lunes, 27 de febrero de 2023

 

942

 

LA COLUMNA DE LA MUERTE

El avance del ejército franquista de Sevilla a Badajoz

 

Francisco Espinosa Maestre

 

[ 033 ]

 

 

3

EL SUSTO EN EL CUERPO

 

 (...)

 

 

Partida de Yagüe y sus columnas

 

El bando de guerra de Yagüe, según Calleja, fue el siguiente:

 

Españoles: circunstancias especiales y críticas han hecho que España se encuentre en un estado de anarquía y que el país se halle colocado ante el riesgo inmediato de una amenaza extranjera, lo que hace absolutamente esencial y urgente para el ejército tomar la dirección de la nación.

 

Más tarde, cuando las condiciones permitan restablecer la paz y el orden, el poder será entregado en manos de las autoridades civiles.

Por esta razón yo asumo el mando de la provincia de Extremadura, declarando el estado de guerra y aboliendo el derecho a la huelga.

 

Los jefes sindicalistas que aconsejen a sus seguidores a declararse en huelga serán sumarialmente juzgados y fusilados.

 

Llamo a las armas a los reclutas de las quintas del 31 al 35, así como a los voluntarios que quieran ayudar a su país.

 

Sin embargo hay que acudir al Boletín Oficial de la Provincia del 14 de agosto, que lo recoge íntegro, para conocer el contenido literal del bando:

 

Españoles:

Las circunstancias extraordinarias y críticas por que atraviesa España entera; la anarquía que se ha apoderado de las ciudades y los campos, con riesgos evidentes de la Patria, amenazada por el enemigo exterior, hacen imprescindible el que no se pierda un solo momento y que el ejército, si ha de ser salvaguardia de la Nación, tome a su cargo la dirección del país, para entregarlo más tarde, cuando la tranquilidad y el orden estén restablecidos, a los elementos civiles preparados para ello.

 

En su virtud, y hecho cargo del mando de la provincia.

 

Ordeno y mando:

 

Primero. Queda declarado el estado de guerra en todo el territorio de esta provincia.

 

Segundo. Queda prohibido terminantemente el derecho a la huelga. Serán juzgados en juicio sumarísimo y pasados por las armas los directivos de los sindicatos cuyas organizaciones vayan a la huelga, o no se reintegren al trabajo los que se encuentren en tal situación a la hora de entrar el día de mañana.

 

Tercero. Todas las armas largas o cortas serán entregadas en el plazo irreductible de cuatro horas en los puestos de la Guardia Civil más próximos. Pasado dicho plazo serán juzgados en juicio sumarísimo y pasados por las armas todos los que se encuentren con ellas en su poder o en su domicilio.

 

Cuarto. Serán juzgados en juicio sumarísimo y pasados por las armas los incendiarios, los que ejecuten atentados por cualquier medio a las vías de comunicación, vidas, propiedades, etc., y cuantos por cualquier medio perturben la vida del territorio de esta provincia.

 

Quinto. Se incorporarán urgentemente a todos los cuerpos de esta provincia los soldados del capítulo XVII del Reglamento de Reclutamiento (cuotas) de los reemplazos 1931 a 1935, ambos inclusive, y todos los voluntarios de dicho reemplazo que quieran prestar este servicio a la Patria.

 

Sexto. Se prohíbe la circulación de toda clase de personas y carruajes que no sean de servicio desde las nueve de la noche en adelante.

 

Espero del patriotismo de todos los españoles que no tendré que tomar ninguna de las medidas indicadas, en bien de la Patria y de la República.

 

En Badajoz a 14 de agosto de 1936.

 

El teniente coronel comandante militar de la Provincia, JUAN YAGÜE.

