lunes, 5 de octubre de 2026

 

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STALIN, HISTORIA Y CRÍTICA DE UNA LEYENDA NEGRA.

Domenico Losurdo.

 

( 35 )

 

 

 

LA ANDADURA COMPLEJA Y

CONTRADICTORIA DE LA ERA DE STALIN

 

 

 



Siberia zarista, "Siberia" de la Inglaterra liberal y Gulag soviético

 

¿Debemos aproximar  o  incluso  asimilar  el  Gulag  soviético  al  Konzentratiomlager  nazi?  Es  una pregunta  a  la  que  se  podría  responder  con  otra:  ¿por  qué  limitar  la  comparación  sólo  a  estas  dos realidades?  En  la  Rusia  de  los  zares  -sentencia  Conquest  (siguiendo  a  Solzhenitsyn)-  el  universo concentracionario estaba menos superpoblado y era menos despiadado que en tiempos de Lenin y sobre todo de Stalin. Vale la pena recordar lo que Antón Chéjov escribía en 1890:

 

 

Hemos  dejado  marchitarse  en  prisión  a  millones  de  personas  sin  motivo,  sin consideración alguna y de modo bárbaro; hemos arrastrado a esta gente encadenada al hielo a lo  largo  de  decenas  de  miles  de  verstas,  la  hemos  hecho  contagiarse  de  sífilis  y  la  hemos corrompido, hemos aumentado el número de criminales. Pero somos todos nosotros los que sin embargo tomamos frente a todo este asunto la distancia debida, casi como si no tuviese nada que ver con nosotros.

 

En el transcurso de su duración secular, el universo concentracionario zarista (que, a partir al menos de Pedro el Grande, de manera similar al Gulag intenta también procurarse la fuerza de trabajo necesaria para el desarrollo de las regiones más desoladas y menos desarrolladas) ha presentado a menudo trazos de extrema crueldad. Una vía dolorosa conducía a los condenados al exilio, es decir, al trabajo forzado en Siberia: «además de ser golpeados con el bastón, muchos de ellos sufrían la mutilación de una mano, de un pie, de una oreja, así como la humillación de ser marcados a fuego». Sí, en el siglo diecinueve se intentan eliminar «las formas más extremas de crueldad», pero se trata de medidas parciales que por lo demás no siempre tienen éxito.412; De todo ello emerge cuán frágil es el intento de relativizar la Siberia zarista, con el fin de aislar al Gulag soviético y asimilarlo al Konzentrationslager nazi. Pero  es  más importante una consideración ulterior: ¡es metodológicamente incorrecta una comparación que equipara una condición de normalidad con un agudo estado de excepción! Leída con mayor conciencia crítica, la comparación realizada por Conquest puede tener un resultado opuesto al proclamado por él: solamente en la Rusia prerevolucionaria la detención y deportación por vía administrativa es considerada una práctica normal, también en ausencia  de  conflictos  y  peligros  particulares. En la Rusia  soviética, sin embargo,  el  estado  de  excepción  influye  potentemente  en  la  génesis  y  la  configuración  del  universo concentracionario, que se hace más brutal cuanto más se aleja de las condiciones de normalidad.

 

Es necesario ahora dar un paso más adelante. Más allá de Rusia (zarista y soviética) y de Alemania, es  necesario  también  convocar  a  otros  países  para  la  comparación. Al universo concentracionario realizado  por  la  Inglaterra  liberal  le  corresponde  una  función  doble. A propósito de los «disidentes irlandeses» se ha observado que éstos «entre el siglo dieciocho y el diecinueve tuvieron en Australia su Siberia oficial», que al  menos  hasta  1868  engulle  a  «representantes  de  casi  todos  los  movimientos radicales  existentes  en  Gran  Bretaña».  Esto  en  lo  que  respecta  a  la  represión.  Pero  es  necesario  no perder  de  vista  la  función  económica  de  la  "Siberia"  liberal  inglesa.  Inmediatamente  después  de  la Revolución Gloriosa, aumentan de manera masiva las sentencias que sancionan la pena de muerte. Esta recae tanto sobre los responsables del hurto de un chelín o de un pañuelo, como sobre los responsables del corte abusivo de un seto ornamental, y no pueden evitar el castigo ni siquiera los chicos de once años.

