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NUESTRO MARX
Néstor Kohan
[ 077 ]
SEGUNDA PARTE
¿EL RETORNO DE MARX?
Génesis y desarrollo de la teoría crítica del fetichismo en la obra de Marx (1857-1873)
(…) En primer lugar desmonta la inversión fetichista en los nexos sociales que genera el mercado —basado en el trabajo abstracto y la regulación social a posteriori, a través de la mediación del intercambio y el equivalente general, que distribuye el trabajo social general en las distintas ramas de la producción—, en tanto núcleo y corazón de la sociedad capitalista. O sea que el primer movimiento de la exposición de Marx parte de la misma realidad social de la cual brota la objetividad fetichista invertida, en la cual las cosas funcionan como sujetos y los sujetos como cosas.
En segundo lugar Marx va desarmando los argumentos con que la economía política vulgar (y aún la clásica, a pesar de que esta última posee mayor nivel de cientificidad) legitima y sanciona en el plano de la teoría esa inversión fetichista.
Es decir que Marx comienza cuestionando la realidad social y a partir de allí la teoría que expresa ese fetichismo y pretende legitimar esa realidad social cosificada. En su explicación el fetichismo abarca entonces ambos polos de la ecuación: la objetividad de la sociedad mercantil capitalista y el discurso teórico de los economistas que legitima el imaginario de los agentes económicos (empresarios, banqueros, prestamistas, agentes de bolsa y terratenientes); los nexos y relaciones sociales —invertidos, cosificados, autonomizados, enajenados, velados, que operan a espaldas de los mismos sujetos sociales— y la representación fantasmagórica que en el terreno ideológico aspira a justificar ese tipo de sociabilidad —indirecta e invertida— con fórmulas pretendidamente "científicas".
En la génesis y desarrollo de la teoría marxista del fetichismo este texto marca la transición entre los primeros escritos de los Grundrisse y la redacción de los tomos II y III de El Capital, particularmente de sus capítulos 21 ("El capital que devenga interés"), 24 ("Enajenación de la relación de capital bajo la forma del capital que devenga interés") y 48 ("La fórmula trinitaria").
En el terreno social la primera forma histórica del capital, surgida en las entrañas del modo de producción feudal europeo aproximadamente en el siglo XI, fue el capital prestamista, inmerso en los intersticios —es decir, sin ser predominante— y en los márgenes del modo de producción feudal. Un tipo de capital que presta dinero y otorga crédito a cambio de un interés:
"la forma comercial y el interés son anteriores a la de la producción capitalista, al capital industrial [...] el capital a interés era, entonces, la «antediluvian form of capital» [forma antediluviana del capital]".
Esas formas primitivas y originarias de capital surgen históricamente antes de la producción industrial en gran escala. Pero cuando esta última se vuelve predominante, muchos siglos después, terminan subordinándose a ella, formando parte de su ciclo de reproducción.
En el terreno teórico, la fórmula que expresa ese tipo de capital prestamista, que otorga una suma de dinero a cambio de mayor dinero, es [D – D'], resumen y abreviación de la fórmula que expresaría el modo de funcionamiento del capital industrial [D – M – D'],
"reducida a sus dos extremos, D y D'. Dinero que alumbra más dinero. Es la fórmula general y originaria del capital, condensada en una síntesis carente de sentido"
En este trabajo que concluye y sintetiza sus Manuscritos de 1861-1863 Marx analiza críticamente ese tipo de capital y la fórmula teórica que lo expresa. Por eso el texto de Marx sugiere que el mismo condensa "la forma pura de fetiche", así como también "el fetiche consumado" , "el más perfecto de los fetiches" y el más refinado y mistificado de los "fetiches automáticos [...] la relación de una cosa (dinero, mercancía) consigo misma ".
