto dijo en vísperas del desencadenamiento de la guerra, era exactamente lo contrario de la declaración de la fracción. Así, Vorwarts escribía el 25 de julio, cuando fue publicado el ultimátum austriaco a Serbia, que provocó la guerra:
“Ellos quieren la guerra, los elementos sin conciencia, los que en la corte vienesa tienen influencia y poder de decisión. Quieren la guerra: esto es lo que suena desde hace semanas en los gritos salvajes de la prensa difamadora negro-amarilla. Quieren la guerra: el ultimátum austriaco a Serbia lo evidencia y pone de manifiesto ante todo el mundo...
Sólo porque la sangre de Francisco Fernando y de su esposa fue derramada por los disparos de un loco fanático, debe correr la sangre de miles de obreros y campesinos; un crimen demencial ha de ser culminado por un crimen mucho más demencial aún... ¡El ultimátum austriaco a Serbia puede ser la antorcha que pondrá fuego a Europa por los cuatro costados! Ese ultimátum es tanto en su redacción como en sus exigencias tan desvergonzado, que un gobierno serbio, que retrocediese servilmente ante esta nota, tendría que contar con la posibilidad de ser expulsado por las masas populares en un abrir y cerrar de ojos...
Fue un crimen de la prensa chauvinista alemana incitar al máximo en sus ambiciones belicistas al fiel aliado, y sin duda alguna también el señor von Bethmann Hollweg ha prometido su respaldo al señor Verchfel. Pero en Berlín se lleva a cabo un juego tan peligroso como en Viena...”.
El Leipziger Volkszeitung escribía el 24 de julio:
“El partido militar austriaco... se lo juega todo a una carta, porque el chauvinismo nacional y militarista nada tiene que perder en ningún país del mundo... En Austria los círculos chauvinistas se encuentran en bancarrota, sus aullidos nacionalistas tratan de encubrir su ruina económica, y el robo y el asesinato de la guerra han de llenar sus arcas...”.
El mismo día se expresaba de la siguiente manera el Dresdener Volkszeitung:
“...De momento los instigadores de la guerra en la Ballhausplatz vienesa siguen sin ofrecer las pruebas definitivas que autorizarían a Austria el plantear reclamaciones a Serbia.
“Mientras el gobierno austriaco no esté en condiciones de ofrecerlas, con su atropello insultante y provocador a Serbia se presenta ante toda Europa carente de razón; aunque se probara la culpabilidad de Serbia, aunque el atentado de Sarajevo se hubiera preparado con la complicidad del gobierno serbio, las exigencias planteadas en la nota sobrepasan los límites aceptables. Sólo las intenciones de guerra más frívolas hacen explicables que un gobierno pueda plantearle a otro Estado tales exigencias...”.
El Münchener Post opinaba el 25 de julio:
“La nota austriaca es un documento sin igual en la historia de los últimos dos siglos. Basándose en autos de procesamiento, cuyo contenido se había sustraído hasta ahora a la opinión pública europea, y sin estar respaldados por un juicio público contra los asesinos de los herederos del trono, se plantean exigencias a Serbia cuya aceptación equivaldría al suicidio de ese Estado...”.
Schleswig-Holsteinche Volkszeitung declaraba el 24 de julio:
“Austria provoca a Serbia, Austria-Hungría quiere la guerra, comete un crimen que puede ahogar en sangre a toda Europa...
Austria se lo juega todo a una carta. Arriesga una provocación contra el Estado serbio, que no aceptará, excepto que se encuentre totalmente indefenso...
Todo hombre civilizado debe protestar de la forma más enérgica contra la actuación criminal de los gobernantes austriacos. Los obreros, principalmente, y todas aquellas personas que tengan un mínimo interés de defender la paz y la cultura, deben intentarlo todo para evitar las consecuencias de la locura sangrienta desencadenada por Viena”…
(continuará)
NOTAS
(6) Revista humorístico-satírica de la socialdemocracia alemana.
(7) Norddeutscher Reichstag. El parlamento de Alemania del Norte.
(8) Bethmann-Hollweg, Theodor von (1856-1921), canciller alemán desde 1909 hasta 1917. Partidario originariamente —durante la Primera Guerra— de una política de entendimiento (Verstandigungsfriede), fue cediendo poco a poco a las presiones nacionalistas y expansionistas.
(9) Se refiere a la tradición socialista alemana, ya iniciada por Marx en tiempos de la Nueva Gaceta del Rin, que mantenía la necesidad de que la revolución alemana derrotase militarmente al despotismo ruso como condición para asegurar el desarrollo revolucionario en Europa.
[ Fragmento de: Rosa LUXEMBURGO. “La crisis de la socialdemocracia” ]
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