lunes, 13 de marzo de 2023

 

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NUESTRO MARX

Néstor Kohan

[ 071 ]

 

 

 

SEGUNDA PARTE

¿EL RETORNO DE MARX?

 

 

La lógica dialéctica y la teoría del valor

 

 

(…) ¿Cuál es el gran presupuesto lógico formal de semejante concepción sociológica, antropológica y política? El hecho de no poder concebir que el conflicto social sea interno, es decir, que la diferencia esté dentro mismo de la identidad, que la "antítesis" no venga después que la "tesis", que la negación esté allí mismo desde el comienzo, se manifieste a primera vista o no. Al no poder superar esta concepción lógico formal, semejante tipo de concepción social —de gran influencia en alguna época en la antropología norteamericana y la sociología anglosajona, por ejemplo— no tiene más remedio que apelar a alguien de afuera que introduce la contradicción. Supuestamente, desde el comienzo no encontraríamos la negatividad, no estaría la antítesis, no habría contradicción. Habría una identidad pura, simple afirmación, pura tesis y armonía.

 

Esta concepción ha sido habitual en diversas escuelas sociológicas y antropológicas, principalmente vinculadas a la familia del estructural-funcionalismo clásico.

 

¿Pero acaso Marx no utiliza los términos "antítesis" y "síntesis"? Por supuesto que los utiliza a lo largo de todo El Capital pero nunca referidos a la simplificada trilogía [tesis-antítesis-síntesis] por la siguiente razón: para Marx la antítesis está presente desde el comienzo, desde la identidad misma de la mercancía, desde el inicio de El Capital (aunque, aclara Marx, de manera "oculta"). La antítesis no viene desde afuera a oponerse a la tesis sino que la antítesis "externa" —que se manifiesta en las cuatro formas del valor, incluido el dinero, su forma más desarrollada— no es más que el despliegue y la exteriorización de la antítesis interna a la mercancía. Marx también utiliza el término "síntesis". Lo hace fundamentalmente en la Introducción de 1857 a los Grundrisse, pero nunca lo emplea como sinónimo de (re)conciliación de elementos externos y yuxtapuestos entre sí, sino como un segundo momento metodológico, aquel donde se llega a construir la categoría de "totalidad concreta" a través de la "síntesis de múltiples determinaciones"— posterior al momento del "análisis", fase metodológica anterior en la que se detiene la economía política.

 

Entonces la primera característica de "la diferencia" dentro de la lógica dialéctica consiste en el hecho de ser equivalente a "la negación". Segunda característica: el hecho de corresponder al momento de "la crítica". La dialéctica equivale a la crítica, nos plantea Marx en el epílogo a la segunda edición de 1873 de El Capital ya mencionado, pues subraya en toda realidad el elemento de la negación. Por eso Marx asimilará la crítica con la historicidad. La dialéctica constituye entonces un método historicista en este particular sentido: en toda realidad, por más absoluta que parezca, se subraya siempre la dimensión de su historicidad, su transitoriedad, su negación, en suma: el momento de la diferencia que alberga dentro suyo la identidad.

 

En la diferencia "el otro" es externo y extrínseco. Surge entonces el interrogante: ¿Por qué la diferencia mantiene al otro polo de la relación de manera extrínseca? El primer momento de la diferencia es la diferencia absoluta. Como siempre sucede en la lógica dialéctica de Hegel, el primer momento es el más inmediato y simple. La diferencia absoluta no es diferente por medio de algo extrínseco; es una diferencia que solamente se refiere a sí misma, por eso es simple. El ejemplo que proporciona el propio Hegel para ilustrar esto es la diferencia entre ["A"] y ["—A"], o sea, entre "A" y "no A". Cuando se diferencia ["A"] de ["no A"] "es el simple no lo que como tal constituye la diferencia" [subrayado de Hegel]. Pero esa diferencia absoluta y simple es sólo el primer momento porque seguidamente Hegel agrega que "La identidad se quebranta en ella misma en diversidad". La diversidad sería el segundo momento de la diferencia, pues en ella "lo diferenciado subsiste como diferente indiferente recíprocamente". Entonces la diversidad, sostiene Hegel, particulariza la diferencia absoluta, que es abstracta todavía y la transforma en algo más concreto, más determinado, más desarrollado.

 

En la identidad se relacionan dos polos mediados por el signo [ = ]. Cada polo de la relación en la diversidad mantiene una relación de indiferencia frente al otro, cada uno está como "encerrado" en sí mismo, la relación entre ambos polos es completamente externa ya que la diversidad como forma de la diferencia lo único que hace es marcar que ambos polos de la relación son distintos entre sí. Hegel explica que: "Los diversos, por consiguiente, no se comportan como identidad y diferencia uno frente al otro, sino sólo como diversos en general, que son indiferentes entre ellos y frente a su determinación". Entonces en la diversidad existe una relación pero de ajenidad recíproca entre ambos polos.

