martes, 11 de abril de 2023

 

959

 

 

NUESTRO MARX

Néstor Kohan

 

[ 076 ]

 

 

 

SEGUNDA PARTE

¿EL RETORNO DE MARX?

 

 

 

Génesis y desarrollo de la teoría crítica del fetichismo en la obra de Marx (1857-1873)

 

 

Luego de recorrer la inmensa cantidad de Cuadernos, manuscritos, borradores y varias redacciones de El Capital la primera constatación a la que se llega es que la temática del fetichismo constituye un hilo rojo conductor a lo largo de esa inmensa masa de materiales, de principio a fin. Está al comienzo del primer borrador de El Capital y luego de muchos pasajes de manuscritos intermedios vuelve a encontrarse al final, como remate, síntesis y conclusión de ese "todo artístico" al que apuntaba Marx cuando planeó y rescribió una y otra vez la obra crítica de la economía política. De ninguna manera queda reducida a tres o cuatro papelitos sueltos, pergeñados bajo inspiración de filosofías ajenas al marxismo, intercalados de manera caprichosa vaya uno a saber porqué en medio de un supuesto tratado de economía.

 

Marx maneja entonces esta teoría crítica del fetichismo ya desde la primera redacción de El Capital, es decir, desde los Grundrisse (1857-1858) y desde la Contribución a la crítica de la economía política (1859). Vuelve una y otra vez a esa teoría en las diversas redacciones y en los numerosos manuscritos intermedios centrados en los Tomos II, III y IV hasta llegar a la formulación más acabada de la segunda edición impresa —alemana— del primer tomo El Capital (1873), quince años posterior a los textos y borradores iniciales, en la cual aparece como remate y conclusión del capítulo primero, donde se expone la piedra angular del libro (la teoría del valor). En esa revisión de la segunda edición Marx decide destacar esa conclusión poniéndole un título especial que no tenía en todas las versiones previas.

 

Pero en los Grundrisse todavía no la formula ni la expone como algo especial, con una denominación y un título explícito y destacado, sino como parte implícita de la exposición de la teoría del valor, del trabajo  abstracto y principalmente del análisis del dinero. Esta teoría recién se tornará más explícita y desarrollada en sus manuscritos y redacciones de 1861 y 1863, donde se expondrá ligada a la forma del capital que recibe dinero atesorado por algunos capitalistas y su vez otorga créditos y presta dinero a otros capitalistas en función del interés. Allí Marx la expone en polémica con la economía vulgar (que mezcla formas sociales y cosas físico-naturales) hasta llegar a su exposición más pulida de 1873.

 

En los Grundrisse, primera gran estación dentro de su camino maduro de investigación sobre la economía política, Marx comienza a abordar la incógnita del fetichismo no por la temática de la mercancía sino por la reificación, enajenación y autonomización del dinero frente a las propias mercancías y frente a los productores que las producen e intercambian. Un tipo de reflexión que en los mismos borradores extenderá, luego, cuando aborde el tratamiento teórico de la categoría de capital y, más adelante, cuando trate la cristalización del capital, constante y fijo, centrado en la maquinaria, autonomizada frente al obrero.

 

En una de esas primeras exposiciones del fetichismo en los Grundrisse Marx describe la "autonomización del valor de cambio en el dinero" respecto de los sujetos que realizan el intercambio, lo cual abre todo un universo de potenciales contradicciones ya que "el dinero es una mercancía como las otras y no es una mercancía como las otras...". Allí, en el equivalente general, reside el enigma.

 

Desplegando las bases de la teoría crítica, Marx señala que

 

"se presenta ante ellos mismos como algo ajeno, independiente, como una cosa [...] Cada individuo posee el poder social bajo la forma de una cosa. Arránquese a la cosa este poder social y habrá que otorgárselo a las personas sobre las cosas".

 

Con ironía Marx describe este poder "mágico" que viene asociado al dinero diciendo que "Su poder social, así como su nexo con la sociedad, lo lleva consigo en el bolsillo", de tal manera que esos objetos

 

"se presentan aquí como algo ajeno y con carácter de cosa frente a los individuos; no como su estar recíprocamente relacionados, sino como su estar subordinados a relaciones que subsisten independientemente de ellos".

