lunes, 31 de marzo de 2025



1317

 

 

STALIN,

HISTORIA Y CRÍTICA DE UNA LEYENDA NEGRA.

 

Domenico Losurdo.

 

 

( 14 )

 

 



 

LOS BOLCHEVIQUES, DEL CONFLICTO

IDEOLÓGICO A LA GUERRA CIVIL

 

 

 



Foto: Henri Cartier-Bresson, Moscú, 1954

 



El ocaso de la «economía del dinero» y de la «moral mercantil»

 


(…) En la fase comunista, la satisfacción igual de las diversas necesidades comporta también una desigualdad en la distribución de los recursos, salvo que el enorme desarrollo de las fuerzas productivas, satisfaciendo integralmente las necesidades de todos, hace que tal desigualdad carezca de importancia144. Es decir, en el socialismo la igualdad material no es posible; en el comunismo ya no tiene sentido. Quedando clara la desigualdad en la distribución de los recursos, el paso de la satisfacción desigual a la satisfacción igual de las necesidades presupone, más allá del derrocamiento del capitalismo, el desarrollo prodigioso de las fuerzas productivas, y esto puede conseguirse solamente gracias a la afirmación, en el transcurso de la fase socialista, del principio de retribución de cada individuo sobre la base del diferente trabajo desarrollado por él. De aquí la insistencia de Marx en el hecho de que, una vez conquistado el poder, el proletariado está llamado a luchar, aparte de por la transformación de las relaciones sociales, por el desarrollo de las fuerzas productivas. Por otro lado, sin embargo, al celebrar el París obrero enfrentado a la burguesía francesa, que nada en el lujo mientras ejecuta una sangrienta represión, Marx señala como modelo una medida aprobada por la Comuna: «el servicio público debía realizarse a cambio de salarios obreros»145. En este caso la igualdad retributiva y material tiende a ponerse como objetivo de la sociedad socialista.

 

 

No es fácil conciliar las dos perspectivas, y su divergencia jugará un rol ineludible a la hora de dividir y lastrar de manera irremediable al partido y al grupo dirigente bolchevique. A medida que se refuerza, el poder soviético se ve llevado a prestar una atención creciente al problema de la edificación económica, con el fin tanto de consolidar la base social de consenso y conseguir la legitimidad nacional para el pueblo ruso, como de defender al «país del socialismo» frente a las amenazas que se perfilan en el horizonte. Remitiendo a la polémica ya conocida del Manifiesto del partido comunista contra el «ascetismo universal» y el «tosco igualitarismo», Stalin insiste: «Es el momento de entender que el marxismo es enemigo del igualitarismo». La igualdad producida por el socialismo consiste en la eliminación de la explotación de clase, no desde luego en la imposición de uniformidad y homologación, que es el ideal al que aspira el primitivismo religioso:

 

 

La nivelación en el ámbito de las necesidades y de la vida personal es un sinsentido reaccionario y pequeño-burgués, digno de cualquier secta primitiva de ascetas, pero no de una sociedad socialista organizada marxianamente, porque no se puede exigir que todos los hombres tengan necesidades y gustos iguales, que todos los hombres vivan su vida personal según un único modelo [...]. Por igualdad, el marxismo entiende no ya la nivelación en el ámbito de las necesidades personales y de las condiciones de vida, sino la destrucción de las clases.

 

 

El primitivismo religioso puede expresarse mediante la aspiración a una vida comunitaria, en cuyo ámbito son llamadas a disolverse las diferencias individuales, en perjuicio también del desarrollo de las fuerzas productivas:

 

 

 

La idealización de las comunas agrícolas se ha visto impulsada en determinado momento hasta el intento de introducir las comunas incluso en oficinas y fábricas, donde los obreros cualificados y no-cualificados, trabajando cada uno según su categoría, tenían que poner su salario en la caja común y dividirlo después en partes iguales. Es bien sabido cuánto daño hayan provocado a nuestra industria estos pueriles ejercicios de nivelación debidos a alborotadores de "izquierda".

