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NUESTRO MARX
Néstor Kohan
[ 067 ]
SEGUNDA PARTE
¿EL RETORNO DE MARX?
La lógica en la construcción científica de El Capital
A la hora de construir el nuevo tipo de conocimiento que expone en El Capital, Marx se apoya en la tradición dialéctica de Hegel. La gran crítica que Marx le hará a su maestro será haber hipostasiado y dotado de completa y absoluta autonomía a la lógica por sobre la historia. La "inversión" de Hegel a la que hace referencia Marx en el epílogo a El Capital no se realiza desde la Idea a la Materia (como habitualmente suponían los partidarios del Materialismo dialéctico-DIAMAT), o sea desde una concepción metafísica a otra. Tampoco desde el "idealismo" al empirismo (según sugirió la escuela italiana de Galvano della Volpe y su discípulo Lucio Colletti, reinterpretando aquella "inversión") ni desde el Sujeto a la Estructura (célebre tesis de la escuela francesa de Louis Althusser y sus discípulos, durante la década del '60, antes de su obra Elementos de autocrítica), sino desde el inamentismo de la Idea hegeliana a la concepción historicista de la praxis, es decir, desde el universo categorial encerrado en sí mismo de la lógica conceptual al espacio categorial abierto al proceso de la historia concebida como resultado contingente de la lucha de clases.
Esta es la razón por la cual de las dos críticas de Trendelenburg a Hegel (véase capítulo anterior de esta investigación), Marx sólo incorpora —parcialmente— la primera, mientras descarta completamente la segunda (el abandono de la contradicción dialéctica). Del encierro claustrofóbico que presupone el acriticismo viciado del "saber puro" hegeliano se sale por la puerta del historicismo, no por el falso pasadizo del empirismo ni por la ventana del aristotelismo. El historicismo construye la piedra de toque de su crítica a la especulación:
"La filosofía de la praxis se deriva ciertamente", sostiene Gramsci en su crítica del hegelianismo, "de la concepción inmanentista de la realidad, pero de esta en cuanto depurada de todo aroma especulativo y reducida a pura historia o historicidad o a puro humanismo".
De todas maneras, esa crítica a su maestro no implicará jamás una ruptura absoluta. Ya maduro, Marx revalorizará el método dialéctico hegeliano y, frente a quienes trataban a Hegel "como a un perro muerto", Marx se declarará orgulloso discípulo del gran pensador y llegará al punto de "coquetear" con él. Hay que otorgarle toda la densidad de su peso al célebre aforismo de Lenin, según el cual quien no haya estudiado y comprendido a fondo a Hegel, no entenderá absolutamente nada de El Capital:
"Es completamente imposible entender «El Capital» de Marx, y en especial su primer capítulo, sin haber estudiado y entendido a fondo toda la «Lógica» de Hegel. ¡¡Por consiguiente, hace medio siglo ninguno de los marxistas entendió a Marx!! [Subrayado de Lenin]".
El Capital está construido sobre la articulación de un conjunto ordenado de categorías. El orden metódico en que Marx va desarrollando estas últimas ha sido ampliamente discutido tanto por quienes enfatizan el llamado orden lógico-estructural" como por quienes defienden el "orden histórico-genético" a la hora de reconstruir el discurso epistemológico de El Capital. Desde nuestro punto de vista, ambos órdenes están presentes en la exposición de Marx pero no revisten una coincidencia biunívoca pues en el conocimiento científico el orden lógico no "refleja" mecánicamente el orden histórico-real.
Si intentamos repensar el orden de exposición que articula las categorías de El Capital deberíamos especificar: (1) ¿cuáles son estas categorías? y (2) ¿en qué consisten estas categorías? —el problema más importante—, incógnita que equivale a interrogarse por la lógica presupuesta que estas implican.
Las categorías expuestas en El Capital son básicamente mercancía, valor (precio de costo, precio de producción, precio de mercado), dinero, capital (constante y variable, fijo y circulante), fuerza de trabajo, trabajo asalariado, plusvalor (ganancia, interés, renta). Marx sostiene —y esto es centralmente determinante— que en toda ciencia social las categorías constituyen conceptos que pertenecen al plano de la teoría en el cual son abstracciones de determinadas relaciones sociales históricas.
Que las categorías teóricas constituyan conceptos pertenecientes al discurso científico con el que opera la teoría crítica no significa que la exposición lógica de El Capital gire sobre sí misma, partiendo de un concepto para derivar en otro concepto y así de seguido, en un orden secuencial absolutamente a priori, sin ningún vínculo ni ligazón con la realidad social. En ese caso El Capital sería un mero tratado de metafísica.