 

Estas categorías lógico-dialécticas —principalmente tres: identidad, diferencia y contradicción— pertenecen, recordemos, a la doctrina de la esencia y son producidas por la reflexión. ¿Qué es entonces la identidad? Pues la "reflexión en sí", aclara Hegel. ¿Y la diferencia? Pues la "reflexión extrínseca". Entonces, en este momento de su exposición lógica agrega:

 

"la reflexión extrínseca refiere lo diverso a la igualdad y a la desigualdad".

 

Porque la operación de comparar es una típica operación dentro de una relación extrínseca. Se comparan elementos diversos y ajenos recíprocamente entre sí y se llega a la conclusión de que algunos son iguales ("identidad extrínseca") y otros desiguales ("diferencia extrínseca"), pero en ambos casos la relación entre los polos es externa y extrínseca. Entonces igualdad y desigualdad son referencias recíprocas de elementos que constituyen polos de una relación donde cada uno mantiene una independencia frente al otro. ¿Se relacionan entre sí? Sí, pero de manera externa...

 

¿Qué diferencia habría en la lógica dialéctica que expone Hegel entre el principio de identidad y el de diversidad? Pues que el elemento de la identidad (por ejemplo ["A"] que se puede identificar con otro elemento exactamente igual cuando se plantea la proposición [A = A]) es absolutamente indeterminado, mientras que los elementos que son entre sí diversos (por ejemplo ["A" y "B"], o ["A" y "C"], etc., etc.) son determinados, no pueden ser reemplazados por cualquiera porque cambia la relación. En [A = A] es lo mismo si la proposición hace referencia a [B = B] o [C = C], etc., etc.. En ese caso el reemplazo de variables no cambia nada. Pero en la proposición [A es diverso de B] o en [A es diverso de C], ahí no se puede reemplazar o intercambiar alguna de las variables por cualquier otra, porque no se mantendría la misma relación.

 

La diferencia contiene, entonces, tres momentos internos: la diferencia absoluta, la diversidad y la oposición. Los tres mantienen una relación entre los polos de externidad, de carácter extrínseco. Ya expusimos los primeros dos, pasemos al tercer término: la oposición. ¿Qué agrega la oposición a la diversidad? Un grado mayor de "cercanía" y mutua determinación entre los polos de la relación. Si en la diversidad se podía afirmar, por ejemplo, que las peras y las manzanas son diversas, en la oposición cada uno de los polos se define a partir del otro. Hay un grado de determinación mayor que en la simple diferencia absoluta, donde cada elemento es completamente "indiferente" —en palabras de Hegel— frente al otro polo. En la oposición, en cambio, cuando dos polos son opuestos, "sus momentos son diferentes en una única identidad: ellos están así contrapuestos", plantea Hegel. Por eso la oposición consuma el movimiento de la diferencia. Por ejemplo la igualdad y la desigualdad o lo negativo y lo positivo, relacionados recíprocamente, son expresiones de la oposición. Ninguno de ellos tiene existencia independiente —como ocurre con la diferencia absoluta o con la diversidad—. "Cada uno se refiere a sí mismo, sólo como refiriéndose a su otro", sentencia Hegel. ¿Es muy diferente cuando Marx en El Capital hace referencia al polo relativo y al equivalencial en la relación de valor?

 

En la Ciencia de la Lógica los opuestos existen entre sí cada uno por medio del no ser de su opuesto. Lo positivo sólo es positivo en tanto no se da su opuesto: lo negativo, el arriba con el abajo, etc.,etc. Es decir que en la oposición los elementos han perdido la ajenidad recíproca, la indiferencia recíproca, pero aún mantienen la relación extrínseca porque los dos polos no son todavía una misma identidad, una misma totalidad, una misma unidad. Tienen una fuerte relación entre sí —mucho más fuerte que la simple diferencia absoluta y que la mera diversidad— pero aún no son una misma unidad. El "otro" de la relación aún está afuera.

 

En esta fase llegamos al punto máximo de las determinaciones de la reflexión, que es la que en esta investigación —con Marx y El Capital de por medio— más nos interesa: la contradicción. Aquel tipo de relación donde el polo opuesto ya no está "afuera", ya no es "extrínseco" o "externo" sino que está dentro mismo de la relación, interiorizado. Sólo se define e identifica un polo a partir del otro polo — contradictorio— que lo constituye en el seno mismo de la identidad. Cada uno de los polos ha perdido su autonomía "externa". Cada uno de ellos sólo es idéntico a sí mismo porque es contradictorio con su "otro". Fuera de esa contradicción carece de sentido. Precisamente esa es, en Marx, la relación que engloba al capital y al trabajo asalariado como dos polos contradictorios. La relación central de toda la arquitectura lógica de El Capital.