 

 

El objetivo a largo plazo de Stalin es bastante ambicioso, tanto en el plano social como en el nacional: «Hacer de nuestra sociedad soviética la sociedad con mayor bienestar»; realizar la «transformación de nuestro país en el más avanzado de los países»; pero para conseguir este resultado «es necesario que en nuestro país la productividad del trabajo supere a la productividad del trabajo de los países capitalistas más avanzados», lo que todavía una vez más conlleva el recurso a incentivos materiales aparte de morales, y por tanto la superación de ese igualitarismo considerado por el líder soviético como tosco y mecánico.

 

 

De nuevo, y de hecho más que nunca, resurge un primitivismo religioso, con su desprecio no solamente hacia las diferencias retributivas, sino sobre todo respecto a la riqueza en cuanto tal: «Si todos acaban alcanzando el bienestar y los pobres dejan de existir ¿sobre quiénes apoyaremos los bolcheviques nuestro trabajo?»: así argumentan y se angustian según Stalin los «alborotadores de "izquierda", que idealizan a los campesinos pobres como el sostén eterno del bolchevismo». Esto nos remite a las observaciones críticas que elabora Hegel a propósito del mandamiento evangélico que impone el ayudar a los pobres: soslayando el hecho de que se trata de un «precepto condicionado», y absolutizándolo, los cristianos acaban absolutizando también la pobreza, pues sólo ella puede dar sentido a la norma que exige el socorro a los pobres. Y sin embargo la seriedad de la ayuda a los pobres se mide por la contribución aportada a la superación de la pobreza en cuanto tal. En el clima de rechazo hacia la carnicería provocada por el capitalismo y por el auri sacrafames, se reproduce la desconfianza religiosa hacia el oro, hacia la riqueza en cuanto tal, y la idealización de la miseria o por lo menos de la escasez, entendidas y vividas como expresión de plenitud espiritual o de rigor revolucionario. Y Stalin se siente obligado a subrayar un punto central: 

 

«Sería estúpido pensar que el socialismo pueda ser construido sobre la base de la miseria y las privaciones, sobre la base de la reducción de las necesidades personales y de la nivelación del nivel de vida de los hombres al de los pobres»; al contrario, «el socialismo puede ser edificado solamente sobre un impetuoso desarrollo de las fuerzas productivas de la sociedad» y «sobre la base de una vida acomodada de los trabajadores», es más, «una vida acomodada y civil para todos los miembros de la sociedad». 

 

 

Al igual que el precepto cristiano de ayudar a los pobres, también el precepto revolucionario, que insta a los partidos comunistas a colocarse en primer lugar entre los explotados y los pobres, está «condicionado» y es realmente tomado en serio sólo cuando es entendido en su condicionalidad.

 

 

Por tanto, para Stalin era necesario intensificar los esfuerzos con el fin de acrecentar decididamente la riqueza social, imprimiendo «un nuevo impulso» a la «emulación socialista»; se imponía recurrir tanto a los incentivos materiales (haciendo valer el principio socialista de la retribución según el trabajo) como a los incentivos morales (confiriendo por ejemplo «el más alto honor» a los estajanovistas más destacados). Diferente y contrapuesta es la orientación de Trotsky: al «restablecer grados y condecoraciones» liquidando así la «igualdad socialista», la burocracia prepara el terreno para cambios también en las «relaciones de propiedad». Si Stalin se remontaba de manera explícita a los ataques del Manifiesto contra el socialismo entendido como sinónimo de «ascetismo universal» y «tosco igualitarismo», la oposición de izquierdas avalaba conscientemente o no la tesis contenida en la Guerra civil en Francia, según la cual también en al nivel más alto los dirigentes debían ser retribuidos con

«salarios obreros». Se equivocaban, insistía Trotsky, cuando para justificar sus privilegios la burocracia y Stalin recurrían a la Crítica del programa de Gotha: «Marx no sugería con esto la creación de una nueva desigualdad, sino una eliminación gradual de la desigualdad en los salarios, preferible a la eliminación brusca».

