lunes, 6 de marzo de 2023

 

947

 

 

NUESTRO MARX

Néstor Kohan

[ 070 ]

 

 

 

SEGUNDA PARTE

¿EL RETORNO DE MARX?

 

 

 La lógica dialéctica y la teoría del valor

 

(…) Este tipo de formulación y de concepción lógico dialéctica no lo encontramos solamente en el capítulo primero de El Capital (aquel donde su autor más "coqueteó" con su maestro, como él mismo reconoce de forma expresa en el epílogo de 1873 a la segunda edición alemana). También lo hallamos en todos los siguientes. Proporcionamos tan sólo un ejemplo, por demás ilustrativo. Marx señala:

 

"Al igual que todas las mercancías, el dinero sólo puede expresar su propia magnitud de valor relativamente, en otras mercancías".

 

En todos estos pasajes de El Capital —principalmente del primer capítulo pero también en el resto de la obra— Marx rechaza aquello que Hegel denomina "la identidad abstracta producto de la reflexión extrínseca" pues esta identidad abstracta sólo se reduce a una mera tautología, a una mera verdad vacía y formal [A = A]. El valor es una relación de igualdad [ = ] pero nunca puede ser una igualdad tautológica o identidad abstracta, pues nunca el elemento que está de un lado del signo [ = ] (que Marx denominará "forma relativa") puede igualarse en el otro polo de la relación de igualdad (que Marx denominará "forma equivalencial") a sí mismo. Si así lo hiciera no expresaría su valor. No agregaría ninguna información, sería una mera identidad abstracta, simplemente repetiría lo que ya sabemos (20 metros de tela = 20 metros de tela). Para Marx el valor es un tipo de igualdad donde cada término sólo puede expresarse en "otro", nunca en sí mismo, por eso él concibe —como Hegel— la identidad de modo que nunca sea una identidad encerrada en sí misma (como presuponía la identidad de la lógica formal) sino que siempre remite a un "otro", a una relación.

 

En el fondo implícito de todos estos razonamientos y definiciones de Marx está operando la crítica de Hegel a la "identidad abstracta o vacua identidad".

 

En la Ciencia de la Lógica Hegel intenta demostrar que aun en [A = A] no existe una tautología (como presuponían la lógica formal aristotélica y el entendimiento kantiano). Dicha expresión no constituye "una verdad válida para todos los mundos posibles", según la célebre expresión de Leibniz.

 

Según Hegel al afirmar semejante identidad nos encontramos frente a un tipo de juicio o proposición donde el sujeto "sale fuera" de sí, por eso aparece este signo [igual = ], ya que si no saliera fuera de sí habría que poner solamente [A] y punto, sin signo [ igual = ]. En ese caso, la afirmación consistiría solamente, por ejemplo, en "la silla" (en el ejemplo clásico de Marx sería "20 varas de lienzo"). En ese caso no agregaríamos nada más, no habría ninguna igualdad, ningún signo [ igual = ].

 

Si se afirma "la silla es idéntica a otra cosa" [A = ...] se produce un "salir fuera" de este ámbito ["A"] pero inmediatamente se retorna porque en el segundo término de la igualdad se afirma que el primer término resulta idéntico a la silla: "la silla es la silla" [A = A]. Hegel plantea entonces que la identidad [ igual = ] no es abstracta —como presupone la lógica formal— sino que desde el momento en que se sale "fuera de A" y se compara con otro término, ya se introdujo la diferencia en la identidad.

 

Hegel lo expresa de la siguiente manera:

 

"[la identidad] en lugar de ser la inmóvil simplicidad, es el sobresalir fuera de sí en la disolución de sí misma. Por lo tanto, en la forma de la proposición, en que se expresa la identidad, se halla algo más que la simple, abstracta identidad, se encuentra en ella este puro movimiento de la reflexión, en que lo otro se presenta sólo como apariencia, como inmediato desaparecer. A es, representa un empezar que vislumbra algo diferente, hacia el cual hay que salir, pero no se logra llegar al diferente [...] el movimiento vuelve sobre sí mismo".

 

En este pasaje Hegel nos muestra como ["A"] "sale fuera" pero no encuentra a otro elemento distinto de ella sino a ella misma, se refleja, por eso "vuelve" y se obtiene [A = A].

 

"La diferencia es la negatividad que la reflexión tiene en sí; es la nada que se dice por medio del hablar idéntico, es el momento esencial de la identidad misma".

 

Si la diferencia es el momento "esencial"—esto es, el más importante, el que define— entonces la identidad convive con la diferencia no de manera yuxtapuesta ni extrínseca. Esto significa que la diferencia está desde el comienzo, desde el inicio, no se acopla después desde "afuera". De esta manera Hegel, al plantear que la diferencia y su máximo despliegue que asume la forma de contradicción, conviven desde el inicio en el seno más íntimo de la propia identidad, descentra y supera el dualismo kantiano, la brutal escisión entre el objeto y el sujeto (escisión que en la crítica de Marx al fetichismo de la economía política será atribuida a Adam Smith y David Ricardo).

 

¿Por qué resulta tan importante para la lógica dialéctica demostrar que la diferencia se encuentra desde el inicio? Hegel argumenta y lo explica de la siguiente manera:

 

"La diferencia es el todo y su propio momento".

