viernes, 3 de febrero de 2023

 

933

 

NUESTRO MARX

Néstor Kohan

 

[ 063 ]

 

 

SEGUNDA PARTE

 

¿EL RETORNO DE MARX?

 

 

 

 

El Método dialéctico

 

[ Intentemos explicar en qué consiste cada uno de estos siete momentos consúltese, desde ahora, el siguiente gráfico:]

 

(4) Totalidad construida

(concreta) "en general"

I

I

 (3) Determinaciones abstractas        

("conceptos" definidos)

I

I

               

(2) Representación plena

(totalidad caótica)

I

I

XXXXXXXXXXXXXX

(1)       Lo real concreto 

 

(existente)

                                        

>>>>>>>>>>>>>>>

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

[B. Mundo conceptual] 

[A. Mundo real]     

(abstracta)

I

I

I

(5) Categorías explicativas

I

I

I

 

(6) Totalidad concreta histórica

explicada

I

I

(7) Realidad conocida

 

 

(…) Con estas categorías ordenadas a partir de la primera totalidad conceptual construida en el nivel (4) —apuntando a la construcción de totalidades cada vez más concretas, diferenciadas, complejas y abarcadoras (con un mayor y progresivo poder de explicación teórica), e incorporando las categorías explicativas más específicas (5)— el conocimiento científico tiende a construir una explicación acabada de la totalidad más concreta (6), en el terreno del conocimiento histórico y social.

 

Escribimos "tiende" y no "llega" pues ni Marx ni ningún científico social hasta el momento ha alcanzado a construir una explicación que incluya la totalidad de las determinaciones de la realidad social; por eso el nivel (6) sería más bien el objetivo y la meta última hacia el cual debería tender y apuntar toda investigación científica y toda explicación perteneciente a la ciencia social. Si esta última es capaz, a partir de la acumulación de los conocimientos ya adquiridos en su historia, de aproximarse al nivel 6 de explicación científica, puede volver a su anterior punto de partida de nivel (1), pero en otro nivel (7), pues la realidad ya no sería confusa e inexplicada sino que, habiendo sido analizada y reconstruida sintéticamente por el pensamiento científico, se volvería una realidad social conocida (7). En la perspectiva de Marx, la finalidad de ese conocimiento es política, apunta a la praxis, que está presente al comienzo y al final del proceso.

 

Todas las categorías científicas —desde el nivel (2) hasta el (6)— pertenecen al mundo conceptualmente producido (B). Es decir, al mundo teórico del conocimiento que el científico va construyendo con el objetivo de conocer la realidad social, para poder contribuir a su transformación. Sin teoría, afirmaba Lenin, no hay movimiento revolucionario (como sin práctica ni proyecto político —consciente o inconscientemente— difícilmente haya producción teórica).

 

La transformación del mundo y su accionar o la conservación (que también implica un accionar), pertenecientes al mundo real (A), son el objeto de conocimiento de toda ciencia social, y se encuentran al comienzo del proceso cognoscitivo, como punto de partida, y al final, como punto de llegada, o sea, como realidad que ha sido conocida o reproducida conceptualmente.

 

Marx plantea explícitamente esta distinción entre el mundo conceptual correspondiente al plano cognoscitivo y el mundo real, para superar la dificultad en la que cae Hegel. No porque para él se pudieran escindir los momentos del conocer y del actuar. Marx siempre se basó en la unidad sujeto-objeto, pero esta unidad la concibió no como homogénea e indistinta sino como diferenciada.

 

Para Marx, Hegel acierta en su crítica al entendimiento kantiano cuando en la Ciencia de la Lógica le reprocha a Kant el limitarse al pobre nivel de la "reflexión externa o extrínseca" —el camino "analítico", en el lenguaje de Marx—, que no sobrepasa el dualismo sujeto-cosa en sí (una abstracción acrítica del intelecto) ni tampoco las determinaciones fijas, ahistóricas, unilaterales y abstractas. Pero en cambio, para Marx, Hegel se equivoca cuando cree que el pensamiento especulativo crea y produce la realidad social. Una impugnación que le venía haciendo ya desde la Crítica de la «Filosofía del derecho» de Hegel (1843) en la que le reprochaba "haber invertido sujeto y objeto" hipostasiando el objeto lógico convirtiéndolo especulativamente en el sujeto de la historia e, inversamente, transformando al sujeto histórico —los hombres, la sociedad, la humanidad— en un objeto subproducto de la lógica, en una mera expresión secundaria, fenoménica y derivada de la idea en su máxima pureza. Esa impugnación juvenil era en alguna medida —como señala Mario Rossi— deudora de las críticas que Adolph Trendelenburg —a cuyos cursos de Berlin había asistido el joven Marx— había dirigido a Hegel en 1840.

