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LA GUERRA COGNITIVA ES UN CABALLO DE TROYA CIBERNÉTICO.
Fernando Buen Abad
Eso que se llama “guerra cognitiva” se configura hoy como una de las formas más sofisticadas de intervención sobre la vida social, no ya mediante la ocupación territorial clásica ni exclusivamente a través de la coerción económica directa, sino mediante la colonización sistemática de los procesos de producción de sentido.
Su eficacia no radica en la destrucción visible, sino en la infiltración invisible; no en el estruendo de las armas, sino en la modulación silenciosa de las percepciones, los deseos y los marcos interpretativos.
En este sentido, opera como un auténtico caballo de Troya cibernético: se introduce en la cotidianeidad bajo la apariencia de neutralidad tecnológica, de entretenimiento o de comunicación ampliada, para reconfigurar desde dentro las condiciones mismas de la conciencia.
El desplazamiento de la guerra hacia el terreno cognitivo no implica la desaparición de las formas tradicionales de violencia, sino su reorganización dialéctica. La fuerza material sigue siendo decisiva, pero se articula con una dimensión simbólica que busca garantizar la reproducción del orden dominante no sólo en la infraestructura económica, sino en la superestructura cultural y afectiva. La dominación contemporánea exige sujetos que no sólo obedezcan, sino que deseen obedecer; que no sólo consuman mercancías, sino que internalicen los códigos que las legitiman como horizonte de vida.
En esta operación, la guerra cognitiva se convierte en un dispositivo estratégico para la producción de subjetividades funcionales a la acumulación.
El carácter cibernético de este caballo de Troya no debe reducirse a lo meramente digital. Aunque las plataformas, los algoritmos y las redes constituyen su infraestructura privilegiada, lo decisivo es la lógica de retroalimentación constante, de captura de datos y de ajuste permanente de los mensajes en función de las respuestas de los sujetos.
Se trata de un sistema dinámico que aprende, se adapta y perfecciona sus mecanismos de intervención, no desde una exterioridad, sino desde la inmersión total en la vida social. Cada interacción, cada preferencia, cada gesto aparentemente banal se convierte en insumo para la modelización de conductas futuras. Así, la experiencia cotidiana es simultáneamente vivida y explotada, convertida en materia prima para la ingeniería de la conciencia.
En este contexto, la ideología ya no se presenta como un conjunto explícito de doctrinas, sino como una atmósfera difusa que permea todas las dimensiones de la existencia. La guerra cognitiva no busca imponer una verdad única, sino fragmentar la posibilidad misma de la verdad compartida, erosionar los criterios de validación y sustituirlos por una proliferación de narrativas equivalentes en su apariencia, pero profundamente desiguales en su capacidad de incidencia.
La saturación informativa, la velocidad de circulación y la lógica de la espectacularización generan un entorno en el que la distinción entre conocimiento y opinión se diluye, y donde la crítica pierde terreno frente a la reacción inmediata.
Sin embargo, esta aparente dispersión no implica ausencia de dirección. Por el contrario, la guerra cognitiva opera mediante una racionalidad estratégica que orienta la producción y circulación de contenidos en función de intereses de clase bien definidos.
La concentración de los medios de comunicación, la propiedad de las infraestructuras tecnológicas y la capacidad de inversión en investigación y desarrollo configuran un campo profundamente desigual, donde ciertos actores disponen de una ventaja estructural para intervenir en la formación de la conciencia colectiva.
La neutralidad tecnológica es, en este sentido, una ficción funcional a la reproducción de esa desigualdad.
Con las disputas agudizadas entre clases sociales, lejos de desaparecer en la era digital, se desplaza e intensifica en el terreno de la semiosis social. La producción de sentido se convierte en un campo de batalla donde se disputan las interpretaciones del mundo, las narrativas sobre el pasado y las proyecciones del futuro.
La guerra cognitiva busca desarticular la conciencia de clase, fragmentar las experiencias comunes y sustituirlas por identidades aisladas, fácilmente gestionables y orientables. La individualización extrema, presentada como libertad, funciona como un mecanismo de despolitización que impide la articulación de proyectos colectivos emancipadores.
