viernes, 17 de febrero de 2023

 

938

 

LA COLUMNA DE LA MUERTE

El avance del ejército franquista de Sevilla a Badajoz

 

Francisco Espinosa Maestre

 

[ 031 ]

 

 

3

EL SUSTO EN EL CUERPO

 

 (...)

 

 

Proceso al Regimiento de Infantería Castilla n.º 3

 

La instrucción abierta al Regimiento de Infantería Castilla n.º 3, a cargo del teniente coronel de Artillería Juan Membrillera Beltrán, fue incoada el 17 de agosto de 1936. Para entonces ya han sido asesinados o están lejos la mayor parte de los militares claramente definidos a favor de la República. Los que permanecen, un grupo numeroso entre oficiales y suboficiales, empezarán por justificar su actitud en los momentos claves (el 18 de julio, la noche del día 21, las salidas con las columnas o su papel en la defensa durante las jornadas del 13 y 14 de agosto) pero, acuciados por los diferentes grados de responsabilidad, acabarán por inculparse unos a otros para salvarse. Puede excusarse que se sirvieran de los muertos o huidos para situarse en un plano «superior», pero es difícil entender el duelo de descalificaciones en que entraron: Almansa, que daba clases de gimnasia en la Diputación y que era pariente del odontólogo Áureo Alvarado, hermano del capitán Domingo Alvarado Pascasio, fue acusado de connivencias con la izquierda; Lucenqui, más que a colaborar en la preparación de la sublevación, se afanaba en enchufar al hermano en la Diputación, para luego, vestido con el mono, seguir a todas partes al capitán De Miguel; el alférez González Dorado estuvo siempre ligado a los extremistas, empezando por sus dos hermanos; Andreu, «al sol que más calienta», ha causado daño irremediable al estar más cerca del mando que de sus verdaderos compañeros; etc. Éste era el tono de las declaraciones a principios de septiembre. Quizá se entienda el clima teniendo en cuenta la opinión de los que, ajenos a todo lo ocurrido en Badajoz, observan desde fuera el espectáculo:

 

Si este regimiento se hubiese unido a Franco, si los Jefes y Oficiales que lo componían hubiesen recordado que eran militares y que esta condición llevaba forzosamente aparejada la de ser caballeros y defensores de España hasta morir, no se hubiera derramado tanta sangre en Extremadura ni se estaría derramando aún.

 

Cuando el instructor Membrillera realiza su informe a finales de septiembre concluye que con los elementos que se contaba no pudo prepararse nada, que el coronel fue presionado por jefes y oficiales «marxistas», que le obligaron a mantener la legalidad y que la llegada de Puigdengolas fue clave para la evolución posterior. Un comentario del Auditor de la II División Francisco Bohórquez Vecina, en uno de los expedientes, puede resultar ilustrativo de la actitud que se tuvo hacia el Regimiento:

 

«[No puede olvidarse] el retardo que en las operaciones guerreras que ulteriormente habrán de realizarse produjo la campaña para la reconquista de Badajoz».

 

Cuando enumeró a los militares a quienes no se había tomado declaración obvió al coronel Cantero y consideró en paradero desconocido a los comandantes Bertomeu y Alonso. Uno de los más duramente tratados, y también en ignorado paradero, fue el capitán De Miguel, de quien se afirmaba que más de una vez, ante la posibilidad de que los oficiales se sublevaran, había animado a cabos y soldados a que acabasen con ellos. Otro al que no se pudo interrogar por pasar a la otra zona fue el teniente José Pizarro García, que luego se uniría a los sublevados. Lo mismo ocurrió con todos los que marcharon a Madrid con Ruiz Farrona. En los «rojos» declarados como los alféreces Terrón o Borrego ni se entraba. Los informes no dejan lugar a dudas:

 

INFORMES SOBRE MILITARES

 

Comandante Bertomeu: «De todas estas actuaciones se deduce que la actuación de dicho comandante ha sido francamente traidora».

 

Comandante Ruiz Farrona y capitán De Miguel: «Actuación francamente destructora, traidora y favorecedora del marxismo».

 

Alférez Borrego: «Coaccionó a las clases y tropas para el asesinato de la oficialidad».

 

Brigada Florencio García: «En relación con los centros comunistas y la Casa del Pueblo».

 

Sargento José Balas López: «El peor de los peores en todas sus actividades tanto políticas como militares».

 

Sargento Méndez Penco: «Fue expulsado del Ejército y readmitido al advenimiento de la República, más avanzado que los anteriores, ladrón y criminal».

 

Sargento Fernando Gallardo: «Corto de espíritu pero unido a los anteriores, se le puede considerar lo mismo que a ellos aunque no tan exaltado y peligroso».

 

Sargento Juan Orantos: «Peligroso y perjudicial en todas sus manifestaciones».

 

Sargento Bartolomé Collado: «Muy peligroso».

 

Comandante de Asalto Luis Benítez Ávila: «Indeseable y peligrosísimo».

 

Brigada Ramiro Cabalgante: «Es el individuo más peligroso e izquierdista de todo el cuerpo de suboficiales de esta guarnición».

 

Brigada Manuel Trujillo Álvarez: «Falto de espíritu y arrastrado por los anteriores».

 

Brigada Simón Granados Antequera: «Dudosísimo».

 

Sargento Antonio Balas Lizárraga: «Igual que Cabalgante, del que era amigo».

 

Sargento Florencio García Puerto: «Partidario de una República de orden. Peligroso».