 

 

Además de éste, Yagüe dicta desde el primer momento otros bandos encaminados supuestamente a normalizar la vida ciudadana. Lo primero que hubo que hacer, por supuesto, fue recoger los cadáveres, que acabarán apilados en el cementerio. Como dice Calleja «no sin severas medidas de rigor retornó la normalidad a Badajoz». Otro bando, firmado por el gobernador civil, el comandante Díaz de Liaño, ordenó la devolución del fruto del saqueo a que fue sometida la ciudad:

 

HAGO SABER:

 

Que las personas que hayan adquirido mercadería, objetos, alhajas y efectos procedentes de saqueos o mala procedencia deberán hacer entrega inmediata de los mismos en la Comandancia Militar, en la inteligencia de que la contravención de esta orden será castigada de acuerdo con lo establecido en el apartado cuarto del BANDO declarando el estado de guerra.

 

Dado en Badajoz a 17 de agosto de 1936.

El gobernador civil, MARCIANO DÍAZ DE LIAÑO.

 

 

Este bando daría lugar en semanas y meses posteriores a numerosas denuncias, algunas de las cuales llegaron a la Auditoría. Por ejemplo, una vecina de San Roque, Francisca Aguza Lozano, que se vio investigada sobre la procedencia de dos relojes, declaró que los había comprado el día 17 a un moro a cambio de diez pesetas y otro reloj viejo. El valor real de los relojes era de 65 pesetas uno y de 35 otro. La Comisaría de Vigilancia, que llevó la investigación, informó que no había podido averiguar el nombre del moro ni cómo llegaron los relojes a su poder. Por suerte para la mujer todos los testigos que testificaron «sobre su conducta y antecedentes» —el párroco inclusive— la definieron «como persona entusiasta de la Causa Nacional». Su explicación era

 

que al comprar los relojes al moro lo hizo con la sana intención de creer que se trataba de un vendedor ambulante, no extrañándole lo barato del precio por suponer que los relojes serían muy inferiores. Que repite que no tuvo conocimiento del Bando …

 

Tras largos meses de investigación el caso se sobreseyó en noviembre de 1937.

 

Siguiendo a su biógrafo, Yagüe

 

«confió a la jurisdicción competente de la plaza los cientos de prisioneros capturados, y viose luego en el penoso imperativo —desgraciadamente insoslayable en un conflicto— de constituir los tribunales militares encargados de administrar justicia con arreglo al derecho de guerra. Excepto el coronel Puigdengolas, gobernador militar republicano, y el gobernador civil, señor Granados, que lograron fugarse a Portugal, los cabecillas detenidos y hallados culpables por el tribunal fueron juzgados en causa sumarísima y pasados por las armas».

 

Fuera como fuera, lo cierto es que no hay rastro de la actuación de tribunal militar alguno hasta la puesta en marcha del aparato judicial-militar a comienzos de 1937. Aunque es posible que Yagüe y Calleja, al hablar de «tribunales encargados de administrar justicia», se estuvieran refiriendo simplemente a la designación de un militar o un guardia civil que asesorado por personas de orden acometiera la limpieza inicial. No obstante sabemos que, además de la plaza de toros y del entorno de la Puerta Pilar, fue utilizado como campo de concentración para hombres y mujeres un amplio sector situado entre el cuartel de la Bomba y la muralla.

 

La consecución de los objetivos iniciales en tan breve tiempo y la perspectiva que daba contemplar el panorama desde Mérida llevaron a algunos a pensar que Madrid estaba al alcance de la mano. Las noticias sobre el avance de la sublevación no podían ser mejores y un solo día podía proporcionar acciones tan variadas como la caída de Archidona (Málaga), con los Regulares de Melilla por delante; la ocupación de Higuera de la Sierra (Huelva) por la columna Redondo, con los Regulares de Alhucemas al frente; o el bombardeo aéreo de una columna republicana que se dirigía a Llerena. Las fuerzas de Asensio permanecerán en Badajoz el día 15 en «servicios de seguridad». Su IV Bandera formará ese día ante el Ayuntamiento junto a la V Bandera mientras se impone a la primera la corbata con la inscripción «Brecha de Badajoz». La situación en la ciudad desde el punto de vista de los ocupantes era la siguiente: «La tranquilidad en Badajoz es completa desde anoche. Hoy la vida se ha desarrollado normalmente. En la acción de ayer se han cogido al enemigo numerosos muertos y tres mil armas». Yagüe quiere celebrar esa tarde los entierros con toda solemnidad, para lo cual solicita la presencia de la aviación, pero Franco no puede enviársela ese día. Tella, por su parte, advierte en la mañana del día 15 a Franco que la II División está enviando más carburante del necesario, dado que con las existencias de que se dispone en Mérida, Zafra, Almendralejo y Badajoz —en total cerca de dos millones de litros— cubren de sobra sus necesidades.