 

Trendelenburg, que nutría espesamente sus argumentos tanto de la lógica clásica aristotélica como del entendimiento kantiano, apoyaba su cuestionamiento de Hegel sobre dos grandes núcleos.

 

El primero de ellos (a) sostenía que a pesar de que la Lógica hegeliana pretendía partir de un comienzo puro, incondicionado y sin presupuestos, en realidad el pensamiento puro —"saber puro", para Hegel— presuponía todo el tiempo una representación del espacio —"intuitiva", sentenciaba Trendelenburg siguiendo a Kant— sin la cual nunca podría surgir el devenir. En otras palabras, el devenir no puede emerger solamente de una lógica conceptual. Esto implicaba, entonces, que el pensamiento puro no era puro, el decurso lógico no era solo lógico pues ambos incluían sin beneficio de inventario —y, por lo tanto, de manera acrítica— el mundo real. Primera conclusión de Trendelenburg: todo el proceso de hipóstasis logicista estaba viciado y contaminado desde el inicio, la realidad "se intercalaba" sin permiso, eludiendo alegremente la vigilancia del "saber puro" y violando la virginidad de la lógica. Paradójicamente, este tipo de crítica antihegeliana ya la había utilizado el mismo Hegel contra el formalismo y el apriorismo kantiano (por ejemplo, al impugnar la viciada universalidad del imperativo categórico).

 

El segundo argumento (b) planteaba que en Hegel había una confusión radical entre "contradicción lógico-dialéctica" y "oposición real". Para el aristotelismo de Trendelenburg la negatividad dialéctica de Hegel era algo "confuso", pues la contradicción lógica jamás agregaría nada nuevo —una "superación", en el lenguaje de Hegel— a los elementos que se contradicen en el orden puramente conceptual. Solo la oposición real —que incluye un elemento sensible intuitivo, como es el espacio para Kant— permite añadir un tercero a los dos elementos opuestos.

 

De las dos críticas de Trendelenburg es innegable que la primera encontró un fuerte eco en toda la crítica marxiana a la hipóstasis logicista y apriorista hegeliana (desde la Crítica de la Filosofía del derecho, de 1843, hasta la introducción de los Grundrisse, de 1857, que estamos analizando). En cambio, resulta sumamente dudoso, e incluso infundado, sostener que Marx hiciera suya la segunda crítica que niega la contradicción dialéctica y solo llega a aceptar la contraposición real. La perspectiva de esta segunda crítica está fuertemente emparentada con el hecho de que Trendelenburg se basa de manera muy estrecha en la lógica sustancial atributiva de sujeto y predicado (formal en Aristóteles, trascendental en Kant). Al rechazar la lógica relacional, en la cual las relaciones no solo se establecen entre sustancias mutuamente separadas — oposición real— sino que también atraviesan internamente a cada una de las sustancias constituyéndolas y transformándolas en sujetos. Trendelenburg se ubica a años luz de distancia de la epistemología de Marx.

 

¿Cómo entender si no el primer capítulo de El Capital y su estructura lógica relacional? En su exposición lógico-dialéctica Marx no hace precisamente otra cosa que partir de la mercancía en tanto forma social conformada por la identidad de dos opuestos (valor y valor de uso). Identidad que encierra la diferencia interna entre el ámbito producto del trabajo útil—concreto y el ámbito producto del trabajo abstracto. Identidad diferenciada que se transforma en oposición entre dos valores que se enfrentan en el mercado bajo la forma simple de valor. El valor de la mercancía que cumple el papel de forma relativa se homologa con el valor de la que cumple la función de forma equivalencial. Desde la forma simple del valor —mera contraposición—, pasando por las formas total desplegada y general del valor hasta llegar a la forma dinero, en la cual uno de los polos que en un comienzo era apenas una diferencia interna respecto de la identidad de la mercancía, se transformó —se independizó, se autonomizó y cobró existencia propia gracias al fetichismo y la reificación— en tanto elemento contradictorio del primer polo. El valor de cambio ha cobrado vida y se ha vuelto contradictorio. Esa contradicción se generalizará históricamente y se fijará socialmente como forma dinero cuyo automovimiento ("valor que se valoriza a sí mismo" como más adelante veremos) se transformará, expropiando trabajo ajeno, en capital. Capital que no es otra cosa que cristalización cosificada de trabajo muerto y pretérito, es decir, del primer elemento contradictorio interior a la unidad —valor— que se ha independizado hasta el punto de invertir el orden real y terminar subsumiendo — formal y realmente— su misma fuente de vida, la fuerza de trabajo. Esa independización del polo contradictorio, antes interno a la identidad y ahora completamente externo, llegará a su límite máximo de desarrollo bajo la figura del interés (en el cual el dinero —aparentemente— genera valor por sí mismo, sin necesidad de su polo contradictorio, el trabajo). En determinados momentos de la historia (y dadas ciertas condiciones objetivas y sobre todo subjetivas) esa contradicción latente que subyace en la unidad idéntica de cada mercancía consigo misma estalla. Es el momento de la crisis cuando, según Marx, se acumulan las contradicciones y "los elementos contradictorios que hasta ese momento estaban reunidos ya no pueden permanecer juntos bajo la misma unidad".

