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NUESTRO MARX
Néstor Kohan
[ 068 ]
SEGUNDA PARTE
¿EL RETORNO DE MARX?
La lógica dialéctica y la teoría del valor
Marx reconoce que en el primer capítulo de El Capital "coqueteó" con la lógica dialéctica de Hegel. Trataremos, a continuación, de indagar con algunos ejemplos esa utilización de la lógica dialéctica en su exposición de la teoría del valor. Precisamente en la exposición de ese primer capítulo se encuentra la clave de todo el edificio lógico que despliega esta obra crítica, por eso se torna tan importante entender este nexo problemático y tensionado entre Hegel y Marx, ya que sobre esa base epistemológica este último desarrollará su concepción del fetichismo y del poder.
Como es sabido, la Ciencia de la Lógica de Hegel está estructurada sobre tres grandes momentos o "doctrinas": la doctrina del ser (la instancia de la inmediatez, por lo tanto el momento del comienzo), la doctrina de la esencia (el momento de la reflexión donde emerge el sujeto a partir del ser) y la doctrina del concepto (el pasaje donde el sujeto-objeto concebido como "concepto-lógico" se transforma en el verdadero protagonista de la historia).
Teniendo en cuenta la exposición de El Capital, lo que aquí más nos interesa es la doctrina de la esencia pues allí Hegel incorpora en forma sistemática e intenta superar las formas lógicas clásicas y los principios de la lógica formal (identidad, no contradicción, tercero excluido). Es en la exposición de las determinaciones de la reflexión donde Hegel analiza y hace uso explícitamente —para cuestionarlos— de estos principios de la lógica formal.
Las esencialidades o determinaciones de la reflexión, comienzan por la identidad, que había sido la clave de todo el pensamiento metafísico anterior a Hegel (desde Parménides y Aristóteles hasta Leibniz y Kant), pasa por la diferencia y termina con la contradicción. A su vez la contradicción deriva en el fundamento de la esencia. Para Hegel el fundamento de la esencia es la contradicción. La clave del enigma de la lógica dialéctica reside en comprender la transición de la identidad a la contradicción.
Hegel sostiene que la identidad [A = A] consistiría, aparentemente, en afirmar que "A" es idéntica a sí misma. Sin embargo, inmediatamente nos aclara que cuando afirmamos [A = A] estamos agregando algo más que aquella afirmación simple que sostiene que el objeto es igual a sí mismo. En realidad, al afirmar la identidad estamos diciendo que el objeto tiene que salir "fuera de sí", para compararse con otro, y al salir fuera de sí se está negando a sí mismo. La identificación implica movimiento. El núcleo del problema reside en que para identificarse no puede quedarse en sí mismo (es decir, afirmar simplemente "A" y nada más). No lo puede hacer. Para identificarse debe compararse con otro que no es él mismo y ese ejercicio de comparación implica asumir una relación, un "salir fuera" de sí mismo... ¿De dónde? Pues de "A". En seguida Hegel nos explica que en ese "salir fuera de A" —en el lenguaje hegeliano ese proceso se denomina "alienarse"—, se espera que "A" se compare con algo distinto a sí mismo pero como en esa identidad [ = ] nosotros afirmamos que "A" es idéntica a sí misma, no se compara con ningún otro y vuelve sobre sí mismo. "Sale", se aliena, pero inmediatamente "vuelve" sobre sí, se autorrepliega en un movimiento de espiral donde el punto de llegada del movimiento coincide con el primer punto de partida.
Ese movimiento de identificación [ = ] de "A" consiste en un "salir para volver a entrar" —conviene recordar que para Hegel la alienación (el volverse "otro de sí mismo") siempre se recupera, se supera, nunca hay una alienación completa que permanezca abierta y desgarrada, sin posibilidad de volver, suturarse y cerrarse, por eso para su lógica dialéctica la alienación asume un carácter positivo, a diferencia de Marx, en cuyo pensamiento el desgarro y la pérdida que conlleva todo proceso de alineación no necesariamente se supera ni se sutura.