 

A partir de entonces Marx comienza a indagar las razones fetichistas que estructuran esas supuestas "leyes objetivas" —curiosamente tan alabadas por el marxismo pretendidamente ortodoxo— identificando y señalando críticamente

 

"la conexión que se crea naturalmente, en forma independiente del saber y la voluntad de los individuos" como expresión de la enajenación. En ese sentido advierte que "la existencia del dinero presupone la reificación del nexo social [...] Es igualmente cierto que los individuos no pueden dominar sus propias relaciones sociales", de donde Marx destaca "la ajenidad y la autonomía con que ese nexo existe frente a los individuos" precisamente como expresión de esa falta de control fetichista sobre las condiciones de existencia y los vínculos intersubjetivos.

 

Ante la mirada crítica de Marx la autonomía y la objetividad —en un sentido fuerte— de las relaciones, los vínculos y los nexos sociales frente a los sujetos no poseen un significado positivo. Su argumento en estos pasajes de los Grundrisse no apuntan a demostrar que en dicha objetividad se encontraría la clave y la condición para poder hacer ciencia, sino más bien todo lo contrario. En esa existencia autónoma, en esa ajenidad dotada de vida propia y escapada al control, que ha adquirido existencia "independiente del saber y la voluntad de los individuos", Marx descubre las raíces de la reificación, la enajenación y el fetichismo.

 

Pero esta primera formulación de la teoría del fetichismo centrada principalmente en el dinero y el capital no queda limitada únicamente a esas esferas. En el segundo tomo de los Grundrisse Marx extiende y prolonga ese ángulo crítico también a la tecnología y las máquinas modernas. La crítica del endiosamiento tecnológico (con el que algún publicista despistado pretende "refutar" a Marx...), está presente desde los primeros borradores de El Capital y no casualmente vinculada a la teoría del fetichismo.

 

Si las máquinas se asocian con la modernidad, Marx escribe que:

 

"En la máquina, y aún más en la maquinaria en cuanto sistema automático, el medio de trabajo está transformado —conforme a su valor de uso, es decir a su existencia material— en una existencia adecuada al capital fixe [se trata del capital fijo. N.K.] y al capital en general [...] La máquina en ningún aspecto aparece como medio de trabajo del obrero individual [...] La máquina, dueña en lugar del obrero de la habilidad y la fuerza es ella misma virtuosa, posee un alma propia presente en las leyes mecánicas que operan en ella".

 

En esta descripción, además de arremeter contra el fetichismo tecnológico, Marx refuerza su impugnación del célebre argumento del capital "yo pongo las máquinas" con el cual sus representantes vulgares pretenden justificar la ganancia del empresario capitalista.

 

Desarrollando su argumentación crítica Marx señala que en el seno del capitalismo la ciencia se transforma frente al trabajador en un

 

"poder ajeno como poder de la máquina misma, sobre aquel [...] la maquinaria misma, solo como un miembro del sistema cuya unidad no existe en los obreros vivos, sino en la maquinaria viva (activa), la cual se presenta frente al obrero, frente a la actividad individual e insignificante de éste, como un poderoso organismo"

 

Frente al Marx ingenuamente apologista de la modernidad industrial (que han construido algunos relatos posmodernos o influidos por el posmodernismo), el autor de los Grundrisse parece estar adelantándose a los libretos cinematográficos de los filmes Tiempos modernos o Matrix cuando señala que:

 

"En la maquinaria el trabajo objetivado se enfrenta materialmente al trabajo vivo como poder que lo domina y como subsunción activa del segundo bajo el primero [...] La acumulación del saber y la destreza, de las fuerzas productivas generales del cerebro social, es absorbida así, con respecto al trabajo, por el capital [..] En la maquinaria la ciencia se le presenta al obrero como algo ajeno y externo, y el trabajo vivo aparece subsumido bajo el objetivado, que opera de manera autónoma"

 

Al año siguiente de culminar los Grundrisse, en 1859, Marx publica como libro la Contribución a la crítica de la economía política. Tiene en mente redactar los tres primeros capítulos de El Capital: mercancía, dinero y capital, pero sólo alcanza a elaborar los dos primeros (por eso en 1861 comienza sus manuscritos por el capítulo tercero, algo que de otra manera no tendría sentido).