 

Todo este proceso lógico-dialéctico estructurador de las categorías principales de El capital se encamina, entonces, desde la identidad y la unidad diferenciada, pasando por la oposición hasta llegar a la contradicción y a su estallido, la crisis (condición necesaria pero no suficiente para la revolución; sin sujeto la crisis no deriva automáticamente y por sí misma ni en "catástrofe" ni en "derrumbe" ni obviamente tampoco en revolución). Como el método de Marx es historicista, la lógica es siempre en Marx una lógica de la historia; por lo tanto, no marcha automáticamente y por sí misma, no tiene piloto automático, es decir que no opera si no hay sujeto. El decurso lógico tampoco determina de antemano un rumbo histórico (otra gran diferencia con Hegel). La historia tiene un final abierto, el final y la resolución de las contradicciones no son decididos por la lógica sino por la contingencia histórica de la lucha de clases. Por eso, la forma del círculo no alcanza a dar cuenta de la lógica con la que Marx estructuró El Capital.

 

De ahí que resulte infundado atribuir a Marx la adhesión a la segunda crítica de Trendelenburg a Hegel porque este la había sustentado implícitamente en el dualismo entre lo lógico y lo histórico, entre lo conceptual y lo real, rechazado de plano por Marx. Marx diferencia, en 1857, "concreto pensado" (6) de "concreto real" (1), pero de ahí no deduce jamás que la dialéctica sea un mero ejercicio conceptual radicalmente separado de la realidad histórica, como planteaba Trendelenburg (y con él Aristóteles y Kant) o años más tarde y desde otra óptica, Louis Althusser.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                              

 

En verdad, el pensamiento —todo el mundo conceptual ubicado en el nivel (B)— crea, construye y produce las categorías y conceptos científicos desde (2) hasta (6), pero no crea ni produce la realidad social (1) y (7), la que en cambio sí es producida y mediada por la praxis histórico-social de la humanidad que no se reduce de ninguna manera (aunque lo incluya) al conocimiento. Entonces, la distinción marxiana cumple el papel de prevenirnos frente a la potencial confusión de los planos (6) y (1), puesto que lo que es resultado del pensamiento es la totalidad concreta pensada (6), pero no la totalidad concreta real (1) y (7). La sociedad y el conocimiento, ambos, son producciones sociales e históricas. Ninguno de los dos existe al margen del ser humano y su historia. Pero son producciones diferenciadas en sus diversos niveles de praxis.

 

En torno a la relación existente entre el método de descubrimiento (investigación) y el de justificación (exposición), consideramos que el modo de investigación se desarrolla principalmente desde (1) hasta (6), pasando por (3), permitiéndonos llegar a las determinaciones más simples a partir de las cuales se puede alcanzar a reconstruir —mediante las teorías científicas— la totalidad social investigada. Si la dirección principal se despliega hacia (3), cuando el método de investigación finaliza, ello implica que ya se han descubierto las totalidades concretas más abarcativas (4) hasta 6) que permitirán, a su vez, comenzar luego la exposición por (3). El modo de exposición se dirige en cambio desde (3) hasta 6), partiendo de las determinaciones simples y abstractas y tendiendo a llegar a las más concretas que ya habían sido previamente descubiertas en la investigación. En ambos casos, investigación y exposición, descubrimiento y justificación, la selección y el ordenamiento metodológico del material responde a un criterio esencialmente político e ideológico. La política y la ideología no son externas sino internas respecto del mismo desarrollo teórico.

 

En cuanto al orden de exposición de las categorías —niveles (3) y (5)—, la interpretación tradicional sustentada en la teoría del reflejo del DIAMAT (Materialismo dialéctico) ha enfatizado la estrecha vinculación y una supuesta correspondencia biunívoca entre el orden lógico de las categorías científicas del mundo teórico-conceptual (B) y el orden cronológico-histórico de las relaciones sociales presentes en el seno de la historia y la sociedad reales estudiadas (1) y 7) del nivel (A), al que las primeras reflejarían. Frente a esta tesis es posible sostener la posibilidad de independencia del orden lógico e incluso su potencial inversión categorial con relación al orden cronológico-histórico. El historicismo metodológico de Marx no constituye de ningún modo un empirismo.