Constituye el fetiche del capital llevado a su máxima expresión porque en el dinero que rinde interés y alumbra más dinero se borran y no se traslucen "las cicatrices de su origen" , es decir, las marcas del empleo productivo del trabajo asalariado, la explotación de la fuerza de trabajo. Al desaparecer la [M] en la fórmula [D – M – D'], reducida sencillamente a [D – D'], dinero que "genera" y "produce" más dinero, se ha esfumado la mediación de la producción, instancia que en la vida real debe atravesar inevitablemente el capital dinero, transmutado en capital mercancía —es decir, capital que ha comprado medios de producción y fuerza de trabajo para ponerlos a producir— para volver a transformarse nuevamente en capital mercancía —o sea, un nuevo producto donde se encierra el plusvalor y la ganancia que resulta del uso productivo de la fuerza de trabajo— que si logra realizarse en el mercado, se transformará en un nuevo ciclo capital dinero. Al desaparecer toda esa cadena de mediaciones, y reducirse el ciclo únicamente al primer capital dinero adelantado [D] y al segundo capital dinero obtenido (mayor que el primero), o sea, [D'], Marx señala que la plusvalía se vuelve "más irreconocible". En el capital que se presta a cambio de interés, aparentemente desaparece la relación antagónica con la fuerza de trabajo, desaparece la contraposición entre capital y trabajo asalariado:
"El «moneyed capitalist» [capitalista monetario] A no se enfrenta para nada al trabajador".
Por eso en la fórmula [D — D'] se condensa apretadamente la máxima fetichización y la máxima utopía reaccionaria del capital:
¡ha desaparecido la clase trabajadora y se ha esfumado la fuerza de trabajo! ¡Ha desaparecido la explotación! El capital dinero se ha transformado, aparentemente, en el único y verdadero "sujeto" de la situación.
Una cosa ha cobrado vida, un objeto se embaraza de sí mismo y genera más vida a partir de sí mismo, sin vínculo alguno con el trabajo humano vivo. La sustancia se ha transformado en sujeto, sin mediación alguna. Desaparece el origen de ese primer dinero (prestado al banco por otros capitalistas industriales que lo han atesorado) y a su vez el banco como prestamista crediticio lo presta a otros capitalistas industriales para que una vez que exploten la fuerza de trabajo, obtengan un nuevo producto, lo vendan y a cambio reciban valor y plusvalor, una parte del cual debe devolverse al capital prestamista que lo cedió momentáneamente a cambio de un interés. En la fórmula [D — D'], la que corresponde al interés, toda esa serie de mediaciones y mutaciones de forma del capital desaparece para que el dinero "genere" y "produzca" por sí solo y a partir de sí mismo más dinero.
Todo eso sucede en el plano de la "superficie enajenada", "carente de sentido, cosificada e irracional", en "las nubes de polvo de la superficie" en la cual el fetiche del trabajo muerto, inanimado, inerte y pretérito ha cobrado vida y alma, se crea, alimenta y crece a partir de sí mismo de manera completamente autosuficiente, transformándose en causa y consecuencia, supuesto y producto, premisa y resultado de sí mismo, aparentemente sin ninguna mediación intermedia y sin ninguna molesta dependencia del trabajo humano vivo. El capital dinero está feliz. Ha logrado borrar del mapa a su oponente, a su contradicción antagónica (de la cual en realidad se nutre). Él es ahora el único sujeto... A los codazos se ha transformado, por fin, en el único protagonista de la historia...
Al borrar toda huella inmediata de la explotación, al ocultar las marcas y cicatrices de la explotación y la extracción del plusvalor —que en última instancia siempre es "trabajo forzado" como bien aclara Marx—, desaparece el contenido del trabajo vivo. En la fórmula del interés [D — D'] la forma del capital se despliega sola, aparentemente sin contenido, por eso Marx señala que la misma "carece de concepto" (entendiendo por "concepto" el sentido hegeliano del término según la lógica dialéctica, aquello que reúne, sintetiza y amalgama forma y contenido) y se torna completamente "irracional", "absurda", "inconcebible", "mistificada", "irracional" carente de explicación, cosificada y fetichizada. Dicha fórmula adquiere "la forma no conceptual del movimiento real del capital" porque el reflujo de mayor capital ya no parece un resultado determinado por el proceso de la producción, sino como si el capital prestado jamás hubiera perdido la forma de dinero para convertirse en capital productivo extractor de plusvalor.
"Solamente vemos la cesión y el reintegro. Todo cuanto ocurre en el ínterin está extinguido".
No es posible ver ni observar, y mucho menos analizar, la mediación de este proceso en los meros actos del intercambio entre el prestamista y prestatario.
"De esta manera se convierte por completo en atributo del dinero el de crear valor, de arrojar interés, tal como el atributo de un peral es el de producir peras. Y el prestamista de dinero vende su dinero en su carácter de semejante cosa que devenga interés [...] Aquí queda consumada la figura fetichista del capital y la idea del fetiche capitalista".
