domingo, 26 de diciembre de 2021



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Joan E. Garcés  /   “Soberanos e intervenidos”

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3. La Guerra Fría en América Latina

 


“III. El «enemigo» en América Latina

 

En paralelo con el desarrollo de la guerra fría y la doctrina Truman, el seguimiento e infiltración de los partidos políticos por los servicios secretos de EEUU ha sido sistemático en todos los países de su área de influencia. De ello dará idea la relación de informes hoy accesibles sobre el Partido Comunista en la documentación del Departamento de Estado, apenas una parte de los relativos a este partido chileno que pueden leerse en la Sala de Lecturas de los Archivos Nacionales de Washington, D.C. 

 

Los servicios de EEUU estimaban en 1948 que en los veinte países de América Latina el conjunto de los militantes de partidos comunistas era de unos 360.000, equivalente al 0,25% de su población. Diez años después su número total era rebajado a unos 200.000, de los cuales 80.000 estaban en Argentina, 40.000 en Brasil y muchos menos en Chile y Perú; privados de derechos políticos en todos los países excepto en cinco –Argentina, Uruguay, Colombia, Ecuador y México. En la documentación del Departamento de Estado se había anticipado en junio de 1948 que «el comunismo en las Américas es un peligro potencial, pero con quizás unas pocas excepciones no es un peligro serio en estos momentos». En 1953 el Consejo Nacional de Seguridad recogía su articulación con aspiraciones nacionales latinoamericanas:

 

el comunismo debe ser considerado no sólo como un movimiento en sí mismo sino también como una fuerza que explota y expresa razonadamente las llamadas “aspiraciones nacionalistas”, y que provee orientación organizativa y política a todos los elementos anti-EEUU. Aunque es una facción minoritaria en el área, actualmente es un serio problema en Guatemala y posiblemente crece en forma preocupante en Brasil y otros países. Fuera de la ley en varios países, posee no obstante las potencialidades peligrosas que caracterizan su presencia en otras partes del mundo. Su doctrina, que es paralela a la doctrina nacionalista en importantes aspectos, tiene un fuerte atractivo entre intelectuales y obreros, con el resultado de que han sido penetrados las escuelas y sindicatos.

 

Y en 1958 la CIA retenía que

 

los comunistas vuelven a enfatizar la alianza de “frente unido”, formado con uno o más partidos no comunistas con finalidad electoral […] tienden a favorecer con su apoyo a los principales líderes políticos nacionalistas, incluso sin que éstos se lo pidan, dado que el logro de metas populares viene bien a lo que los comunistas desean en su actual fase de desarrollo […].

 

¿Qué preocupaba al gobierno de EEUU en el caso concreto del Partido Comunista de Chile? Una temprana respuesta se encuentra en el memorándum de 25 de agosto de 1945 de la Escuela Nacional de Guerra (NWC). No era tanto su afinidad ideológica con la URSS –argumento para la propaganda– sino la voluntad de oponerse al dominio norteamericano sobre los recursos naturales de Chile:

 

[…] El embajador Bowers hace saber que conversaciones recientes de Contreras Labarca (secretario general del PCCh) y Ricardo Fonseca (diputado PC y director de [el diario] El Siglo) revelan que la determinada política anterior de “unión nacional y antifascismo” ha sido ampliada ahora para incluir “luchar contra los intereses norteamericanos y las inversiones de capital de EEUU en Chile”. Si esto es significativo por sí mismo, parece ser de especial interés en relación con la campaña del diputado comunista Rosales contra la Braden Copper Mine.

 

Durante la guerra las relaciones económicas se subordinan a los planes bélicos. Era uno de los «objetivos de EEUU respecto de América Latina […] e) la producción adecuada en Latinoamérica, y el acceso de EEUU, a materiales básicos esenciales para la seguridad de EEUU». La instrumentalización del presidente de Chile al servicio de las empresas de EEUU se puede observar en septiembre-noviembre de 1946, cuando los sindicatos de la mina de cobre propiedad de la empresa norteamericana Kennecott fueron a la huelga pidiendo mayores salarios. El presidente de la Kennecott pidió en octubre al State Departament que interviniera, y éste manifestó al gobierno chileno que si arbitraba el conflicto laboral en términos desfavorables a la empresa Kennecott ello sería interpretado como prueba de que estaba manipulado por el Partido Comunista. La propuesta de arbitraje del gobierno de Santiago en noviembre no satisfizo a la Kennecott, y el secretario de estado adjunto –Spruille Braden, accionista de la empresa que explotaba a su vez el otro gran yacimiento de cobre chileno, El Teniente– ordenó el embargo de todos los créditos de EEUU a Chile hasta tanto la huelga no se cerrara conforme deseaba la empresa. En enero de 1947 el gobierno de González Videla cerró el conflicto, en los términos que satisfacían a la Kennecott. Igual experiencia se reprodujo en la primera semana de octubre de 1947. Mientras que el presidente González  Videla pedía al gobierno de EEUU que le aprovisionara en carbón para, así, militarizar y quebrar la huelga en las minas carboníferas de Lota-Schwager y expulsar a 2.000 de los 15.000 huelguistas, anticipaba el propio González al embajador Bowers que estaba preparando la ulterior expulsión de los líderes sindicales de las minas de cobre y salitre del Norte, e informaba a Bowers que «pedirá a las compañías [norteamericanas] que le proporcionen secretamente los nombres de los más destacados agitadores [sindicales]».

