1398
STALIN, HISTORIA Y CRÍTICA DE UNA LEYENDA NEGRA.
Domenico Losurdo.
( 29 )
ENTRE EL SIGLO VEINTE Y LAS RAÍCES HISTÓRICAS PREVIAS, ENTRE HISTORIA DEL MARXISMO E HISTORIA DE RUSIA: LOS ORÍGENES DEL "ESTALINISMO"
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Universalidad abstracta y terror en la Rusia soviética
En el análisis de Hegel, si el terror es resultado no de la situación objetiva, no de una ideología, debe imputársele en primer lugar al mesianismo anarcoide; al universalismo abstracto que, en su huida lejos de todo elemento articular y determinado, consigue expresarse sólo como «furia disolvente». En lo que respecta a la revolución bolchevique no se debe perder de vista el estado de excepción permanente, provocado por la intervención y asedio imperialista. El componente más propiamente ideológico del terror remite sin embargo al culto de la universalidad y de la utopía abstracta, que obstaculiza la acción del nuevo grupo dirigente y acaba provocando su fractura interna. Es interesante ver de qué modo a mediados de los años treinta Trotsky, dejando atrás las sabias críticas a Kollontai, se mofa de la rehabilitación estaliniana de la familia:
Cuando se esperaba confiar al Estado la educación de las jóvenes generaciones, el poder, lejos de preocuparse por defender la autoridad de los mayores, del padre y de la madre en especial, trató, por el contrario, de separar a los hijos de la familia para inmunizarlos contra las viejas costumbres. Todavía recientemente, durante el primer periodo quinquenal, la escuela y las Juventudes Comunistas solicitaban ampliamente la ayuda de los niños para desenmascarar al padre ebrio o a la madre creyente, para avergonzarlos, para tratar de "reeducarlos". Otra cosa es el éxito alcanzado. De todas maneras, este método minaba las bases mismas de la autoridad familiar.
Por su contribución al mantenimiento de las «viejas costumbres» y por tanto de la ideología y el particularismo del antiguo régimen, la familia es identificada como un obstáculo que la marcha de la universalidad está llamada a derribar o golpear. La denuncia de la «autoridad familiar» produce no una disminución, sino incluso un suplemento de violencia. El mismo resultado produce la condena de la Constitución y el derecho como instrumentos del dominio burgués. A partir de estos presupuestos es imposible realizar e incluso pensar en un Estado socialista de derecho. Naturalmente existe una contradicción entre el homenaje al ideal de la extinción del Estado y el recurso al Estado a la hora de intervenir también en el ámbito de las relaciones familiares, pero es la contradicción que constantemente se manifiesta entre la retórica libertaria del universalismo abstracto y las prácticas violentas que acaba por estimular.
Llegados a este punto estamos obligados a hacer una consideración ulterior. La tendencia a ver en el particular en cuanto tal un elemento de perturbación o de contaminación de la universalidad se manifiesta más allá del grupo dirigente bolchevique. Piénsese en la desconfianza u hostilidad con la que Rosa Luxemburg contempla los movimientos nacionales, a los que se les reprocha el olvido de la causa internacional del proletariado. Después de la Revolución de octubre, la gran revolucionaria critica por un lado a los bolcheviques por su carencia de respeto por la democracia o incluso su liquidación activa, pero por el otro los invita a «sofocar desde su nacimiento, con puño de hierro, toda tendencia separatista» proveniente de los «pueblos sin historia», «cadáveres putrefactos que surgen de sus milenarios sepulcros»
Y ahora vemos de qué manera Stalin describe los efectos de la «revolución socialista» sobre la cuestión nacional:
Ésta, socavando los estratos más profundos de la humanidad y empujándolos a la escena política, le insufla nueva vida a toda una serie de nuevas nacionalidades, antes desconocidas o poco conocidas. ¿Quién habría podido pensar que la vieja Rusia de los zares representaría no menos de cincuenta naciones y grupos nacionales? Sin embargo, la Revolución de octubre, rompiendo las viejas cadenas y haciendo surgir toda una nueva serie de nacionalidades y pueblos olvidados, les ha dado nueva vida y desarrollo.
Llegamos aquí a un resultado paradójico, al menos desde el punto de vista de los habituales balances históricos y de los estereotipos ideológicos hoy dominantes. Respecto a los pueblos que «emergen de sus milenarios sepulcros», según el lenguaje de Luxemburg, o los «pueblos olvidados» según Stalin, es Rosa Luxemburg quien manifiesta una actitud más amenazante o represiva.
Desde luego, en lo que respecta al juicio sobre aquel que realmente ha ejercido el poder, se tratar de ver si la praxis ha correspondido a la teoría, y hasta qué punto. Queda claro que es el universalismo abstracto de Luxemburg el que muestra potencialmente una mayor carga de violencia, ya que, en el transcurso de toda su evolución se ha mostrado inclinada a leer las reivindicaciones nacionales como una desviación respecto a la ruta principal del internacionalismo y el universalismo.