 

Habiéndonos aproximado al modelo epistemológico marxiano es necesario, entonces, especificar la relación existente entre las dos alternativas que se le presentan a los científicos sociales: la del método "analítico" y la del método "dialéctico".

 

El camino analítico sería aquel que priorizaría el análisis, la separación y la fijación de las determinaciones más simples presentes en la representación en conceptos definidos. Se desplazaría del nivel (2) al (3) y llegaría, como resultado de su análisis, a determinaciones abstractas y genéricas. El camino dialéctico se desplegaría, en cambio, desde el nivel (3) hasta el (6), y comenzaría justo por donde había concluido el método analítico, es decir, por las determinaciones más simples desde las cuales ascendería a las categorías más complejas y explicativas. El camino metodológico propuesto por Marx va de lo abstracto a lo concreto, de lo simple a lo complejo.

 

En Marx esta distinción presupone el rescate del método analítico pero reubicándolo como momento subordinado e integrado a la línea general dialéctica que —como hiciera Hegel con Kant— reutiliza el análisis característico del entendimiento y de la representación en una unidad diferenciada junto a la síntesis propia del concepto y de la razón dialéctica. Los partidarios epistemológicos del análisis como único método para las ciencias sociales no plantean entonces un absurdo. Solo una unilateralidad…

 

(continuará)

 

 

[ Fragmento de: Néstor KOHAN. “Nuestro Marx” ]

 

*


2 comentarios:

  1. "Marx es una figura imprescindible para entender el final del siglo XIX y todo el siglo XX. A Marx se le ha intentado enterrar intelectualmente muchas veces, pero su genio y su obra emergen continuamente. Una de las últimas ediciones masivas fue a partir de la gran recesión de 2007 y 2008 donde sus obras, especialmente las nuevas ediciones de El Capital, se volvieron a publicar en varias lenguas y editoriales. Los estudios sobre la obra y la biografía de Marx no cesan. Los archivos MEGA (2) siguen siendo una fuente casi inagotable de información, a partir de su correspondencia como de sus borradores. Por lo tanto, sobre Karl Marx no hay nada definitivo y mucho menos esta pequeña aportación. Durante cincuenta años he formado parte de esta corriente de pensamiento. Escribir sobre la obra de Marx (con una mirada más lejana que en el siglo pasado) no es un ejercicio de nostalgia. Marx sigue teniendo actualidad y la influencia de sus ideas (no siempre bien transmitidas) llegan a muchas y muchos jóvenes que quieren encontrar en su rebeldía un fondo ideológico o teórico. Creo que la obra de Marx debe analizarse dentro de la época en la que vivió, sin atribuir a Marx lo que dijeron los marxistas posteriores."

    Jesús Jaén Urueña

    Completo aquí:

    https://cctt.cl/2023/02/03/marx-un-debate-necesario-sobre-su-obra/?utm_source=mailpoet&utm_medium=email&utm_campaign=the-last-newslettertotal-posts-from-our-blog-2915

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  2. Marx escribió su obra “para los de abajo”. Engels le confesó que algunos textos no lograba descifrarlos ni menos comprenderlos. Si eso le ocurría a él, que procedía de “los cultivados de arriba”, es fácil imaginar las dificultades que enfrentarían los “iletrados de abajo”. Marx alegó que no era fácil explicar con sencillez unos asuntos tan complejos y áridos, y que estaba “sudando sangre” para evitar caer en la trampa de una excesiva simplificación que de seguro acabaría en un estéril ejercicio de trivialización y banalización, de falseamiento de lo real.

    Antonio Gramsci podría ser la encarnación exacta de lo que “los de abajo”, y él procedía de los más pobres entre los pobres, pueden llegar a hacer a partir del entendimiento y la comprensión de la revolucionaria obra de Marx…



    «Para los de arriba»

    Hablar de comida es bajo.
    Y se comprende porque
    ya han comido.

    Los de abajo tienen que irse del mundo
    sin saber lo que es
    comer buena carne.

    Para pensar de donde vienen
    y a dónde van,
    están demasiado cansados.

    Todavía no han visto
    el vasto mar y la montaña
    cuando ya su tiempo ha pasado.

    Si los que viven abajo
    no piensan en la vida de abajo,
    jamás subirán.

    ( Bertolt Brecht )

    *

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