Marx despeja todo lugar a equívoco y lo explica, por ejemplo, en su polémica madura con Adolph Wagner (desarrollada poco antes de morir, en [1879-1880]), cuando sostiene que:
"De prime abord, yo no arranco de «conceptos», y por tanto tampoco del «concepto de valor», razón por la cual no tengo porqué «dividir» en modo alguno este «concepto». De donde arranco es de la forma social más simple en que toma cuerpo el producto del trabajo en la sociedad actual, que es la «mercancía» [...] Como se ve, yo no divido el valor en valor de uso y valor de cambio, como términos antitéticos en que se descomponga la abstracción «valor», sino que digo que la forma social concreta del producto del trabajo, la «mercancía», es por una parte valor de uso y por otra parte «valor», no valor de cambio, puesto que éste es una simple forma de aparecer y no su propio contenido".
Más adelante Marx agrega:
"Así se explica que este vir obscurus [hombre oscuro, referencia a su crítico Adolph Wagner], que ni siquiera se ha dado cuenta de que mi método analítico, que no arranca del hombre, sino de un período social económicamente dado, no guarda ni la más remota relación con ese método de entrelazamientos de conceptos que gustan de emplear los profesores alemanes («con palabras se disputa a gusto, con palabras se arma un sistema» [palabras de Mefistófeles en el Fausto de Goethe])".
En ese mismo manuscrito crítico, que mucho asemeja por su tono polémico a la Miseria de la filosofía, Marx también plantea que:
"Aquí sólo existe una contraposición «lógica» para Rodbertus y los doctorales maestros de escuela alemanes afines a él, que arrancan del «concepto» del valor, y no de la «cosa social», la «mercancía», y luego el concepto se divide (desdobla) por sí mismo como si tuviese dos caras, para acabar discutiendo ¡cuál de las dos quimeras es la que buscaban!".
¿Qué plantea Marx en todos estos casos? ¿Qué él nunca utilizó la lógica dialéctica? Evidentemente no, porque afirmar ello sería absolutamente contradictorio con el epílogo de 1873 a El Capital donde revaloriza la lógica dialéctica, se declara abiertamente discípulo de Hegel y reconoce que "coqueteó" con él en el primer capítulo de El Capital. Lo que Marx sostiene en su polémica con Wagner es que su exposición lógica no parte de conceptos lógicos sino de formas sociales determinadas a partir de la historia —la mercancía— y toda su derivación lógica dialéctica de El Capital -¡que tanta similitud y analogía mantiene con la Ciencia de la Lógica de Hegel!- expresa un conjunto histórico de relaciones que, en su máxima "pureza", conformarán el modo de producción capitalista. La teoría y su exposición lógico-dialéctica, entonces, no giran sobre sí mismas. Poseen un orden de exposición propio pero que remite a un orden social histórico. En el plano de la teoría expresan relaciones —precisamente así se definen cada una de ellas, como relaciones— porque la historia de la sociedad no es nada más que el sucederse de esas mismas relaciones a través de la lucha entre las clases sociales.
Si las categorías remiten a relaciones, habría que delimitar entonces a qué tipo de relaciones se está aludiendo. En este sentido las categorías expresan:
1. Relaciones que suceden en la esfera superficial apariencial (inmediatamente accesible a los sentidos —ámbito del mercado, la circulación, mundo fetichista de la seudo concreción—).
2. Relaciones en la esencia de los procesos sociales (sólo accesible a la teoría crítica, a través del método científico, ámbito de la producción y el trabajo social general, espacio de la explotación).
3. Relaciones entre la esencia y la apariencia.
Para ilustrar estos tipos de relaciones por cuyos distintos niveles circula el discurso epistemológico de Marx recurriremos precisamente a un ejemplo de El Capital.
Determinados economistas criticados por Marx reducían el valor de las mercancías a una relación meramente cuantitativa, y explicaban, a partir de esta última, la relación de valor de cambio. Polémicamente, Marx les responde —defendiendo la teoría del valor trabajo— que la relación cuantitativa entre los valores de dos mercancías intercambiadas en el mercado —esfera superficial directamente accesible a la experiencia (nivel 1)—, se explica a partir de una "propiedad" atributiva de estas mercancías: la de tener valor.