 

 

Sobre la base de esta línea política (de nivelación de las retribuciones tanto en las fábricas como en el aparato estatal) era bastante difícil promover el desarrollo de las fuerzas productivas. Para Stalin la diferencia retributiva no implicaba la restauración del capitalismo: no había que confundir las diferencias sociales que subsistían en el ámbito del nuevo régimen con el viejo antagonismo entre clases explotadoras y clases explotadas. Sin embargo, para Trotsky se trataba de un torpe intento de simplificación: «el contraste entre la miseria y el lujo choca demasiado en los centros urbanos». En conclusión:

 

 

Que la diferencia entre la aristocracia obrera y la masa obrera sea, desde el punto de vista de la sociología estaliniana, "radical" o "superficial", importa poco; en todo caso, es de esta diferencia de donde nació en su momento la necesidad de romper con la socialdemocracia y fundar la III Internacional.

 

 

Según Marx, el socialismo estaba llamado también a superar la contraposición entre trabajo intelectual y manual. De este modo reaparecía el problema: ¿cómo realizar un objetivo tan ambicioso? Y

una vez más el grupo dirigente bolchevique acaba dividido; también en este caso, la perspectiva elaborada por Stalin en los años treinta se distingue por su cautela: Algunos piensan que la supresión del antagonismo entre trabajo intelectual y trabajo físico puede ser alcanzada mediante cierta nivelación cultural y técnica de los trabajadores intelectuales y manuales, que se obtendría rebajando el nivel cultural y técnico de los ingenieros y los técnicos, de los trabajadores intelectuales, hasta el nivel de los obreros de cualificación media. Esto es totalmente erróneo.

 

 

Había que estimular el acceso a la formación en todos los estratos sociales hasta aquél momento excluidos. En el frente opuesto, Trotsky reconocía que se había dado un proceso de «formación de cuadros científicos provenientes del pueblo», y sin embargo afirmaba: «La distancia social entre el trabajo manual y el intelectual se ha incrementado en el transcurso de los últimos años en vez de disminuir». Persistencia de la división del trabajo y persistencia de las desigualdades económicas y sociales eran las dos caras de la misma moneda, es decir, del retorno de la explotación capitalista y por tanto de la completa traición a los ideales socialistas:

 

 

La nueva Constitución, cuando declara que la «explotación del hombre por el hombre está abolida en la URSS» dice lo contrario de la verdad. La nueva diferenciación social ha creado las condiciones para un renacimiento de la explotación bajo las formas más bárbaras, como la adquisición del hombre para el servicio personal ajeno. Los domésticos no figuran en el censo, teniendo que ser incluidos evidentemente bajo el término «obreros». Las siguientes preguntas no se plantean: ¿el ciudadano soviético tiene domésticos? ¿Y cuáles (mujer del servicio, institutriz, nodriza, cocinera, conductor)? ¿Tiene un automóvil a su disposición? ¿De cuántas habitaciones dispone? ¡Tampoco se habla de las dimensiones de su salario! Si se reactivase la regla soviética, que priva de derechos políticos a todo aquél que explote el trabajo ajeno, ¡se vería repentinamente que los máximos dirigentes de la sociedad soviética deberían verse privados del derecho constitucional! Afortunadamente, una igualdad completa está establecida... entre el patrón y los domésticos.

 

 

 

Por lo tanto, la misma presencia de la figura social de la «mujer del servicio» y del doméstico en general era sinónimo no sólo de explotación, sino de «explotación bajo las formas más bárbaras»: ¿cómo explicar la persistencia o reaparición en la URSS de tales relaciones, si no es por el abandono de una perspectiva auténticamente socialista, esto es, por una traición?...

 

 

 

 

[ Fragmento de: Domenico Losurdo. “Stalin, historia y crítica de una leyenda negra” ]

 

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3 comentarios:

  1. Al parecer, la foto que encabeza este fragmento de Losurdo fue tomada en Moscú [por Henri Cartier-Bresson]:
    https://www.togdazine.ru/article/409
    No cabe duda, esas mujeres son soviéticas. La decoración y las guirnaldas del escaparate son típicamente rusas.