 

Las grandes minas de cobre, que significaban dos tercios de las exportaciones de Chile y la fuente de la mitad de su presupuesto anual, estaban en manos de capital norteamericano y emergen en la documentación diplomática como causa primera para señalar en el Partido Comunista al “enemigo” a destruir. Motivación material cuya fuerza sobresale al contrastarla con los restantes argumentos que la propaganda divulgaría. Veámoslos.

 

El PCCh era visto en segundo lugar como coordinador, a impulsos de la URSS, de la resistencia de América Latina contra injerencias de EEUU:


Debe recordarse que uno de los objetivos perseguidos durante el XIII Congreso Nacional del Partido Comunista de Chile era el de impulsar un frente político unificado de los partidos comunistas de América Latina, y permitir un intercambio de experiencias; y debe también recordarse que información obtenida de una fuente fidedigna chilena […] indicaba que entre las sugerencias e instrucciones recibidas por los dirigentes comunistas chilenos de la Embajada soviética en Ciudad de Méjico, había una llamando a elevar el nivel de lucha contra el “imperialismo yanqui” y la interferencia de EEUU en los asuntos internos de los países latinoamericanos.

 

En tercer lugar, se le distinguía como emisor de propaganda contra el Gobierno y las empresas de EEUU, siguiendo supuestas instrucciones extranjeras no siempre identificadas, y a favor de la URSS:

 

La campaña comunista contra EEUU al parecer alcanzó su mayor nivel el 31 de agosto, cuando el diario comunista de Santiago publicó casi una docena de noticias destinadas, íntegra o parcialmente, a atacar a EEUU, al presidente Truman, al Departamento de Estado y a los intereses económicos de EEUU […]. Esta acción de los comunistas debe situarse en contraste con la aparición, en El Siglo, de muchas noticias de propaganda soviética que tienen su origen en la Oficina de Prensa soviética, y que aparece en el ejemplar de El Siglo del 31 de agosto. Esas noticias aparecen todos los días en un número muy reducido.

 

Durante el período comprendido entre el 18 y 25 de agosto de 1946, la propaganda comunista chilena contra EEUU se decía que había sido incrementada considerablemente, según parece, como resultado de instrucciones de una fuente no identificada fuera de Chile. Esta campaña fue llevada a cabo principalmente por el diario de Santiago El Siglo.

 

En cuarto lugar, se le señalaba como favorable a romper el aislamiento económico de América Latina respecto de la URSS, al proponer que Chile abriera un mercado para sus exportaciones en Europa oriental –lo que EEUU tenía prohibido:

 

En Chile, las incertidumbres sobre el problema de las [decrecientes] exportaciones de cobre, junto con la creciente inflación, ha impulsado el sentimiento nacionalista contra las empresas de propiedad Norteamericana y la política comercial de EEUU, con el resultado de que la propaganda comunista ha aumentado en volumen y eficacia. Hemos hecho esfuerzos para combatir la campaña demagógica a favor de vender cobre a la URSS, creando conciencia pública de las consecuencias de tales ventas sobre las relaciones EEUU-Chile […].

 

En síntesis, en la política de la Administración Truman contra el PCCh se observa una articulación de consideraciones estratégico-militares mundiales con intereses de empresas de EEUU instaladas en el país latinoamericano:

 

[…] Durante las conversaciones personales que sostuvo Ríos en EEUU con altos dirigentes del Gobierno, de las finanzas y de la industria, fue informado de la preocupación de estas personas por la fuerte implantación del Partido Comunista chileno en la vida económica y política del país.

 

En el transfondo se observa la obsesión, alimentada por los servicios de seguridad de EEUU, ante cualquier forma de colaboración entre organizaciones latinoamericanas y una Potencia europea independiente. Valga un ejemplo: mientras que demócratas del Mundo entero se solidarizaban con los republicanos españoles que resistieron la intervención germano-italiana en 1936-1939, la simpatía ideológica hacia aquellos en América Latina activaba entre los guerreros de la guerra fría el reflejo geopolítico de amenaza a la hegemonía de EEUU:

 

Los comunistas sostienen que su primer paso hacia la libertad económica lo constituye las relaciones políticas y comerciales con la Unión Soviética. Una vez establecidas esas relaciones, tendrá lugar después una acción concertada para denunciar el gobierno del general Franco en España, a ser reemplazado por un gobierno amistoso hacia los soviéticos; establecer después relaciones políticas y comerciales entre España y Rusia. España, dado el carácter de su pueblo, además de su idioma, tiene mucho en común con el pueblo de los países latinoamericanos. Es por intermedio de España y con su ayuda que Rusia espera desplazar América Latina fuera de la política de EEUU. España, con sus reservas de carbón y hierro, y otros minerales, fabricaría maquinaria con ayuda soviética, para exportarla a Chile y otros países de América Latina y reemplazar a la maquinaria y capitalismo de EEUU.