En este escenario, la alienación adquiere nuevas formas. No se limita a la separación entre el trabajador y el producto de su trabajo, sino que se extiende a la relación del sujeto con su propia experiencia.
La mediación constante de dispositivos tecnológicos introduce una distancia entre la vivencia y su representación, entre el acontecimiento y su inscripción en los circuitos de circulación simbólica. La vida se vuelve, en gran medida, una experiencia mediada por interfaces que organizan la percepción, jerarquizan la información y orientan la atención.
La conciencia se configura así en un entorno preformateado, donde las posibilidades de pensamiento están condicionadas por arquitecturas invisibles.
No obstante, reconocer la profundidad de esta ofensiva no implica asumir una posición fatalista. La misma infraestructura que posibilita la guerra cognitiva abre también espacios para la resistencia y la reconfiguración crítica. La conciencia de clase, lejos de ser un residuo del pasado, se revela como una necesidad urgente en un contexto donde la explotación adopta formas cada vez más sofisticadas.
Comprender los mecanismos de la guerra cognitiva es el primer paso para desarticularlos, para interrumpir su funcionamiento y para construir alternativas que restituyan la capacidad colectiva de producir sentido. La tarea no es sencilla, pues implica disputar no sólo contenidos, sino formas de percepción y de relación. Requiere una praxis que articule conocimiento riguroso, sensibilidad ética y compromiso político, capaz de intervenir en los circuitos de la comunicación sin reproducir sus lógicas dominantes.
Se trata de construir espacios de enunciación que no estén subordinados a la lógica del mercado, que no reduzcan la complejidad a simplificaciones rentables, y que apuesten por una inteligibilidad crítica del mundo.
La dimensión humanista de esta tarea no puede entenderse como una apelación abstracta a valores universales desvinculados de las condiciones materiales. Por el contrario, se funda en la afirmación concreta de la dignidad humana frente a su reducción a dato, a perfil o a mercancía.
La guerra cognitiva, en su forma actual, tiende a cosificar la conciencia, a tratarla como un objeto manipulable en función de objetivos externos.
Frente a ello, el humanismo crítico reivindica la capacidad de los sujetos para pensar, para decidir y para transformar su realidad, no como individuos aislados, sino como parte de procesos colectivos. La superación de la guerra cognitiva como dispositivo de dominación no pasa por un retorno nostálgico a formas anteriores de comunicación, sino por la construcción de nuevas mediaciones que reorganicen la relación entre tecnología, conocimiento y sociedad.
Esto implica democratizar el acceso a las infraestructuras, transparentar los mecanismos de funcionamiento y, sobre todo, desarrollar una pedagogía crítica que permita a los sujetos reconocer las operaciones a las que están siendo sometidos. La alfabetización mediática, en este sentido, no es un complemento educativo, sino una condición para la emancipación.
En última instancia, el caballo de Troya cibernético sólo puede cumplir su función en la medida en la que permanece invisible, en que sus mecanismos son naturalizados y aceptados como parte del orden de las cosas. Hacerlo visible, descomponer sus engranajes y exponer sus finalidades es ya una forma de resistencia. Por el contrario, no basta con la denuncia; es necesario articular prácticas que construyan otros modos de producir y compartir sentido, que restituyan la centralidad de lo común y que fortalezcan la conciencia de clase como horizonte de transformación.
Y la guerra cognitiva no es un destino que elegimos, sino una imposición imperial histórica que puede y debe ser superada. En la medida en la que los sujetos recuperen la capacidad de pensar críticamente su propia situación, de reconocerse en las experiencias de otros y de organizarse colectivamente, el caballo de Troya perderá su eficacia. La conciencia, lejos de ser un territorio conquistado de una vez y para siempre, es un campo en disputa permanente. En esa disputa se juega no sólo la interpretación del mundo, sino la posibilidad misma de transformarlo.