 

Entonces, en 1859, Marx escribe:

 

"Por último, algo que caracteriza al trabajo que crea valor de cambio es que la relación social de las personas se presenta, por así decirlo, invertida, vale decir como una relación social de las cosas" [...] "Por ello, si es correcto decir que el valor de cambio es una relación entre personas, hay que agregar, empero, que es una relación oculta bajo una envoltura material"

 

En esa obra la temática del fetichismo aparece expuesta de tal modo que, además de describir toda la serie de inversiones y enajenaciones que la caracterizan (entre seres humanos y objetos materiales, entre relaciones entre personas y relaciones entre cosas), la misma comienza a vincularse estrechamente a la noción de trabajo abstracto. Incluso con determinaciones sociales de esta última categoría que algunas veces no serán recogidas en su totalidad en la edición de El Capital que va a la imprenta, como bien advierte Rubin.

 

El trabajo abstracto será caracterizado en la Contribución a la crítica de la economía política como trabajo social global, cuya sociabilidad recién aparece como tal ante los agentes económicos (o sea, los productores independientes de mercancías) post festum, es decir, en el intercambio. Esa sociabilidad indirecta, derivada de la economía mercantil y consustancial a ella, será su principal determinación (que de ningún modo queda reducida a "gasto fisiológico de fuerza de trabajo indiferenciada" como rezan muchos manuales de economía marxista), problemática que abordaremos y analizaremos más adelante.

 

En el tratamiento sobre la reificación que se encuentra en la Contribución a la crítica de la economía política advertimos la transición entre la temática del dinero (tal como es desarrollada en el primer tomo de los Grundrisse) y la teoría del fetichismo de la mercancía (tal como terminará de concretarse en la segunda edición impresa de El Capital). No resulta casual que el primer capítulo ya no esté referido al dinero (que entonces pasa a ubicarse como capítulo posterior) sino a la mercancía.

 

A lo largo de todo el año siguiente, en 1860, Marx se ve desviado de sus investigaciones críticas de la economía política perdiendo casi un año entero en una polémica con Karl Vogt (1817-1895), un provocador a sueldo del dictador francés Luis Bonaparte que lo acusa de malversación de fondos (las pruebas de esta colaboración pagada recién alcanzarán la luz pública cuando los obreros de París toman por asalto las sedes policiales en la Comuna de París y allí encuentran las pruebas de los pagos). Todo el año Marx lo dedica a escribir Herr Vogt, una voluminosa réplica de ... ¡493 páginas! (en su edición en castellano).

 

Recién aclarado el asunto, Marx podrá volver a sus estudios y entonces comienza a redactar los 23 Cuadernos que llevan el mismo título que la obra publicada dos años antes: Contribución a la crítica de la economía política. En los primeros cinco Cuadernos (I al V) vuelve una vez más a la temática del dinero exponiendo la teoría del fetichismo de la mercancía estrechamente vinculada a la noción de trabajo abstracto" y a la teoría del valor. Pero la mayor innovación en la temática del fetichismo aparecerá en la segunda mitad del cuaderno XV, donde desarrolla el extenso trabajo titulado "El ingreso y sus fuentes. La economía vulgar", que de algún modo constituye la síntesis de todo este período de trabajo. Inicialmente Marx había previsto este trabajo para la tercera parte de El Capital (el tomo III), según el plan redactado en enero de 1863, ya que en ese plan el capítulo IX lleva por título "Revenues and its sources". Escrito por Marx aproximadamente entre octubre y noviembre de 1862 está compuesto por las páginas 891-950 de los Cuadernos XIV-XV.

 

Allí se expone la teoría del fetichismo poniendo en discusión la "religión vulgar" y la "ficción sin fantasía" que la sociedad mercantil capitalista genera por todos sus poros, día a día, en su vida cotidiana. El análisis de Marx va siguiendo un doble derrotero…

 

(continuará)

 

 

 

 

[ Fragmento de: Néstor KOHAN. “Nuestro Marx” ]

 

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