 

Sargento Tomás Estévez Sánchez: «Como los demás: si no eran izquierdistas, eran obedientes».

 

Además de la Causa 397/36 contra los jefes y oficiales del Regimiento de Castilla n.º 3, se abrió una segunda pieza dedicada a los suboficiales, de la que se derivaría la Causa 693/37. El informe final del instructor, el capitán de Infantería retirado Gregorio Martínez Mediero. reconoce por lo que respecta a los suboficiales que «los ha habido francamente hostiles al movimiento y con habilidad suficiente para hacer imperar su criterio». Martínez Mediero dividió a los encausados en varios grupos: «bien conceptuados», «sin conceptuar», «medianamente conceptuados», «en mayor grado» y «mal conceptuados». Los últimos eran: los brigadas Máximo Gragera Paredes (ignorado paradero), Juan Tena Franco (ignorado paradero), Ramiro Cabalgante Vilela (ignorado paradero), Victoriano Lagoa Gómez (ignorado paradero), Manuel Trujillo Álvarez (ignorado paradero); y los sargentos José Balas López (en Madrid), Pedro Duque Alhama (baja por enfermedad), Pilar Macarro Peña (detenido), Eugenio Blázquez Sánchez (en Madrid), Luis Blázqez Sánchez (ignorado paradero), Marcos Falconet Salguero (ignorado paradero), Daniel Perera González (ignorado paradero), Manuel Mota Mimbreaos (ignorado paradero), Fernando Gómez Muñoz (ignorado paradero), Juan Orantos Cid (ignorado paradero), Bartolomé Collado Ramírez (ignorado paradero), Rafael Méndez Penco (en Madrid), Antonio Balas Lizárraga (ignorado paradero), Francisco Saavedra Rodríguez (en Madrid), José Méndez Hidalgo (en Madrid), y Joaquín Sancho Trujillo (en Madrid). No aclaró el instructor, al contrario de lo que ocurría con los jefes y oficiales, que el «ignorado paradero» ocultaba al menos en los casos de dos de los brigadas y de tinco de los sargentos la desaparición física, pese a lo cual se dictaron autos de procesamiento contra todos ellos y fueron declarados en rebeldía el cinco de febrero de 1937. El consejo de guerra tuvo lugar, finalmente, el 21 de febrero de 1938 y fue presidido por el coronel Juan Membrillera Beltrán, quien reconoció que en el Regimiento de Infantería Castilla n.º 3 no existía organizado ningún «Comité Rojo»; calificó los hechos allí ocurridos de auxilio a la rebelión militar y solicitó doce años y un día para los alféreces y sargentos José Cano Pulido, Florencio Cerrato Mansilla, Luciano Carrasco Carrasco, José Menor Barriga, Florencio García Puerto, Julián Hidalgo Carrillo, José Méndez Hidalgo, Pilar Macarro Peña, Fernando Gómez Muñoz, Eladio Frutos Moreno, Juan Rubio Lozano y Tomás Estévez Sánchez. Fue retirada la acusación a Pedro Duque Alhama, Florencio García Suárez, Juan de Dios Gómez López, José Díaz Navarro. y Miguel Fernández Boza. El defensor, que se adhirió a la petición del fiscal, dijo no encontrar cargo alguno y qué poco marxistas serían cuando volvieron desde Portugal. He aquí algunos de sus considerandos:

 

4.º … en cuanto a todos ellos, con mayor o menor espontaneidad, prestaron servicios de armas a favor del Frente Popular, que representaba la anarquía, el materialismo, la ilegalidad y el crimen frente a los principios del orden, Patria, Religión y Justicia que constituyen el más precario título de legitimidad asumido por el Caudillo de la Cruzada Redentora y Generalísimo de los Ejércitos Nacionales, Excmo. Señor Francisco Franco Bahamonde, cooperando con sus actuaciones a retrasar el triunfo de la causa Nacional y causando con ello inmensos perjuicios a España.

 

5.º … y si los principios de disciplina y subordinación jerárquica constituyen la esencia misma de las instituciones armadas, y en su aplicación rígida y estricta descansa el prestigio, eficiencia y buen régimen del Ejército, como, llenos de precisión en los conceptos y de elegancia en las frases, expresan los textos de las Ordenanzas Militares (ej.: «el superior que da una orden exonera al inferior que la ejecuta») y esto sentado, es visto que los suboficiales que ejercieron mando subalterno durante la actuación rebelde del Regimiento obraron en virtud de obediencia debida mientras acataron y no rebasaron iniciativas individuales los mandatos de sus superiores…

 

Finalmente, fueron absueltos todos salvo los sargentos Fernando Gómez Muñoz y José Méndez Hidalgo, quienes serían condenados a doce años por auxilio a la rebelión militar, pena que luego —tal como la propia sentencia aconsejaba— les sería conmutada por la de dos años de prisión militar correccional. Pese a la atenuante de haber regresado a Badajoz pudiendo haberse dirigido a Tarragona, habían realizado servicios de armas «a favor del gobierno rojo». Como señal de indulgencia hacia el Regimiento Castilla, en general, la sentencia recogía que aunque en la defensa de Badajoz hubo unidades del mismo que intervinieron, «éstas se portaron pasivamente rehuyendo cuanto le fue posible hacer armas contra los asaltantes»…

 

(continuará)

 

 

[ Fragmento de: Francisco Espinosa Maestre. “La columna de la muerte” ]

 

*

 

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