 

Lo primero que Hegel plantea acerca de cómo aparece la contradicción es que

 

"La diferencia en general es ya la contradicción en sí; en efecto representa la unidad de aquellos que existen sólo porque no son uno —y representa la separación de aquellos que existen sólo como separados en la misma relación".

 

Si en la diferencia ya está "en sí" (en germen, de modo simple, en forma no desplegada) la contradicción, por ello resulta tan importante demostrar que en la proposición [A = A] estaba ya la diferencia. Si se demostraba que en la identidad está la diferencia, por transitividad demostramos que la negación y contradicción se albergan en el seno mismo de la identidad.

 

Hegel sostiene que en la contradicción los polos de la relación se determinan mutuamente "como un idéntico consigo mismo, que es relación con otro". Entonces en la contradicción se revela lo que ya estaba implícito en la identidad: que la identificación ("la relación consigo mismo") sólo se logra en la "relación con otro". Por eso la lógica dialéctica se niega a aceptar que el juicio [A = A] equivalga a una mera tautología, a una verdad válida para todos los mundos posibles (en el lenguaje de Leibniz), porque está vacía, no agrega ninguna información a lo que ya se conoce. Para la lógica dialéctica la identidad no está vacía, agrega información, y por ello no puede reducirse a la relación consigo misma (de "A" con "A" y nada más...). En la contradicción cada polo necesariamente remite su autodeterminación, su identificación, a la relación con el polo contradictorio. De ahí que este polo contradictorio, su "otro", no sea externo ni extrínseco. Es interno porque él mismo juega en la propia definición de su polo contradictorio. Esto explicaría la interiorización del polo contradictorio:

 

"[en la contradicción] uno existe sólo como este otro del otro; y al mismo tiempo una determinación existe sólo en relación con otra".

 

En la oposición los polos opuestos eran externos entre sí. En cambio Hegel sostiene que

 

"Sólo después de haber sido llevados al extremo de la contradicción los múltiples se vuelven activos y vivientes uno frente al otro y consiguen en la contradicción la negatividad que es la pulsación inmanente del automovimiento y de la vitalidad".

 

A partir de lo que hemos visto resulta obvio que si esa negatividad, entendida como "la pulsación del automovimiento" no hubiese estado presente desde el comienzo, todo se hubiera detenido —como suponían las metafísicas desde Parménides en adelante— en el puro ser.

 

 

Entonces, si recapitulamos y esquematizamos brevemente, obtenemos que la identidad nunca es tautológica, porque ella misma consiste en un desdoblamiento, en un "salir" para volver a "entrar" y en ese "salir" (la negatividad entendida como alienación, momento correspondiente al "volverse otro de sí mismo") está la diferencia, la negación. La diferencia se presenta como diferencia absoluta sólo en una primera fase para luego expresarse como diversidad, una diversidad que se expresa como tal en la comparación de elementos externos y extrínsecos entre sí, ya sean iguales o desiguales. En la diversidad, el polo diverso es indiferente al otro; mientras que en la oposición, el polo opuesto se afirma negando al otro (pero en ambos casos el "otro" está fuera). Hasta aquí llega la representación del entendimiento y el dualismo kantiano y allí se detiene y retrocede frente a lo que considera un desvío de la razón especulativa que ha caído en antinomias por no respetar los límites experienciales propios de la sensibilidad, el tiempo y el espacio. El dualismo no puede admitir la superación del ámbito extrínseco, de la exterioridad, de la separación entre sujeto y objeto, por eso siempre mantiene al otro "afuera". En cambio, en la contradicción, el polo contradictorio de la relación niega y afirma a la vez al otro, que ya no está afuera sino adentro. Se ha roto el dualismo entre el sujeto y el objeto. La realidad misma —y como parte de ella el sujeto— es contradictoria. Poder concebir la contradicción presupone haber superado el dualismo entre el sujeto y el objeto, entre la lógica y la historia.

 

Entonces todo el movimiento nace en una identidad y culmina en su opuesto, en la contradicción, que constituye una nueva identidad. Nace en una identidad que encierra dentro suyo al "otro", a la diferencia, la negación y la contradicción en sí (de modo no desplegado, simple, en germen); pasa por la diferencia, la diversidad y la oposición, donde el "otro" se exterioriza, para reintroducirse nuevamente dentro de la totalidad en la contradicción que alberga dentro suyo a la identidad y a la diferencia al mismo tiempo. En esta contradicción un polo de la relación se afirma negando al otro pero ya no desde afuera sino desde adentro, de modo inmanente…

(continuará)

 

[ Fragmento de: Néstor KOHAN. “Nuestro Marx” ]

 

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