Alcanzamos un resultado comparable sí, siempre sobre la cuestión nacional, comparamos esta vez a Stalin y Kautsky. A la teoría formulada por el dirigente socialdemócrata alemán, en base a la cuál con la victoria del socialismo en un sólo país o grupos de países, y ya desarrollada la sociedad democrático-burguesa, se disolverían o tenderían a disolverse las diferencias y particularidades nacionales, el primero replica: tal visión, que ignora de manera superficial «la estabilidad de las naciones», acaba abriendo de par en par las puertas de la «guerra contra la cultura nacional» de las minorías o pueblos oprimidos, a la «política de asimilación» y «colonización»; a la política preferida, por ejemplo, por los «germanizadores» y «rusificadores» de Polonia. También en este caso, es una universalidad incapaz de abrazar lo particular la que estimula la violencia y la opresión. Siempre dentro del contexto de la comparación entre las diferentes teorías, este universalismo abstracto le es más próximo a Kautsky que a Stalin.
Al igual que el dirigente socialdemócrata alemán, también Rosa Luxemburg critica duramente a los bolcheviques por su reforma agraria «pequeñoburguesa», que concede la tierra a los campesinos. A esta visión se puede contraponer la de Bujarin, según el cual en las condiciones de la Rusia de aquel momento, con el monopolio del poder soviético firmemente mantenido por los bolcheviques, precisamente eran los «intereses privados» y el impulso dado al enriquecimiento de los campesinos y otros estratos sociales los que habrían podido contribuir al desarrollo de las fuerzas productivas y, en última instancia, a la causa del socialismo y del comunismo. Se ha producido un cambio significativo en Bujarin: si en ocasión del tratado de Brest-Litovsk había dado pruebas de universalismo abstracto respecto a la cuestión nacional, sin embargo ahora, en relación con la NEP y la cuestión agraria, para Bujarin el proceso de construcción de la universalidad está llamado a avanzar también a través de la oportuna utilización de intereses particulares Estamos en presencia de un proceso de aprendizaje y de una reflexión auto crítica de extraordinario interés, que nos ayudan a comprender lo que en nuestros días ha ocurrido en países como China y Vietnam. Así prosigue Bujarin: Nos imaginábamos las cosas de la siguiente manera: alcanzamos el poder, lo tomamos casi todo en nuestras manos, ponemos en funcionamiento en seguida una economía planificada, no pasa nada si surgen dificultades, en parte las eliminamos, en parte las superamos, y la cosa concluye felizmente. Hoy vemos claramente que la cuestión no se resuelve así. La pretensión de «organizar la producción por medio de órdenes, por medio de la coerción», lleva a la catástrofe. Superando esta «caricatura de socialismo», los comunistas se ven obligados por la experiencia a tener en cuenta la «enorme importancia del incentivo privado individual» con el objetivo de desarrollar las fuerzas productivas, «un desarrollo de las fuerzas productivas que nos conduzca al socialismo y no a la completa restauración del denominado capitalismo "sano"».
Clamar, sin embargo, como hacían Trotsky y la oposición, por la «degeneración» de la Rusia soviética a causa de la persistencia de la economía privada en el campo y la «colaboración de clase» de los comunistas con los campesinos (y con los estratos burgueses tolerados por la NEP), habría llevado al fin de la «paz civil» y a una gigantesca «noche de San Bartolomé».
¿Lo que determinó la derrota de Bujarin, fue solamente la necesidad de acelerar al máximo la industrialización del país en previsión de la guerra, o bien contribuyó también la hostilidad irreductible hacia toda forma de propiedad privada y economía mercantil? Es un problema del que nos ocuparemos ulteriormente. Se puede ya desde ahora fijar un punto de referencia: el universo concentracionario alcanza su cénit tras la colectivización forzada de la agricultura y el puño de hierro contra las tendencias burguesas y pequeñoburguesas entre los campesinos, miembros por lo demás de los «pueblos sin historia», por usar el desafortunado lenguaje que Luxemburg retoma de Engels. Más allá de los errores o brutalidad de este u otro dirigente político, no hay dudas sobre el funesto papel desarrollado por un universalismo incapaz de subsumir y respetar lo particular.
Las páginas que hemos empleado de Hegel (el autor en el que Lenin descubre «raíces del materialismo histórico») son como la refutación anticipada de la explicación del "estalinismo" contenida en el denominado Informe secreto de 1956 pronunciado en ocasión del XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética. Sería desde luego desleal pretender que Kruschov estuviese a la altura de Hegel, pero es curioso que la tragedia y el horror de la Rusia soviética continúen imputándoseles a una única persona, y de hecho a un único chivo expiatorio, como si no hubiese existido nunca el extraordinario análisis que en la Fenomenología del espíritu dedica a la «libertad absoluta» y al «Terror»…
(continuará)
[ Fragmento de: Domenico Losurdo. “Stalin, historia y crítica de una leyenda negra” ]
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