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STALIN, HISTORIA Y CRÍTICA DE UNA LEYENDA NEGRA.
Domenico Losurdo.
( 35 )
LA ANDADURA COMPLEJA Y
CONTRADICTORIA DE LA ERA DE STALIN
Siberia zarista, "Siberia" de la Inglaterra liberal y Gulag soviético
¿Debemos aproximar o incluso asimilar el Gulag soviético al Konzentratiomlager nazi? Es una pregunta a la que se podría responder con otra: ¿por qué limitar la comparación sólo a estas dos realidades? En la Rusia de los zares -sentencia Conquest (siguiendo a Solzhenitsyn)- el universo concentracionario estaba menos superpoblado y era menos despiadado que en tiempos de Lenin y sobre todo de Stalin. Vale la pena recordar lo que Antón Chéjov escribía en 1890:
Hemos dejado marchitarse en prisión a millones de personas sin motivo, sin consideración alguna y de modo bárbaro; hemos arrastrado a esta gente encadenada al hielo a lo largo de decenas de miles de verstas, la hemos hecho contagiarse de sífilis y la hemos corrompido, hemos aumentado el número de criminales. Pero somos todos nosotros los que sin embargo tomamos frente a todo este asunto la distancia debida, casi como si no tuviese nada que ver con nosotros.
En el transcurso de su duración secular, el universo concentracionario zarista (que, a partir al menos de Pedro el Grande, de manera similar al Gulag intenta también procurarse la fuerza de trabajo necesaria para el desarrollo de las regiones más desoladas y menos desarrolladas) ha presentado a menudo trazos de extrema crueldad. Una vía dolorosa conducía a los condenados al exilio, es decir, al trabajo forzado en Siberia: «además de ser golpeados con el bastón, muchos de ellos sufrían la mutilación de una mano, de un pie, de una oreja, así como la humillación de ser marcados a fuego». Sí, en el siglo diecinueve se intentan eliminar «las formas más extremas de crueldad», pero se trata de medidas parciales que por lo demás no siempre tienen éxito.412; De todo ello emerge cuán frágil es el intento de relativizar la Siberia zarista, con el fin de aislar al Gulag soviético y asimilarlo al Konzentrationslager nazi. Pero es más importante una consideración ulterior: ¡es metodológicamente incorrecta una comparación que equipara una condición de normalidad con un agudo estado de excepción! Leída con mayor conciencia crítica, la comparación realizada por Conquest puede tener un resultado opuesto al proclamado por él: solamente en la Rusia prerevolucionaria la detención y deportación por vía administrativa es considerada una práctica normal, también en ausencia de conflictos y peligros particulares. En la Rusia soviética, sin embargo, el estado de excepción influye potentemente en la génesis y la configuración del universo concentracionario, que se hace más brutal cuanto más se aleja de las condiciones de normalidad.
Es necesario ahora dar un paso más adelante. Más allá de Rusia (zarista y soviética) y de Alemania, es necesario también convocar a otros países para la comparación. Al universo concentracionario realizado por la Inglaterra liberal le corresponde una función doble. A propósito de los «disidentes irlandeses» se ha observado que éstos «entre el siglo dieciocho y el diecinueve tuvieron en Australia su Siberia oficial», que al menos hasta 1868 engulle a «representantes de casi todos los movimientos radicales existentes en Gran Bretaña». Esto en lo que respecta a la represión. Pero es necesario no perder de vista la función económica de la "Siberia" liberal inglesa. Inmediatamente después de la Revolución Gloriosa, aumentan de manera masiva las sentencias que sancionan la pena de muerte. Esta recae tanto sobre los responsables del hurto de un chelín o de un pañuelo, como sobre los responsables del corte abusivo de un seto ornamental, y no pueden evitar el castigo ni siquiera los chicos de once años.
Esta legislación terrorista, que con algún retoque perdura todavía en el siglo diecinueve, prevé una alternativa: los beneficiarios de la gracia son sometidos a una servidumbre penal, que los obliga a trabajar por un determinado número de años en colonias todavía poco aprovechadas y exploradas, en especial en Norteamérica y más tarde en Australia. En otras palabras; también en el ámbito económico Australia constituye la «Siberia» de la Inglaterra liberal: sus funciones disminuyen a medida que interviene el trabajo primero de los esclavos negros y después de los coolies indios y chinos además de otros pueblos coloniales.
La "Siberia" inglesa no es menos cruel que la zarista. De esta «sociedad totalitaria» que se desarrolla en Australia mientras se perpetúa al mismo tiempo el exterminio de los aborígenes, se hizo un retrato basado además en la literatura autobiográfica disponible y que resulta especialmente aterrador:
A intervalos impredecibles se reunía a los detenidos, se les contaba, y se les sometía a una inspección completa, con inspección de la boca y del ano [...]. «La comida se llevaba a las diferentes escuadrillas en platos de madera o cubos de estaño que eran colocados frente a ellos como si fueran perros y cerdos, y como perros y cerdos tenían que llevársela a la boca»
[...]. La disciplina se apoyaba en la figura del delator [...]. No hacer de espía se había convertido por tanto en un comportamiento sospechoso de por sí. No pasaba una semana sin que fueran desveladas retorcidas conspiraciones, con listas de nombres incluidas, en una carrera de delaciones [...]. «Este tráfico de sangre humana [...] era el único modo de obtener indulgencias». Para los soplos contaba bastante más el número que el contenido. Los delatores tenían sus cuotas de denuncias que alcanzar y eran «capaces de cualquier acto de traición y de sangre, no importaba cuán vil o aleatorio» [...]. Las relaciones normales entre culpa y castigo se transmutaban en una ininterrumpida historia de sadismo, cuyo único objeto era mantener el terror [...]. La autoridad se ejercía de manera absoluta y caprichosa [...]. Los doscientos latigazos [de castigo] fueron repartidos [en más días...]. Los flageladores se llenaban tanto de sangre como nosotros [...].El único modo resolutivo para acabar con el sufrimiento era el suicidio.
En efecto el suicidio no solamente era habitual, sino que era una práctica que a menudo implicaba a toda la comunidad de detenidos: «En un grupo de presos se echaban suertes entre dos hombres: al primero le tocaba morir, al segundo la tarea de matar al primero. Al resto el papel de testigos». De este modo, para los pocos días del viaje y del proceso (que se desarrollaba en Sidney, a cierta distancia de la "Siberia" propiamente dicha), antes de ir a la horca, el asesino podía disfrutar de la condición de detenido normal (el suyo en realidad era un suicidio indirecto y diferido). Y esta pausa les permitía a los testigos respirar, antes de volver al infierno y proceder eventualmente a un nuevo sorteo…
(continuará)
[ Fragmento de: Domenico Losurdo. “Stalin, historia y crítica de una leyenda negra” ]
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