El capital a interés borra y disuelve las diferencias específicas de los diferentes capitales productivos. Al cancelar toda diferencia multiplica una de las características centrales con que Marx caracteriza al equivalente general como sinónimo de "prostitución".
Al volverse más autónomo (es decir, más enajenado) el capital a interés alcanza un grado de fijeza, precisión y uniformidad mucho más tangible e inmediato. Supera de este modo la abstracción más genérica de la tasa de ganancia media —que sólo se alcanza en su promedio como tendencia a largo plazo— y por eso se vuelve más accesible a la representación inmediata y cotidiana de los agentes económicos (empresarios, banqueros, comerciantes, prestamistas, etc.). Su órbita es la de la "polvareda de la superficie apariencial" sin la mediación con las conexiones ocultas e internas. La economía vulgar nada placentera y autosuficiente en esa piscina y se mueve
"presuntuosamente en esta polvareda como algo enigmático y significativo".
Al pretender legitimar ese carácter mágico y místico que asume el dinero en la vida mercantil cotidiana cuando el capital funciona como tal en su forma prestamista, la economía política termina tropezándose y cayendo en lo más bajo del fetichismo. Las "confusiones" fetichistas e inversiones ideológicas de la economía vulgar se transforman entonces, como apuntamos, en "la religión de la vida cotidiana y en una ficción sin fantasía". La fuente de semejante operación ideológica —que bien poco tiene de científico— reside en la confusión de materia y formas sociales, problemática que será posteriormente desarrollada al final del Tomo III de El Capital, cuyos manuscritos originales son elaborados escaso tiempo después de la redacción de estos Manuscritos de 1861-1862. Es por eso que "El ingreso y sus fuentes" constituye la síntesis de las Teorías de la plusvalía y la transición hacia la redacción del Capítulo VI inédito y de los tomos II y III de El Capital, particularmente de sus capítulos "Enajenación de la relación de capital bajo la forma del capital que devenga interés" y "La fórmula trinitaria".
Inmediatamente después de terminar los manuscritos que luego formarían parte de las Teorías de la plusvalía Marx se aboca a redactar la conclusión general a la que llegó en sus primeras redacciones del futuro tomo primero de El Capital. El capitalismo, como modo de producción, no sólo produce mercancías, tampoco se limita a producir plusvalor sino que además produce y reproduce la misma relación de capital. Por lo tanto resulta irreformable pues si sólo se combaten sus efectos, dejando intacta la relación de capital sólo cabe esperar más la producción continua de más capital.
Este nuevo manuscrito vuelve sobre la categoría central de toda la crítica de la economía política, la de "capital". Para aferrarlo críticamente, una vez más, Marx apela a su teoría crítica del fetichismo. Entonces escribe:
"se llega a la conclusión de que todos los medios de producción son potencialmente y en la medida en que funcionen como medios de producción, realmente capital, y por ende, que el capital es un elemento necesario del proceso laboral humano en general, abstracción hecha de toda forma histórica del mismo; y por lo tanto de que el capital es algo eterno y condicionado por la naturaleza del trabajo humano.[...] Se considera así al capital como una cosa que en el proceso de producción desempeña cierto papel propio de una cosa, adecuado a su condición de cosa. Es la misma lógica que, de que el dinero es oro, infiere que el oro es dinero en sí y para sí".
En la misma perspectiva, agrega más adelante:
"De ahí, sobre la base del proceso capitalista de producción, esa fusión indisoluble de los valores de uso, en la cual el capital existe bajo la forma de medios de producción, y de ahí la determinación de estos medios de producción, de estas cosas como capital —que es una relación de producción social determinada—, exactamente igual que dentro de este modo de producción los implicados en éste consideran el producto en sí y para sí como mercancía. Lo cual constituye una base para el fetichismo de los economistas".
Estos últimos confunden cosas materiales con relaciones y formas sociales, una crítica que Marx retomará al comienzo de El Capital y al final de la misma obra.
Profundizando la noción de fetichismo, Marx volverá sobre la categoría de capital, definiéndola como "la dominación del trabajo pasado y muerto sobre el trabajo vivo", relación en la cual "Los medios de producción aparecen ya únicamente como succionadores del mayor cuanto posible de trabajo vivo"…
(continuará)
[ Fragmento de: Néstor KOHAN. “Nuestro Marx” ]
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