 

El día 15 de agosto, una vez controlada Badajoz, Franco envía a Yagüe el siguiente plan: dejar en la ciudad una de las columnas para «seguridad y reorganización»; garantizar el dominio sobre Navalmoral de la Mata y el puente de Almaraz —a cargo hasta ese momento de fuerzas de Cáceres— mediante el envío de un tabor, y marchar sobre Don Benito de noche para evitar la aviación y la huida del contrario y así acabar con los grupos allí concentrados y apoderarse del aeródromo. Tras esta última opción se apunta: «Puede hacerlo otra columna con sus medios». También se indica la necesidad de controlar el ferrocarril para cortar las incursiones desde Ciudad Real, operación tras la cual la fuerza debía replegarse sobre Miajadas, punto de partida, ocupando momentáneamente Santa Amalia, aunque añade:

 

«Si pueden organizar Don Benito con su gente no hace falta ocupar Santa Amalia».

 

Este interés por Don Benito-Villanueva se debía al daño que la aviación causaba sobre las columnas y al peligro constante que la concentración de milicias republicanas en la zona representaba para la marcha de la columna cuando todavía faltaban 180 kilómetros para llegar a Madrid; el mismo Yagüe opinaba que su ocupación facilitaría la tarea de las columnas y permitiría disponer de fuerzas para otros frentes. Unos días después, el 21, Franco, que admite que sus efectivos se encuentran reducidos a unos seis mil hombres, comenta a Mola la situación y la ruta a seguir:

 

CLAVE ESPAÑA — Situación nuestra vanguardia ciento ochenta kilómetros Madrid en Navalmoral de la Mata velocidad avance depende resistencia enemiga y aviación contraria terreno despejado y acción aviación contraria obliga a proteger con aviación propia operaciones columnas. Necesidad de adelantar aeródromos hacia el norte que estamos preparando cómo disponer cazas inmediata columnas en defensa su movimiento tenemos fuerte concentración Villanueva de la Serena. Hostiliza flanco Oropesa. Primer avance que haremos stop. Segundo Talavera Tercero Maqueda Toledo Cuarto Navalcarnero Torrejón de la Calzada Valdemoro y Pinto Alarcón Leganés y Villaverde. Estos avances sufrirán las variaciones a que obliga resistencia pueblos actividad enemigo y sus movimientos así como resistencia tropas propias stop. Hoy un pueblo bien defendido puede detener avance stop…

 

Asensio —aunque el mismo día 15 envía el II Tabor de Regulares de Tetuán a Mérida, a las órdenes de Castejón— permanece el día 16 en Badajoz con la IV Bandera y la batería. Al día siguiente enviaría, al mando de Vierna, la Bandera y una sección de la batería contra Alburquerque y Valencia de Alcántara; y un día después, el 18, mandaría a una sección de ametralladoras de la IV Bandera y a una compañía de fusiles contra La Albuera y Almendral. Los días 19, 20 y 21 se mantiene en Badajoz haciendo alguna salida para controlar la zona fronteriza a la caza de huidos. El 22, a las cuatro horas, Asensio salió con todas las fuerzas a su mando para ocupar el cortijo «Pesquerito», Roca de la Sierra, Puebla de Obando, La Nava de Santiago y Mirandilla, tras lo cual marchó hacia Logrosán por Cáceres y Trujillo, y permaneció en ese lugar los días 23, 24 y 25, cuando sobre las siete de la tarde inició el traslado del II Tabor de Guadalupe a Trujillo y del resto de sus fuerzas desde Logrosán a Alinaraz. Fueron bombardeados en varias ocasiones y se produjeron víctimas entre civiles y militares (cuatro muertos y siete heridos graves entre la población civil y tres heridos entre los militares). El día 26 llegó a Almaraz, donde al día siguiente se le unió el tabor del comandante Del Oro y la batería desde Trujillo. Por la tarde partieron hacia Navalmoral, donde para la ocupación de Calzada de Oropesa se incorporó a la columna de Tella. En esta operación las fuerzas republicanas sufrieron la pérdida de trescientos hombres y numerosos prisioneros pertenecientes a unidades denominadas Wad-ras, Pasionaria, Batallón de Acero o de la llamada columna Fantasma. Mientras tanto Mérida quedó controlada por el tabor del comandante Rodrigo Amador de los Ríos, que llegó el 22 de agosto desde Los Santos, donde permaneció el comandante Mizian con sus hombres.