 

Lo cual significa que la diferencia es una totalidad que incluye como momentos subordinados tanto a la identidad como a la misma diferencia. De este modo se pasa del primer momento que se denominaría "identidad diferenciada" a este segundo momento del devenir donde la exposición muestra la "diferencia idéntica". La clave pasa a depositarse en la diferencia —que en la medida en que se desarrolle y despliegue se convertirá en contradicción—. Entonces Hegel agrega:

 

"Esto tiene que ser considerado como la esencial naturaleza de la reflexión y como primer fundamento determinado de toda actividad y automovimiento [subrayados de Hegel]".

 

Esta es la razón por la cual la diferencia se torna tan importante para la lógica dialéctica, ya que si ella no estuviera presente desde el inicio en el seno mismo de la identidad (de la expresión [A = A] en Hegel; de la mercancía como identidad diferenciada de valor de uso y valor, en Marx) entonces no habría "actividad" ni "automovimiento" (del "concepto", es decir, del sujeto-objeto, en Hegel; del valor que se autovaloriza y transforma en "capital", en Marx).

 

Entonces, a lo largo de todo este desarrollo de la Ciencia de la Lógica que corresponde a la exposición de las "determinaciones de la reflexión o esencialidades", habría tres grandes momentos: identidad, diferencia y contradicción. Hasta ahora recorrimos la identidad y comenzamos con la diferencia. Pues bien, en la Ciencia de la Lógica la diferencia se despliega a su vez en otros tres submomentos: el primero de ellos es el que corresponde a la diferencia absoluta, el segundo a la diversidad y el tercero a la oposición.

 

La identidad, cuando se supera el modo de concebirla propio de la reflexión extrínseca —típico de la lógica formal aristotélica y el entendimiento kantiano— deja de ser abstracta, vacua y tautológica, encerrando adentro suyo a la diferencia. Desde ese momento, que es el del inicio, comienza su despliegue la contradicción, aunque de manera todavía latente. ¿Qué es lo que caracteriza entonces a la identidad? El hecho de encerrar adentro suyo a "otro", es decir, a la diferencia, porque la identidad nunca es vacía o tautológica sino que consiste en una suerte de desdoblamiento (un "salir" para volver a entrar...). ¿Qué es lo que caracteriza pues a la diferencia? El hecho de que este "otro" polo de la relación mantiene todavía una ajenidad extrínseca, una relación que todavía no deja de ser externa. En la identidad "el otro" está dentro. En la diferencia "el otro" es externo y extrínseco. Recién con la contradicción "el otro" será reincorporado, reinteriorizado.

 

En la lógica dialéctica el momento de la diferencia equivale a la negación. Demostrar la diferencia resulta lo mismo que demostrar cómo dentro de la identidad habita una negación. La diferencia sería, en este sentido, como "una cuña" dentro de la supuesta homogeneidad de la identidad. Eso explica porqué la lógica de Aristóteles no podía permitirse aceptarla, pues si dentro de la identidad existe una negación (no externa sino interna), eso derivaría en una contradicción... Frente a esa constatación sólo restan dos caminos posibles: el de la Crítica de la razón pura de Kant ("la razón se extralimitó más allá de sus límites de la experiencia" y por lo tanto debe retroceder”) o el camino de la Ciencia de la Lógica de Hegel, quien sostiene que la contradicción es el fundamento mismo de la esencia de la realidad.

 

Lo que caracteriza a la identidad es el hecho de encerrar adentro suyo al "otro", en este caso, a la diferencia.

 

Llegado este punto de la exposición de la lógica dialéctica nos vemos impelidos a dar un pequeño rodeo y un mínimo excursus. En toda exposición escolar o manualística de Hegel —incluyendo la manualística "marxista" de la época stalinista... que tantas veces ha alentado la pereza mental en lugar del pensamiento crítico— se intenta resumir el pensamiento dialéctico afirmando que para Hegel la dialéctica consiste simplemente en el esquema: "tesis, antítesis y síntesis".

 

Afirmar eso implica no comprender que si desde el primer momento hay una "tesis" eso quiere decir que "la tesis" sería pura identidad, pura afirmación... Entonces, siempre dentro de este esquema tremendamente simplificador, en un segundo momento vendría la negación, que consiste en una "antítesis", que operaría de manera completamente externa y luego, en el tercer momento, vendría la (re)conciliación: "la síntesis". Pero plantear el esquema [tesis, antítesis y síntesis] presupone desconocer que la lógica dialéctica rompe con la noción de un primer momento absolutamente afirmativo —la "identidad vacua" de la lógica formal, el [A =A]— porque la negatividad propia de la diferencia, según Hegel, se encuentra desde el comienzo, es un rechazo interior. Si no se encuentra desde el comienzo, remarcará nuevamente Hegel, jamás podrá encontrársela a posteriori. Está allí, en el seno mismo de la identidad o nunca podrá ingresar dentro suyo.

 

 

En el ámbito de las ciencias sociales esta discusión lógica estará cargada de consecuencias. El funcionalismo, por ejemplo, presupone siempre que cuando existe un conflicto y una contradicción dentro de determinada sociedad, dicho conflicto proviene de un "agente externo". ¿Cuál es el gran presupuesto no discutido, aceptado de manera acrítica y dogmática? El presuponer que dentro de la sociedad existiría armonía y esta correspondería a aquella situación en la cual cada miembro de la sociedad cumple su "función", predeterminada de antemano por la estructura. Si se resiste a cumplir su función, si esa armonía no se verifica, si en su lugar aparece la protesta, el conflicto, la contradicción, la lucha de clases, resulta que habría un elemento extraño que introduce el problema desde "afuera"…

 

(continuará)

 

 

 

[ Fragmento de: Néstor KOHAN. “Nuestro Marx” ]

 

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