    Henri Cartier-Bresson, USSR, 1954:
    https://www.facebook.com/photo.php?fbid=1994099590656275&id=1160495674016675&set=a.1161108403955402&locale=ms_MY

    La encuentro también ilustrando un poema de Arif Damar:

    Si no resistimos,
    está en peligro nuestro pan de cada día,
    está en peligro el humo de nuestra chimenea,
    está en peligro nuestra casa,
    nuestro amor, nuestro hijo,
    la maceta en la ventana,
    el amor a los libros, el amor a las personas.
    … dormir, despertar está en peligro,
    oler flores está en peligro,
    el agua en un vaso, comer junto al fuego,
    el sol en el jardín está en peligro.
    Nuestros globos oculares están en peligro

    [En los créditos, se atribuye el lugar de la foto a Moscú]
    https://arzzuuu.tumblr.com/post/157856964558/kar%C5%9F%C4%B1-koymazsak-e%C4%9Fer-tehlikededir-g%C3%BCnl%C3%BCk-ekme%C4%9Fimiz

    Por supuesto, lo que importa es el texto de Losurdo, pero me ha parecido conveniente señalar el origen y lugar de la foto.

    Salud y comunismo

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  2. Camarada Juan, raro se me hace nombrarte así, te agradezco la aclaración, que ya he corregido en el blog. Y no sólo por “poner las cosas en su sitio” y además señalar al autor, sino porque has conseguido que vuelva sobre algo que ya “daba por hecho y concluido” y, por lo tanto, algo que empezaba a desatender , en cierta medida a postergar o incluso olvidar.

    Me explico. La foto la “capturé” hace días, no sé cuantos, en alguna de las cuentas, no sé cual, que visito diariamente en “Telegram”. Y es allí donde figuraba el pie de foto erróneo que más tarde pegué en esta entrada del blog. Lo habitual es que publique este tipo de “capturas” sin pie de foto. Pero en este caso me llamó mucho la atención la imagen y, sobre todo, su ubicación en Belfast (confieso que no sabría distinguir una mujer irlandesa de una soviética). Ahora que has actualizado el asunto, recuerdo unos momentos, mientras observaba la imagen, de sorpresa e incredulidad mezclada con cierta dosis de contento por imaginar ese excepcional escenario en la capital de Irlanda del Norte. Pero como suele suceder, la cosa no pasó de ahí, hasta que días más tarde buscando una ilustración para la entrada de Losurdo di con ella en la carpeta de “Descargas”.

    Y para terminar con este peculiar comentario, te cuento que hace un par de semanas le regalé una cámara de fotos a mi nieto, que tiene 10 años. Una cámara digital pero evidentemente “ya obsoleta” para las nuevas generaciones, con toda la intención de ofrecerle una alternativa a la maldita “máquina de videojuegos” que, como a todos sus compis del cole, le tiene comido el coco. Pues bien, lo primero que se me ocurrió fue decirle que le pidiera a su madre que le enseñara, en libros que sé que tiene y en la red, las fotos de uno de mis fotógrafos preferidos: HENRI CARTIER-BRESSON… y tengo entendido que en ello anda… sin duda en una lucha desigual con, según escucho constantemente, “lo que les gusta a todos los niños de su edad”… un argumento tan derrotista como borreguil que por lo visto y oído no requiere de más explicación. En fin…


    Salud y comunismo

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    1. Camarada Luis. Hay quienes aún siguen llamándome 'Loam', tú también puedes hacerlo si así te parece. Pero Juan es mi nombre real.

      A mí también, al ver tan simbólica foto, me pareció estupendo que fuera en Belfast (por aquello de "estirar" la URSS hasta Irlanda), y mejor aún me habría parecido si, por ejemplo, hubiera sido tomada en el Madrid republicano. Pero el escaparate, la oriental muchacha del gorrito y los recios brazos de esas mujeres (y sus característicos vestidos estampados) me hizo dudar de que ese lugar perteneciera a Belfast. Mi curiosidad hizo el resto.

      Sea cual sea el instrumento que tu jovencísimo nieto utilice para su entretenimiento, lo importante es que aprenda a ver, lo cual, sobre todo dados los tiempos que corren, equivale a aprender a desvelar. La fotografía en particular, como tantas veces ha quedado demostrado, puede ser un arma tan eficaz o más que un AK-47.

      “lo que les gusta a todos los niños de su edad” suele venir dictado por quienes ya sabemos. En ese caso, mejor ser excepción, o como ellos dirían "raro".

      Te agradezco mucho tu "peculiar comentario". Un abrazo.

      Salud y comunismo

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