domingo, 15 de febrero de 2026

 

1398

 

STALIN, HISTORIA Y CRÍTICA DE UNA LEYENDA NEGRA.

Domenico Losurdo.

 

 ( 29 )

 

 

ENTRE EL SIGLO VEINTE Y LAS RAÍCES HISTÓRICAS PREVIAS, ENTRE HISTORIA DEL MARXISMO  E HISTORIA DE RUSIA: LOS ORÍGENES DEL "ESTALINISMO"

 


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Universalidad abstracta y terror en la Rusia soviética

 

En el análisis de Hegel, si el terror es resultado no de la situación objetiva, no de una ideología, debe imputársele en primer lugar al mesianismo anarcoide; al universalismo abstracto que, en su huida lejos de todo elemento articular y determinado, consigue expresarse sólo como «furia disolvente». En lo que respecta a la revolución bolchevique no se debe perder de vista el estado de excepción permanente, provocado por la intervención y asedio imperialista.  El  componente  más  propiamente  ideológico  del terror remite sin embargo al culto de la universalidad y de la utopía abstracta, que obstaculiza la acción del  nuevo  grupo  dirigente  y  acaba  provocando  su  fractura  interna.  Es interesante ver de qué modo  a mediados  de  los  años  treinta  Trotsky,  dejando  atrás  las  sabias  críticas  a  Kollontai,  se  mofa  de  la rehabilitación estaliniana de la familia:

 

Cuando se esperaba confiar al Estado la educación de las jóvenes generaciones, el poder, lejos de preocuparse por defender la autoridad de los mayores, del padre y de la madre en especial, trató, por el contrario, de separar a los hijos de la familia para inmunizarlos contra las viejas costumbres. Todavía recientemente, durante el primer periodo quinquenal, la escuela y las Juventudes Comunistas solicitaban ampliamente  la  ayuda  de  los  niños  para  desenmascarar  al  padre  ebrio  o  a  la  madre  creyente,  para avergonzarlos,  para  tratar  de  "reeducarlos".  Otra  cosa  es  el  éxito  alcanzado.  De  todas  maneras,  este método minaba las bases mismas de la autoridad familiar.

 

Por  su  contribución  al  mantenimiento  de  las  «viejas  costumbres»  y  por  tanto  de  la  ideología  y  el particularismo  del  antiguo  régimen,  la  familia  es  identificada  como  un  obstáculo  que  la  marcha  de  la universalidad está llamada a derribar o golpear. La denuncia de la «autoridad familiar» produce no una disminución,  sino  incluso  un  suplemento  de  violencia.  El  mismo  resultado  produce  la  condena  de  la Constitución  y  el  derecho  como  instrumentos  del  dominio  burgués.  A  partir  de  estos  presupuestos  es imposible  realizar  e  incluso  pensar  en  un  Estado  socialista  de  derecho.  Naturalmente  existe  una contradicción entre el homenaje al ideal de la extinción del Estado y el recurso al Estado a la hora de intervenir también en el ámbito de las relaciones familiares, pero es la contradicción que constantemente se manifiesta entre la retórica libertaria del universalismo abstracto y las prácticas violentas que acaba por estimular.

 

Llegados a este punto estamos obligados a hacer una consideración ulterior. La tendencia a ver en el particular en cuanto tal un elemento de perturbación o de contaminación de la universalidad se manifiesta más  allá  del  grupo  dirigente  bolchevique.  Piénsese  en  la  desconfianza  u  hostilidad  con  la  que  Rosa Luxemburg  contempla  los  movimientos  nacionales,  a  los  que  se  les  reprocha  el  olvido  de  la  causa internacional del proletariado. Después de la Revolución de octubre, la gran revolucionaria critica por un lado a los bolcheviques por su carencia de respeto por la democracia o incluso su liquidación activa, pero  por  el  otro  los  invita  a  «sofocar  desde  su  nacimiento,  con  puño  de  hierro,  toda  tendencia separatista»  proveniente  de  los  «pueblos  sin  historia»,  «cadáveres  putrefactos  que  surgen  de  sus milenarios sepulcros»

 

Y  ahora  vemos  de  qué  manera  Stalin  describe  los  efectos  de  la  «revolución  socialista»  sobre  la cuestión nacional:


Ésta, socavando los estratos más profundos de la humanidad y empujándolos a la escena política, le insufla  nueva  vida  a  toda  una  serie  de  nuevas  nacionalidades,  antes  desconocidas  o  poco  conocidas. ¿Quién  habría  podido  pensar  que  la  vieja  Rusia  de  los  zares  representaría  no  menos  de  cincuenta naciones y grupos nacionales? Sin embargo, la Revolución de octubre, rompiendo las viejas cadenas y haciendo surgir toda una nueva serie de nacionalidades y pueblos olvidados, les ha dado nueva vida y desarrollo.

 

Llegamos  aquí  a  un  resultado  paradójico,  al  menos  desde  el  punto  de  vista  de  los  habituales balances  históricos  y  de  los  estereotipos  ideológicos  hoy  dominantes.  Respecto  a  los  pueblos  que «emergen  de  sus  milenarios  sepulcros»,  según  el  lenguaje  de  Luxemburg,  o  los  «pueblos  olvidados» según Stalin, es Rosa Luxemburg quien manifiesta una actitud más amenazante o represiva.

 

Desde luego, en lo que respecta al juicio sobre aquel que realmente ha ejercido el poder, se tratar de ver si la praxis ha correspondido a la teoría, y hasta qué punto. Queda claro que es el universalismo abstracto  de  Luxemburg  el  que  muestra  potencialmente  una  mayor  carga  de  violencia,  ya  que,  en  el transcurso de toda su evolución se ha mostrado inclinada a leer las reivindicaciones nacionales como una desviación respecto a la ruta principal del internacionalismo y el universalismo.