En Hegel ese "regreso" está asegurado de antemano. La pérdida se recupera, la escisión se cierra y sutura, la alineación se supera. Pero nunca en un círculo perfecto y tautológico pues el regresar, luego de haberse escindido, no implica que se retorne exactamente al mismo punto de partida. El movimiento lógico de identificación no se despliega como si "A" nunca hubiera salido de sí ni se hubiera diferenciado de ella misma. Entonces sostener la identidad [A = A] consiste en un salir de la identidad para comparar el primer término ["A"] con algo diferente a él mismo, con la particularidad que en esta expresión salimos de la identidad para compararlo con algo diferente y eso diferente [o sea, un "no A"] no aparece... sino que en el segundo término de la comparación aparece el mismo término ["A"]. Pero al recorrer ese camino de identificación, "A" ya salió "fuera de sí", al buscar identificarse se diferenció, el primer término se volvió "otro de sí mismo", es decir, se alienó (algo que, insistimos, para Hegel no era negativo). Si se alienó y se transformó en "otro de sí mismo", entonces... emergió una diferencia. El hecho de "salir fuera" consiste en que en ese movimiento de identificación aparece la diferencia aunque después, a continuación, la diferencia se niegue a sí misma al volver a identificar a "A" con "A", no con "B", "C" o "H".
Entonces, en ese "salir fuera" y volverse "otro de sí mismo —o sea alienarse— nos encontramos con la diferencia. Esta corresponde a la negación del primer momento ["A"], a la negatividad, aquella dimensión de la dialéctica que tanto seducía a Marx, pues la negatividad marca siempre el carácter transitorio e histórico —por lo tanto no absoluto ni natural— de toda realidad, de toda institución, de toda relación, incluido el capital.
¿Qué se entiende por "negatividad"? En la lógica posee al menos dos significados muy diferentes entre sí. Si entendemos la negatividad o la negación como algo absoluto, que niega anulando completamente aquello que niega, entonces obtenemos como resultado de la negación de un término —por ejemplo "A"— la anulación completa y absoluta del mismo —por ejemplo [— A], es decir, "no A"—. Entonces si comprendemos la negatividad como algo que anula completamente aquello que está negando, llegamos a la conclusión de que afirmar al mismo tiempo y en el mismo sentido que "A" y "no A" coexisten es, evidentemente, un absurdo. El problema es que la negatividad dialéctica no equivale a una negatividad absoluta pues la tradición de pensamiento dialéctico nunca homologa la negación con el acto de anular completamente aquello que se niega. La negatividad dialéctica consiste en una negatividad determinada que no es exactamente lo mismo que una negatividad absoluta. La negatividad determinada niega un aspecto, la identidad entendida en forma absoluta, la eternidad de la forma de algo, permitiendo de este modo su transformación, su cambio, su devenir. Pero el resultado de la negatividad dialéctica no equivale = 0 (igual a cero). La negatividad dialéctica subraya siempre lo transitorio, lo perecedero, la historicidad propia de toda realidad, de toda institución, de toda relación social —más allá de su apariencia de eternidad, habitualmente de raíz fetichista—, pero no significa anular absolutamente aquello que se niega. Resulta relevante distinguir estas dos concepciones de la "negación" o de la "negatividad" cuando se analiza el método dialéctico, bajo el riesgo de confundirlo todo y obtener del análisis de las contradicciones sociales simplemente un "absurdo" y una falta total de coherencia en el discurso teórico de las ciencias sociales. La negación dialéctica no opera en el ámbito formal de la coherencia discursiva ni en el de la consistencia formal de un modelo axiomático o matemático, sino en otro plano, el de los contenidos históricos de las transformaciones que se derivan de las contradicciones sociales.
Sintetizando, la diferencia se encuentra dentro mismo de la identidad [A = A]. Una afirmación que si se evalúa con los criterios de la lógica formal puede equivaler sencillamente a un absurdo. No hay posibilidad entonces de señalar una identidad que al mismo tiempo no sea una diferencia (aunque sea una diferencia que se niega). Ahí está la clave del asunto. Hegel lo expresa del siguiente modo:
"La diferencia es el todo y su propio momento, así como la identidad es igualmente su todo y su momento. Esto tiene que ser considerado la esencial naturaleza de la reflexión y como primer fundamento determinado de toda actividad y automovimiento".