Autor: Fernando Buen Abad
Fuente: Cubadebate
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El camarada Fidel lo apuntó certeramente:
ResponderEliminar"Cuando surgieron los medios masivos se apoderaron de las mentes y gobernaban no sólo a base de mentiras, sino de reflejos condicionados. Y no es lo mismo una mentira que un reflejo condicionado: la mentira afecta el conocimiento; el reflejo condicionado afecta la capacidad de pensar".
Fidel Castro Ruz, Universidad de La Habana, 17 de noviembre de 2005.
Salud y comunismo
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En el terreno de la lucha ideológica se disputan, lo percibamos o no, las interpretaciones de la realidad cotidiana y del mundo, las narrativas sobre el pasado y las proyecciones del futuro.
Eliminar“El imperialismo no opera únicamente a través de la fuerza material, sino también mediante la producción de sentido. Su violencia no es solo destructiva; es pedagógica.”, esto escribe Cira Pascual Marquina, una marxista venezolana que forma parte dela producción de “Escuela de cuadros”, ese formidable programa de pensamiento revolucionario que pueden encontrar, ¡todavía!, en Youtube. Eso de que la violencia del Imperio es pedagógica se me ha clavado en la frente. No sé cuantas veces he tenido que soportar el despectivo calificativo de “pedagógico”, ya que no se trata de la “pedagogía fetén, la que beneficia los intereses de la clase dominante” aplicado a ciertos artistas e intelectuales revolucionarios desde Brecht hasta… en fin, el caso es que, de la manera más sutil todo bicho viviente consciente o inconsciente “asiste a clase” cada minuto, cada hora, cada día de su vida…para “actualizar” su espléndida incapacidad de pensar por sí mismo… algo por otra parte absolutamente absurdo desde siempre, pero más ahora que ellos, tan generosos y desinteresados como de costumbre, han puesto a nuestra disposición la prodigiosa e infalible INTELIGENCIA ARTIFICIAL…
Sobre “nuestra capacidad de pensar” y el fetichismo de la Inteligencia Artificial nos cuenta John Bellamy Foster:
[ Las Megacorporaciones que dominan la computación en la nube: Microsoft, Amazon Web Services, Google (Alphabet) y Meta, que conforman «las Grandes Casas de la IA (Inteligencia Artificial)». Asímismo “Nvidia”, es la empresa de mayor valor de mercado a principios de 2026, no es en sí misma líder en computación en la nube, sino que monopoliza entre el 80 % y el 90 % de los chips de superordenadores con GPU. Según Bloomberg, Microsoft, Amazon Web Services, Alphabet/Google y Meta tuvieron un gasto de capital combinado de 150 000 millones de dólares en 2022 y de 360 000 millones de dólares en 2025, mientras que prevén gastar 650 000 millones de dólares en 2026. En comparación, «se prevé que los mayores fabricantes de automóviles, fabricantes de maquinaria de construcción, ferrocarriles, contratistas de defensa, operadores de telefonía móvil y empresas de paquetería con sede en EEUU, junto con ExxonMobil Corp., Intel , Walmart Inc. y las empresas derivadas de General Electric --21 empresas en total-- gasten un total de 180 000 millones de dólares en 2026»]
Estas cifras mareantes nos dan una buena pista sobre [La metáfora dominante actual del espacio digital, "la nube", que en realidad es una metáfora de la propiedad privada y de la exclusión del acceso público a los recursos materiales.] [«la inteligencia artificial... es una idea, una infraestructura, una industria, una forma de ejercer el poder y una forma de ver; es también una manifestación de un capital altamente organizado respaldado por vastos sistemas de extracción y logística, con cadenas de suministro que abarcan todo el planeta.(…) Los sistemas de IA se construyen con la lógica del capital, la política y la militarización, y esta combinación amplía aún más las asimetrías de poder existentes»], ya digo, GENEROSO DESINTERÉS el de estos criminales, explotadores, opresores, saqueadores y manipuladores imperialistas.
Salud y comunismo
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