 

Alcanzamos un resultado comparable sí, siempre sobre la cuestión nacional, comparamos esta vez a Stalin y Kautsky. A la teoría formulada por el dirigente socialdemócrata alemán, en base a la cuál con la victoria del socialismo en un sólo país o grupos de países, y ya desarrollada la sociedad democrático-burguesa,  se  disolverían  o  tenderían  a  disolverse  las  diferencias  y  particularidades  nacionales,  el primero  replica:  tal  visión,  que  ignora  de  manera  superficial  «la  estabilidad  de  las  naciones»,  acaba abriendo de par en par las puertas de la «guerra contra la cultura nacional» de las minorías o pueblos oprimidos, a la «política de asimilación» y «colonización»; a la política preferida, por ejemplo, por los «germanizadores» y «rusificadores» de Polonia. También en este caso, es una universalidad incapaz de abrazar  lo  particular  la  que  estimula  la  violencia  y  la  opresión.  Siempre  dentro  del  contexto  de  la comparación entre las diferentes teorías, este universalismo abstracto le es más próximo a Kautsky que a Stalin.

 

Al igual que el dirigente socialdemócrata alemán, también Rosa Luxemburg critica duramente a los bolcheviques por su reforma agraria «pequeñoburguesa», que concede la tierra a los campesinos. A esta visión  se  puede  contraponer  la  de  Bujarin,  según  el  cual  en  las  condiciones  de  la  Rusia  de  aquel momento,  con  el  monopolio  del  poder  soviético  firmemente  mantenido  por  los  bolcheviques, precisamente  eran  los  «intereses  privados»  y  el  impulso  dado  al  enriquecimiento  de  los  campesinos  y otros estratos sociales los que habrían podido contribuir al desarrollo de las fuerzas productivas y, en última instancia, a la causa del socialismo y del comunismo. Se ha producido un cambio significativo en  Bujarin:  si  en  ocasión  del  tratado  de  Brest-Litovsk  había  dado  pruebas  de  universalismo  abstracto respecto a la cuestión nacional, sin embargo ahora, en relación con la NEP y la cuestión agraria, para Bujarin  el  proceso  de  construcción  de  la  universalidad  está  llamado  a  avanzar  también  a  través  de  la oportuna utilización de intereses particulares Estamos en presencia de un proceso de aprendizaje y de una reflexión auto crítica de extraordinario interés, que nos ayudan a comprender lo que en nuestros días ha ocurrido en países como China y Vietnam. Así prosigue Bujarin: Nos imaginábamos las cosas de la siguiente manera: alcanzamos el poder, lo tomamos casi todo en nuestras manos, ponemos en funcionamiento en seguida una economía planificada, no pasa nada si surgen dificultades, en parte las eliminamos, en parte las superamos, y la cosa concluye felizmente. Hoy vemos claramente que la cuestión no se resuelve así. La pretensión de «organizar la producción por medio de órdenes, por medio de la coerción», lleva a la  catástrofe.  Superando  esta  «caricatura  de  socialismo»,  los  comunistas  se  ven  obligados  por  la experiencia a tener en cuenta la «enorme importancia del incentivo privado individual» con el objetivo de  desarrollar  las  fuerzas  productivas,  «un  desarrollo  de  las  fuerzas  productivas  que  nos  conduzca  al socialismo y no a la completa restauración del denominado capitalismo "sano"».

 

Clamar, sin embargo, como  hacían  Trotsky  y  la  oposición,  por  la  «degeneración»  de  la  Rusia  soviética  a  causa  de  la persistencia de la economía privada en el campo y la «colaboración de clase» de los comunistas con los campesinos (y con los estratos burgueses tolerados por la NEP), habría llevado al fin de la «paz civil» y a una gigantesca «noche de San Bartolomé».

 

¿Lo que determinó la derrota de Bujarin, fue solamente la necesidad de acelerar al máximo la industrialización del país en previsión de la guerra, o bien contribuyó también la hostilidad irreductible hacia toda forma de propiedad privada y economía mercantil? Es un problema del que nos ocuparemos ulteriormente.  Se  puede  ya  desde  ahora  fijar  un  punto  de  referencia:  el  universo  concentracionario alcanza su cénit tras la colectivización forzada de la agricultura y el puño de hierro contra las tendencias burguesas  y  pequeñoburguesas  entre  los  campesinos,  miembros  por  lo  demás  de  los  «pueblos  sin historia», por usar el desafortunado lenguaje que Luxemburg retoma de Engels. Más allá de los errores o brutalidad  de  este  u  otro  dirigente  político,  no  hay  dudas  sobre  el  funesto  papel  desarrollado  por  un universalismo incapaz de subsumir y respetar lo particular.

 

Las  páginas  que  hemos  empleado  de  Hegel  (el  autor  en  el  que  Lenin  descubre  «raíces  del materialismo  histórico»)  son  como  la  refutación  anticipada  de  la  explicación  del  "estalinismo"  contenida  en  el  denominado  Informe  secreto  de  1956  pronunciado  en  ocasión  del  XX  Congreso  del Partido Comunista de la Unión Soviética. Sería desde luego desleal pretender que Kruschov estuviese a la  altura  de  Hegel,  pero  es  curioso  que  la  tragedia  y  el  horror  de  la  Rusia  soviética  continúen imputándoseles a una única persona, y de hecho a un único chivo expiatorio, como si no hubiese existido nunca el extraordinario análisis que en la Fenomenología del espíritu dedica a la «libertad absoluta» y al «Terror»…

 

(continuará)

 

 

 

[ Fragmento de: Domenico Losurdo. “Stalin, historia y crítica de una leyenda negra” ]

 

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