 

 

Esta  legislación  terrorista,  que  con  algún  retoque  perdura  todavía  en  el  siglo  diecinueve,  prevé  una alternativa:  los  beneficiarios  de  la  gracia  son  sometidos  a  una  servidumbre  penal,  que  los  obliga  a trabajar  por  un  determinado  número  de  años  en  colonias  todavía  poco  aprovechadas  y  exploradas,  en especial en Norteamérica y más tarde en Australia. En otras palabras; también en el ámbito económico Australia  constituye  la  «Siberia»  de  la  Inglaterra  liberal:  sus  funciones  disminuyen  a  medida  que interviene el trabajo primero de los esclavos negros y después de los coolies indios y chinos además de otros pueblos coloniales.

 

 

La  "Siberia"  inglesa  no  es  menos  cruel  que  la  zarista.  De  esta  «sociedad  totalitaria»  que  se desarrolla en Australia mientras se perpetúa al mismo tiempo el exterminio de los aborígenes, se hizo un retrato basado además en la literatura autobiográfica disponible y que resulta especialmente aterrador: 

 

A intervalos impredecibles se reunía a los detenidos, se les contaba, y se les sometía a una inspección completa, con inspección de la boca y del ano [...]. «La comida se llevaba a las diferentes  escuadrillas  en  platos  de  madera  o  cubos  de  estaño  que  eran  colocados  frente  a ellos como si fueran perros y cerdos, y como perros y cerdos tenían que llevársela a la boca»

[...].  La  disciplina  se  apoyaba  en  la  figura  del  delator  [...].  No  hacer  de  espía  se  había convertido por tanto en un comportamiento sospechoso de por sí. No pasaba una semana sin que  fueran  desveladas  retorcidas  conspiraciones,  con  listas  de  nombres  incluidas,  en  una carrera de delaciones [...]. «Este tráfico de sangre humana [...] era el único modo de obtener indulgencias». Para los soplos contaba bastante más el número que el contenido. Los delatores tenían sus cuotas de denuncias que alcanzar y eran «capaces de cualquier acto de traición y de sangre, no importaba cuán vil o aleatorio» [...]. Las relaciones normales entre culpa y castigo se transmutaban en una ininterrumpida historia de sadismo, cuyo único objeto era mantener el terror  [...].  La  autoridad  se  ejercía  de  manera  absoluta  y  caprichosa  [...].  Los  doscientos latigazos [de castigo] fueron repartidos [en más días...]. Los flageladores se llenaban tanto de sangre  como  nosotros  [...].El  único  modo  resolutivo  para  acabar  con  el  sufrimiento  era  el suicidio.

 

En efecto el suicidio no solamente era habitual, sino que era una práctica que a menudo implicaba a toda  la  comunidad  de  detenidos:  «En  un  grupo  de  presos  se  echaban  suertes  entre  dos  hombres:  al primero le tocaba morir, al segundo la tarea de matar al primero. Al resto el papel de testigos». De este modo, para los pocos días del viaje y del proceso (que se desarrollaba en Sidney, a cierta distancia de la "Siberia"  propiamente  dicha),  antes  de  ir  a  la  horca,  el  asesino  podía  disfrutar  de  la  condición  de detenido normal (el suyo en realidad era un suicidio indirecto y diferido). Y esta pausa les permitía a los testigos respirar, antes de volver al infierno y proceder eventualmente a un nuevo sorteo…

 

(continuará)

 


[ Fragmento de: Domenico Losurdo. “Stalin, historia y crítica de una leyenda negra” ]

 

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