Ya en los días siguientes tendría lugar la operación sobre Lagartera, Oropesa y Puente del Arzobispo, de cuya importancia dará idea las bajas propias señaladas por Asensio: 23 muertos y 93 heridos. Del contrario se citan 18 muertos cerca de Puente (Cerro del Rollo) y dos en Alcolea. Estas actuaciones, así como las realizadas sobre Trujillo o Talavera, constituirán impresionantes maniobras como muestran las detalladas órdenes de operaciones que se conservan. Tras estas experiencias Franco, además de recordar a los jefes de columnas que el mando absoluto seguía radicando en Yagüe, ordenó que las fuerzas del teniente coronel Delgado Serrano —constituidas como las demás por dos tabores y una bandera— pasasen a depender de Yagüe, como columna de reserva del teniente coronel Asensio. Serían estos movimientos los que llevarían a Franco a elaborar, ya en octubre, sólo unas semanas antes del gran fracaso ante Madrid, las últimas instrucciones a las columnas de esta fase de la guerra, que se centraron en el protagonismo creciente de la aviación. La necesidad de preservar a las fuerzas de choque, a su ejército, era evidente.

 

Entre el 16 y el 17 de agosto Castejón ocupa Trujillanos, Valverde de Mérida, San Pedro de Mérida y Santa Amalia. En Trujillanos, en circunstancias poco conocidas, murió por disparo de arma de fuego el 19 de julio, en la calle Corredera, el falangista camisa vieja Robustiano Gómez Ledo, labrador de 25 años de edad, cuya muerte recayó sobre los izquierdistas Cipriano Vaquero Tobalo, Francisco Sánchez Fernández y Primitivo Barrera Morgado, asesinados poco después. Además, los informes destacaron algunos daños en las cosechas y en domicilios particulares. En su memorial de agravios los derechistas presos destacaron las amenazas o, por ejemplo, la prohibición de afeitarse durante los días de cautiverio, o usar la luz de noche. Como en otros pueblos, los propietarios llevaron mal la obligatoria entrega de dinero o especies (aceite, garbanzos, queso, trigo, ovejas, etc.). El último alcalde republicano, José Bernet, concitó muchas de las iras. El día once de agosto, tras la toma de Mérida y cuando ya la corriente de huidos arrastraba a todos hacia adelante, el concejal Antonio Ledo liberó a los presos antes de que cualquiera cediera a la tentación de acabar con sus vidas. Ni siquiera los Valhondo, padre e hijo, trasladados en camioneta a Don Benito por iniciativa de los hermanos Ángel y Mateo Gómez, perdieron la vida. Con todo, como veremos más tarde, lo más llamativo de la Causa General de Trujillanos fue la inclusión por error en su Estado 1 —el dedicado a las «personas residentes en este término municipal, que durante la dominación roja fueron muertas violentamente o desaparecieron y se cree que fueran asesinadas»— de veinte de los izquierdistas asesinados (19 hombres y una mujer), de los que se ofrecía la edad, profesión, filiación política y fecha de su muerte. Sin embargo, otros datos relativos a los cadáveres o a las «personas sospechosas de participación en el crimen» fueron lógicamente omitidos. Trujillanos sufrió un bombardeo republicano el 16 de agosto del que fue víctima el considerado como «rojo local» Juan Barrena González. En San Pedro de Mérida sólo pudo destacarse la prisión de seis derechistas, que recibieron trato «mediano», y el saqueo de dos cortijos (Quintano y El Huevo) y el comercio de Joaquín Cidoncha. En Santa Amalia, sin embargo, el trato dado a los presos entre el 23 de julio y el 17 de agosto fue considerado «durísimo», poniéndose como ejemplo la obligada instrucción militar a que fueron sometidos todos, incluso los más viejos. También se quejaron de que a las horas de descanso tocaban un armónium de la iglesia, que finalmente estropearon. Igualmente se hizo constar que, aunque no hubo castigo material, sí se les hirió «con la palabra en sus más hondos sentimientos de Patria, Religión, Familia, etc., en lo que se distinguieron Manuel Romero Fernández y Manuel Tello Muñoz». Los numerosos milicianos forasteros —unos 350 hombres y 150 mujeres al mando de un teniente retirado de Medellín— nunca llegaron a controlar la situación en la localidad. Como reconocían los informes «asesinatos no se llevaron a efecto con ninguno de la cárcel ni de fuera». Nada de esto hizo falta a Castejón ni al capitán de la Guardia Civil Manuel Gómez Cantos, a sus órdenes en esta ocasión, para ejercer sobre el terreno una durísima represión:

 

«La columna del comandante Castejón ha ocupado Santa Amalia con alguna resistencia por parte del enemigo que ha sido duramente castigado».

 

Desgraciadamente no contamos con el parte de Castejón, pero sí con el «Diario de Operaciones del 2.º Tabor de Ceuta», que especifica que Santa Amalia le costó seis muertos y 14 heridos (de un total de 55), es decir, más que Badajoz. Santa Amalia, que ya había sufrido un bombardeo republicano el día 31 de julio —por creer que se habían refugiado allí los guardias civiles sublevados en la estación de Medellín—, que causó cinco víctimas, tuvo que soportar otro de gran dureza el mismo día de la ocupación, el 17 de agosto, que provocó 46 muertos.

 

Por su parte, Yagüe —que sería nombrado tres años después hijo adoptivo de Badajoz, la ciudad que había dejado casi irreconocible— permaneció allí hasta el día 18, cuando se trasladó a Mérida. Esa, la de su partida, sería la primera noche en la que se permitió al vecindario circular por la población hasta las doce. Ese día escribió alarmado a Franco comentándole el contenido de una proclama arrojada por aviones republicanos sobre Navalmoral en la que se animaba a la población a restablecer al alcalde del Frente Popular; y añadía:

 

«Caso de hacerlo esta noche debe ir el alcalde a Herrera. De lo contrario mañana será bombardeado e incendiado por la aviación».

 

Y, como siempre, la habitual conclusión de Yagüe pidiendo la intervención de la aviación «para levantar ánimo población Navalmoral». El día en que Yagüe abandona Badajoz, Franco comunica a Mola que en la ciudad reina la total normalidad y que ha ordenado la detención de la mujer e hijos del general Castelló como rehenes. Yagüe hace también llegar a Franco un telegrama de las señoritas de Collazo en representación de «las mujeres de Badajoz», mediante el que agradecen la «liberación de la ciudad de la esclavitud marxista» gracias a la Legión, por lo que ofrecerán una misa el día 22 de agosto. Al día siguiente, Yagüe, antes de avanzar, comenta a Franco que ha de contar con una base sólida, para la que necesitarán dos unidades de África y una batería del 75, además de otras cinco unidades y una batería del 105 para el avance. De paso aprovecha para comentarle que la ocupación de Medellín, Don Benito y Villanueva —su gran obsesión— aclararía el panorama en la zona y permitiría disponer de tropas para otros frentes. Esto se plasmaría finalmente en un «proyecto para la ocupación de Medellín, Don Benito y Villanueva» a cargo de dos potentes columnas procedentes de Mérida y Miajadas, que no se llegaría a materializar.