Entonces, a partir de allí, Hegel demostrará que de la diferencia el movimiento conduce a la contradicción. En el mismo tiempo y en el mismo espacio si se identifica "A" con algo distinto a "A" ya emerge la diferencia.
En el comienzo de la Ciencia de la Lógica Hegel afirma que el "ser" es idéntico a la "nada". La razón de esta paradójica afirmación consiste, según Hegel, en que el ser, al no estar determinado, al no haberse transformado todavía en un sujeto proposicional, ("esta silla", "aquel vidrio", esta computadora, aquella estantería, etc.), al no estar limitado, al no estar terminado por ninguna parte, no es nada concreto porque cuando pasa a ser algo puntual entonces se transforma en otra categoría, el ser determinado. Mientras que no es nada determinado el "ser" es el ser indeterminado, no es algo puntual, por lo tanto es idéntico a la nada (ya que la nada tampoco es algo puntual).
Entonces el "ser" es idéntico a su opuesto, que no es otro más que la "nada" ([ser = nada], la primera identidad que correspondería al [A = A] de la lógica formal sobre la que veníamos exponiendo más arriba). Esta identidad [ser = nada] es identidad [ = ], pero no una identidad vacía, sino una identidad entre dos polos que al mismo tiempo son contradictorios, ya que no hay nada más opuesto al "ser" —que todo lo abarca— que la "nada" —ya que ésta última no tiene nada dentro suyo, no abarca ningún elemento—. ¡Es una identidad contradictorial. Aquí vemos cómo Hegel violenta y entrecruza dos principios de la lógica formal que jamás se podían cruzar a riesgo de caer en un "absurdo", en un sin sentido, en una "locura": el principio de la identidad y el principio de la no contradicción. Aquí Hegel nos señala una identidad que al mismo tiempo es una contradicción.
De esa identidad contradictoria no emerge la incoherencia, la sinrazón, la locura, la nada absoluta, una suma = cero. La identidad contradictoria, en la lógica dialéctica, es algo productivo, genera algo nuevo, nunca produce como resultado una suma de = 0, una autoanulación. Genera algo que nace. ¿Qué es lo nuevo que se genera a partir de ella? Pues el pasaje del ser a la nada y de la nada al ser —conviene recordar que en la Ciencia de la Lógica de Hegel el "pasaje" es la forma que asume el movimiento cuando la exposición aún se encuentra en la doctrina del ser, antes de llegar a la esencia—. De este pasaje "de ida y vuelta", de un polo idéntico y contradictorio al mismo tiempo al otro polo y viceversa, surgirá el elemento central que los englobará a los dos como una totalidad, la primera totalidad de Ciencia de la Lógica: el devenir.
El devenir constituye la categoría central de esta nueva lógica, la lógica dialéctica, pues ella expresa el movimiento, la transformación y el cambio. A través del devenir la lógica dialéctica de Hegel intenta aprehender aquella región del saber y la actividad humana que la antigua lógica formal había dejado fuera del discurso científico: la historia. Por eso toda la lógica dialéctica de Hegel constituye un esfuerzo enorme y un gran intento por integrar la lógica y la historia (aunque, según Marx, esta primera y genial integración pague un precio demasiado alto, al subordinar a la historia bajo el dictado apriorístico de la lógica, subordinación que Marx caracterizará críticamente como "mistificación" del concepto). Este intento de integrar la lógica y la historia está dado porque su principal categoría lógica es la de "devenir" que significa cambio, movimiento, transformación. Nunca quietud, permanencia, identidad encerrada en sí misma, sin contradicciones.
Luego, después de toda una serie de mediaciones —para Hegel "mediación" significa el paso intermedio, el término medio, la conexión entre un punto y otro punto, ya que en la lógica dialéctica nunca hay un pasaje inmediato, sin mediaciones—, el movimiento del devenir que surge a partir de la identidad contradictoria del ser y la nada pasará al segundo momento donde aparece el sujeto. ¿Recién allí aparece el sujeto? No, según Hegel el sujeto está desde el comienzo, aunque de manera "replegada", aún no desarrollada. En la lógica dialéctica el sujeto no se inserta desde afuera de manera yuxtapuesta al objeto, está desde el comienzo mismo de la exposición pero recién asumirá protagonismo en la doctrina de la esencia. Junto a las categorías de "devenir" y de "totalidad", la categoría de "sujeto-objeto" será central para la lógica dialéctica de Hegel, pero su exposición parte de lo más objetivo (el ser) y se dirige hacia lo más subjetivo (el concepto), sin desvincular jamás un polo de otro, tratando por todos los medios de superar el dualismo de su gran antecesor Kant.