 

Un eventual éxito electoral de los partidos comunistas de Italia y Francia era contemplado con idéntico prisma: «[…] la influencia de la cultura e ideas francesas siempre ha sido fuerte en las Repúblicas americanas, y una Francia dominada por los comunistas haría toda clase de esfuerzos para sacar provecho de esa ventaja»[46]. Pero esta reminiscencia de la influencia histórica europea en América Latina había quedado, desde 1945, concentrada en Rusia:

 

El comunismo internacional en estos momentos debe ser contemplado como un instrumento del Kremlin, que éste utiliza para avanzar los designios imperialistas rusos y suplantar la democracia en el Mundo por un sistema totalitario de Estado-policía que suprime los derechos humanos y las libertades cívicas. […] La seguridad nacional de EEUU debiera ser el factor determinante al establecer nuestra posición en relación con las medidas conjuntas interamericanas para combatir al comunismo […]. Un estudio urgente debe ser hecho por ARA [sección A. Latina], EUR [sección Europa] y S/P para determinar si el interés nacional sería servido por un resuelto liderazgo de EEUU para que los distintos Gobiernos declaren ilegales a todos los partidos comunistas del Hemisferio Occidental, y eliminar la influencia y actividades comunistas hasta donde sea posible.

 

Propaganda al margen, la voluntad y capacidad de subversión militar reconocida al Partido Comunista latinoamericano aparece en la documentación como inexistente. El agregado militar de EEUU todo lo que puede informar sobre este importante extremo el 9 de noviembre de 1945 es que Guillermo Sáenz González, del comité regional de Valparaíso, conoce a cinco conscriptos del reemplazo. El centro de atención de los servicios norteamericanos en este terreno eran las instalaciones navales en Valparaíso y Talcahuano. El informe del Agregado Naval de 16 de abril de 1946 mostraba una apreciación que ayuda a interpretar el porqué de la brutal y masiva represión que, en 1948 y 1973, se abatió en ambos puertos sobre los cuadros y militantes sindicales y de partidos de izquierda: «Si bien no parece haber razones para una acción subversiva en estos momentos, existe un potencial peligroso». 

 

¿Cuál era ese “potencial”? No otro sino que el PCCh tenía una amplia militancia en ambos puertos y Concepción: «podría ser, en caso de provocación, una amenaza seria para la estabilidad nacional». Es decir, la amenaza en potencia sería la eventual respuesta a una provocación de que fuera víctima el PCCh –su persecución, encarcelamientos, represión–, no una iniciativa de éste. La sola postura militar del PCCh que levantaba sospechas era que la de que no promovía la objeción al servicio militar universal: «se sabe que los comunistas están exigiendo a los militantes del partido que cumplan con sus obligaciones militares; es decir, que no rehúyan el servicio militar obligatorio».

 

El riesgo real quedaba delimitado en el informe a la situación socioeconómica general: «las condiciones económicas en Chile son tan malas en estos momentos que los atentos propagandistas del Partido Comunista tienen una oportunidad ideal para capitalizar el malestar por la situación, y provocar la insatisfacción general».

 

Este informe era acompañado de la relación nominativa y los domicilios de miembros del Comité Regional del PCCh en Valparaíso, y de la Federación del Transporte Marítimo y Portuario de Chile –integrada, también, por militantes socialistas. Quedaron así identificados para cuando se diera la orden de represión. En este sentido destaca el informe del embajador Bowers al secretario de Estado y al director del FBI de 4 de marzo de 1947, con 45 páginas rellenas de nombres de miembros del Partido Comunista en Valparaíso, sus domicilios, número de documento de identidad, puesto de trabajo, cargo, dirección del lugar de trabajo, directorios, organizaciones locales, etc. El director del FBI reenviaba el listado, a su vez, al jefe de la División de Correlación de Actividad Extranjera (Departamento de Estado, precedente de la CIA), al jefe de Inteligencia Naval, al director de Inteligencia (War Department, General Staff, Pentagon). Calibrar el fin y alcance de tales identificaciones requeriría su contraste con la lista de cuadros políticos perseguidos, encarcelados en Valparaíso o desterrados meses después.

 

Un informe de ocho páginas del director del FBI, John Edgar Hoover, había resumido el 14 de noviembre de 1946:

 

se informa que el Partido [Comunista] ha rechazado la agitación abierta dentro de las fuerzas armadas como técnica para infiltrarse. Según informes, los militares chilenos están relativamente libres de influencia comunista, aunque los comunistas tienen alguna influencia en las instalaciones navales del Puerto de Valparaíso. Esta influencia aparece centrada en torno de empleados civiles de la Marina en el puerto. Se informa que una célula comunista ha sido formada en la escuela de la Fuerza Aérea de Chile, pero la fiabilidad de esta información es discutida. El supuesto líder de este grupo parece despertar la sospecha de los dirigentes del partido, quienes temen que sea un infiltrado de los altos mandos de la Fuerza Aérea…”


(continuará)

 


[Fragmento de: Joan E. Garcés. “Soberanos e intervenidos”]

 

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