 

A estas alturas, y con el gran número de prisioneros capturados a los republicanos a lo largo del mes de agosto, Yagüe envía a Franco el día dos de septiembre un informe sobre las características del enemigo. El informe comienza exponiendo el estado de desmoralización e indisciplina en que

 

se encuentran las llamadas Columnas rebeldes, que carecen en absoluto de mandos eficientes, pues la oficialidad subalterna está reclutada entre las clases, que se les han unido, a las que han promovido al empleo inmediato, dándole además mandos de compañía

 

y que como los cabos no tienen autoridad alguna sobre las fuerzas. «Se da el caso de que estas clases formaban en la hora de la comida en la misma fila que la tropa y mezclada con ella», señala el informe. Después de aludir al engaño en que se encuentran sumidos los militares y a la presión que ejercen sobre ellos los milicianos, el informe concluye que «lo francamente rebelde del frente» son los oficiales y clases, a los que hay que añadir los milicianos voluntarios, que representan lo opuesto a la disciplina y virtud militares; los soldados, según Yagüe, deseaban sumarse a sus filas.

 

En los días siguientes y antes de su cese al frente de la columna Madrid, el 20 de septiembre, tendrá lugar, entre otras, la importante operación que concluirá con la toma de Talavera de la Reina (del Tajo entonces), que cae el día tres de ese mes. Al contrario de las acciones anteriores, para la de Talavera, que queda fuera de este estudio, se cuenta con abundantes documentos entre los que destacan las diversas órdenes que entre el 27 de agosto y el tres de septiembre consiguieron el objetivo final. El día ocho de septiembre Yagüe expondrá a Franco la conveniencia de añadir a las tres agrupaciones iniciales de la columna (Asensio, Tella y Castejón) una cuarta al mando del teniente coronel Delgado Serrano, petición que será atendida el día 18 de ese mes manteniendo la estructura anterior pero creando una columna de reserva al mando de dicho militar con dos tabores de regulares, una bandera del Tercio, una batería, una estación de radio a caballo y una estación óptica pesada.

Curiosamente, ahora que Yagüe volvía a recibir de Franco la potestad de organizar a su antojo las diversas fuerzas que componían la columna, fue cuando ésta tardó más de dos semanas en avanzar desde Talavera a Santa Olalla y Maqueda, donde llegaría respectivamente el 20 y 21 de septiembre, día en que para sorpresa de todos se produjo la sustitución de Yagüe, primero por Asensio y finalmente por Varela Iglesias. El día 21, con las columnas a la altura de Maqueda y mientras sus compañeros golpistas le entregaban el mando absoluto que lo convertía en comandante en jefe, Franco decidió anteponer la ocupación de Toledo a la aproximación a Madrid. Fue entonces, y no tras la ocupación de Badajoz como mantuvo Martínez Bande, cuando se produjo un cambio de estrategia en el estilo de guerra. Dicho cambio —un eslabón más en el tránsito del golpe a la guerra— quedó bien reflejado en lo que Franco respondió al coronel italiano Emilio Faldella cuando, tras varios meses de cerco a la capital, éste le ofreció tropas para ocuparla de una vez:

 

«En una guerra civil, es preferible una ocupación sistemática de territorio, acompañada por una limpieza necesaria, a una rápida derrota de los ejércitos enemigos que deje al país infectado de adversarios».

 

A 21 de septiembre era obvio que Franco —a pocos días de alcanzar la jefatura del Estado— no tenía interés alguno en que la ocupación de Madrid cerrara el proyecto iniciado el 17 de julio en Melilla. Por lo pronto, la marcha hacia la capital no se reiniciaría hasta el seis de octubre…

 

(continuará)

 

 

 

 

[ Fragmento de: Francisco Espinosa Maestre. “La columna de la muerte” ]

 

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