Entonces, una vez que Hegel expone esa primera identidad contradictoria entre el ser y la nada, su exposición pasa al segundo gran momento de la lógica dialéctica: la doctrina de la esencia. En la Ciencia de la Lógica entre el comienzo más inmediato —el ser— y el segundo momento ya mediado —la esencia— Hegel desarrolla y va encadenando en su exposición todo un conjunto de momentos categoriales. En la primera sección de la doctrina del ser esos momentos son los siguientes: determinación (cualidad) donde se pasa del ser-nada-devenir al ser determinado o existencia y al ser para sí; la segunda sección de la doctrina del ser: la magnitud (cantidad), donde Hegel analiza la cantidad, el cuanto y la relación cuantitativa; y la tercera sección: la medida, donde se analiza la cantidad específica, la medida real y el devenir de la esencia. Todo eso está englobado dentro del primer gran conjunto de categorías incluidas dentro de la doctrina del ser.
Como en el primer capítulo de El Capital Marx se apropia y "coquetea" con su maestro a partir de la doctrina de la esencia, allí nos concentraremos.
La exposición de esta última por parte de Hegel posee tres grandes momentos o secciones: la primera es la esencia como reflexión en sí misma, la segunda es la apariencia (o sea el fenómeno) y la tercera sección es la realidad. Para lo que a nosotros aquí nos interesa, que es la utilización de Marx en la exposición de su teoría del valor de la lógica dialéctica de Hegel (y su superación de la lógica formal de Aristóteles y Leibniz y trascendental de Kant), vamos a focalizar nuestra mirada sólo en la primera sección de la doctrina de la esencia. Dejamos explícitamente fuera de nuestra exposición el resto de las categorías de la lógica dialéctica hegeliana. Dentro de la primera sección, a su vez, aclaramos que ésta se compone de tres capítulos: el primero se titula la apariencia (y engloba lo esencial y lo inesencial, la apariencia y la reflexión); el segundo se titula las esencialidades o determinaciones de la reflexión (este es el que asume un lugar central en El Capital) y el tercero se titula el fundamento (y abarca el fundamento absoluto, el fundamento determinado y la condición).
La lógica dialéctica pretende incorporar la historia —el movimiento, el cambio, la transformación, que Hegel denomina "el devenir"— a la lógica, algo que hasta ese momento quedaba al margen de su órbita.
Este movimiento se expresa en el ámbito del ser como "pasaje" de un momento a otro, mientras que en el ámbito de la esencia, donde emerge el sujeto, se expresa como "reflexión".
Hegel emplea la noción de reflexión porque sólo corresponde al sujeto poder volver(se) sobre sí mismo. En el ámbito del ser no hay reflexión porque la esfera del ser es absolutamente "objetiva". En ese sentido recién cuando emerge al primer plano es que el sujeto puede volver sobre sí mismo. En eso consiste la reflexión: desdoblarse, salir fuera y volver hacia sí mismo, un movimiento característico del sujeto. Donde no hay sujeto no hay reflexión.
Cuando Hegel describe el ámbito de la esencia toma como objeto polémico de interlocución al entendimiento de Kant y su lógica trascendental (a su vez Kant, al no poder superar el límite de la lógica formal, tenía por detrás a Aristóteles)…
(continuará)
[ Fragmento de: Néstor KOHAN. “Nuestro Marx” ]
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"Alienación", un término antaño profusamente utilizado para cuya comprensión cabal sería muy conveniente leer (l-e-e-r) esta entrada.
ResponderEliminarSalud y comunismo
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¿ Donde no hay sujeto no hay reflexión? Incuestionable, pero… en el caso concreto del sujeto, verdad que sólo en “apariencia” porque en “esencia” ya cosificado, sí hay o puede haber cierta especie de reflexión (pensamiento, lectura…), claro que igualmente alienada.
ResponderEliminarSalud y comunismo
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