De esta explicación algunos lógicos soviéticos, de la línea del DIAMAT (como, por ejemplo, L. A. Mankovski) extrajeron la conclusión de que en El Capital Marx se pronuncia por una lógica sustancial atributiva, donde la mercancía —en este caso— sería la sustancia y su valor sería su atributo o propiedad, basada en proposiciones lógicas del tipo "S es P" [Sujeto-Predicado].
Sin embargo, continuando la previa distinción entre las diversas esferas donde se ubican las relaciones, esta reducción que Marx hace de una relación a una propiedad o atributo de una sustancia (o lo que es lo mismo, de un predicado que corresponde a un sujeto) sucede en el transcurso de la esfera (1) —la superficial— a la esfera (2) —la esencial. Las relaciones cuantitativas entre mercancías son remitidas a una propiedad: la de tener valor. Pero aquí no termina el razonamiento de Marx...
Pues, ¿qué es el valor? ¿En qué consiste la particular índole social de su "objetividad espectral"? ¿Es acaso el valor una propiedad que se atribuye a una sustancia, como sucedía en la lógica formal sustancial atributiva (desde Aristóteles a Leibniz)?
Las respuesta de Marx son negativas a todas estas interrogantes. En El Capital el valor es, por el contrario, una categoría teórica que expresa en el plano de los conceptos científicos una relación social-histórica de producción. No es una cosa ni una sustancia físico-química, sino una relación social.
De manera que el movimiento teórico desplegado por la exposición lógica de Marx en este ejemplo ha sido el siguiente:
1. Esfera del mercado (superficial apariencial):
— "a R b" (donde "a" y "b" son mercancías que se relacionan cuantitativamente para intercambiarse).
2. Tránsito de la esfera superficial a la esencial:
— "S es P" (donde "S" es la mercancía y "P" es el valor) o también:
— "Px" (donde "x" es la mercancía y "P" es el valor).
3. Esfera de la producción (esencial y determinante):
— "a R b" (donde el valor es "R" mientras "a" y "b" son mercancías).
De donde se concluye que, en última instancia, Marx remite las categorías, sobre las que se articula el corpus teórico científico de El Capital, a relaciones. No rechaza sino que incorpora la lógica formal, sustancial-atributiva, predominante desde Aristóteles a Leibniz (nivel 2). Ella no es un absurdo ni una "desviación burguesa e idealista". Pero la incorpora como momento subordinado a la lógica dialéctica de relaciones.
Hemos dado solo un ejemplo: el valor. ¿Qué sucede con las demás categorías? Todas ellas se remiten siempre, como ya hemos señalado, a relaciones sociales (históricas) de producción.
Por lo tanto, la lógica principal sobre la que está estructurado El Capital es de relaciones y no de sujeto-predicado, o de sustancia-atributo, que de todas maneras permanece integrada como momento subordinado. Esto constituye una discontinuidad notoria entre la armazón lógica que Marx utiliza para construir los conceptos claves de la ciencia social y el límite máximo al cual había llegado la tradición inspirada en la lógica formal (desde Aristóteles hasta Leibniz).
Si esto es correcto, entonces debemos dar cuenta de la razón por la cual Marx no utilizó la lógica sustancial-atributiva como estructura principal de su discurso en El Capital. Aquí se abren líneas de lectura que exceden largamente el espacio restringido de la problemática lógica y epistemológica. Entonces se hace presente la política, el proyecto revolucionario, la ideología emancipatoria.
Marx está interesado en demostrar la historicidad específica del modo de producción capitalista como conjunto de relaciones sociales. Para demostrar su historicidad, a su vez tiene que demostrar que los cimientos sobre los que se apoya (el dinero, el capital, el valor, etc.) no son cosas sino relaciones.
Si las principales categorías que expresan las articulaciones fundamentales del modo de producción capitalista fueran cosas, con sus respectivos atributos, estas serían lógicamente comunes a muchas épocas históricas y, por lo tanto, se perdería lo que tiene de específico este modo de producción a diferencia de los anteriores y los posteriores. Concretamente: si el dinero fuese una "cosa" que produce más de ella misma (más dinero), esta "cosa" sería común a muchas épocas. Antes del modo de producción capitalista (por lo menos desde el siglo VII a.C.) hubo también dinero. Por lo tanto se podría sacar la conclusión de que el dinero es en realidad una "cosa" eterna. Si por su parte el capital fuese "una cosa" (por ejemplo un conjunto de máquinas, instalaciones y edificios, un factor de producción) que rinde una ganancia periódica, esta "cosa" también sería eterna, pues las máquinas y los edificios también existieron antes del capitalismo y seguirán existiendo después.
Marx resumió todas estas apreciaciones con el célebre ejemplo de la esclavitud:
"Un negro es un negro. Sólo bajo determinadas condiciones se convierte en un esclavo. Una máquina de hilar algodón es una máquina de hilar algodón. Sólo bajo determinadas condiciones se convierte en capital. Desgajada de esas condiciones, la máquina dista tanto de ser capital como dista el oro, en sí y para sí, de ser dinero y el azúcar de ser el precio del azúcar [...] El capital es una relación social de producción. Es una relación histórica de producción".
No hay esencia ni atributo —el ser esclavo— prefijada a una "sustancia" o un sujeto —ser afrodescendendiente. En todos los casos lo que determina son las relaciones.
Entonces Marx necesita demostrar teórica y científicamente que estas columnas y cimientos del modo de producción capitalista no son cosas sino que constituyen en realidad relaciones sociales. Porque si son relaciones, las relaciones sociales cambian y se modifican en el transcurso histórico y, por lo tanto, son potencialmente modificables, perdiendo de esta manera su pretendida magia, misticismo y supuesta eternidad.
Marx denomina, en general, fetichismo y, en particular, reificación o cosificación, a la atribución del carácter de "cosa" a aquello que es en realidad una relación. La teoría crítica del fetichismo no es una reminiscencia feuerbachiana especulativa e inútil, supuestamente precientífica. Es quizá la mejor arma de combate teórico-crítico y polémico que posee El Capital —junto a la teoría de la explotación.
Todas las categorías de la economía política, como ciencia social, son relaciones. No cualquier tipo de relaciones, sino relaciones sociales contradictorias. Si cambian en la historia es justamente porque en su seno anida la contradicción, algo que la antigua lógica formal aristotélica no podía admitir. Marx tiene entonces que recurrir a la lógica dialéctica para poder expresarlo y de ese modo captar la contradicción que vive y palpita en el seno mismo de la mercancía —la categoría más simple y abstracta— y que atraviesa el conjunto de relaciones sociales que constituye el modo de producción capitalista.
La teoría crítica de Marx demuestra que las relaciones sociales son consideradas "cosas" por el proceso fetichista que se explica a su vez por sus raíces sociales y objetivas. Para no caer en el fetichismo, y por lo tanto en la ahistoricidad, Marx necesita construir políticamente una nueva lógica de relaciones (apoyándose en la tradición relacional dialéctica de Heráclito y Hegel), distinta de la lógica sustancial atributiva aristotélico-leibniziana ("cosa"—características de esta "cosa"; es decir: sujeto-predicado).
En El Capital la problemática lógico-epistemológica está íntimamente ligada a problemas más amplios, como el historicismo y su crítica del fetichismo. Marx ya había aprendido de Kant (lógica trascendental) y sobre todo de Hegel (lógica relacional dialéctica) que la lógica no constituye un mero juego formal ni vacío. El contenido importa, es central y no puede separarse —sin violar la historia— de la forma.
El contenido analizado, criticado y expuesto en El Capital no es independiente de la forma lógica con que se articulan sus categorías. La crítica política —desde un proyecto y una ideología revolucionarios— de la economía política clásica condiciona y presupone un tipo específico de lógica. Esa crítica no podía hacerse desde cualquier lógica. Marx necesitaba dar cuenta políticamente de las contradictorias relaciones sociales —y del trabajo humano— que estaban "por debajo" del mundo fastuoso e imponente de las mercancías, los valores, el dinero y el capital. ¿Cómo hacerlo sino con una lógica de relaciones que asumiera plenamente la contradicción?
Por lo tanto, si la lógica de Marx es una lógica de relaciones y no una que atribuye una propiedad a un sustrato, su filosofía no puede constituir nunca un materialismo monista en sentido metafísico. Si así fuera, a la Materia, como sustancia universal, se le atribuirían propiedades; al sujeto, predicados. Marx le daría en ese caso la espalda a la filosofía clásica alemana (de Kant a Hegel) para volver a los macizos y pesados brazos de Aristóteles y Parménides. Por eso la "inversión" que realiza el método dialéctico marxista en El Capital no se despliega desde la Idea a La Materia, sino desde una lógica relacional hipostasiada, que gira en el círculo autocentrado en la órbita del concepto, a un discurso político-epistemológico (crítico del fetichismo) igualmente relacional, pero inmerso en y abierto a la historia contingente de la lucha de clases…
(continuará)
[ Fragmento de: Néstor KOHAN. “Nuestro Marx” ]
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