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NUESTRO MARX
Néstor Kohan
[ 065 ]
SEGUNDA PARTE
¿EL RETORNO DE MARX?
El método dialéctico, un método crítico y revolucionario
(…) En el pensamiento de Marx el criminal y su crimen nunca se muestran de forma espontánea, hay que descubrirlos. El plusvalor no se ve. Hay que partir de las huellas, de los síntomas, de las señales y rastrear hacia atrás. Partir de los efectos y llegar a las causas, a las razones, a las relaciones, a las condiciones y a las operaciones.
A diferencia nuevamente de las múltiples corrientes epistemológicas afines al positivismo que en sus diversos matices y períodos han tendido sistemáticamente a rechazar toda teoría que pretenda ir más allá de la experiencia inmediata descalificando el intento como "metafísico", aprisionando de esta manera las ciencias sociales en la inmediatez de la experiencia cotidiana, es decir, en el sentido común burgués (el discurso de Watson) o mundo de la "seudoconcreción", según una feliz expresión de Karel Kosik, Marx no abandona ni rehúye en ningún momento la explicación del plano apariencial, de las formas superficiales y de los aspectos fenoménicos de la realidad del capitalismo, pero se preocupa por explicarlos no caótica ni acríticamente, sino habiendo expuesto anteriormente todas las mediaciones previas, lo que le permite ubicarlas en el interior de la totalidad concreta dentro de la cual cada una de ellas adquiere su sentido específico.
En el caso de El Capital esta prescripción positivista sería equivalente a quedarse circunscrito a las formas sociales tal como se presentan a la experiencia inmediata en el mercado, o en sus formas subsidiarias de consumo. De allí que los economistas neoclásicos y neoliberales que han pretendido y siguen pretendiendo explicar absolutamente todo mediante el "libre juego" de la oferta y la demanda mercantiles, vale decir, ubicando las razones últimas en el ámbito de la circulación, o intentan dar cuenta del valor mediante las categorías de utilidad o de rareza pertenecientes al espacio teórico del valor de uso o del consumo individual, presupongan consciente o inconscientemente una concepción epistemológica positivista.
En el libro segundo de El Capital, Marx analiza las formas de mediación y comienza a delinear una mirada macrosocial, agregando al momento de la producción (que él considera el determinante) el de la circulación y la reproducción.
En el libro tercero estudia el proceso en su conjunto como unidad de la producción y la circulación y analiza las formas sociales aparenciales y fenoménicas (ejemplo: los precios) tal como aparecen en el mercado, en relación con las formas esenciales (los valores).
La salvedad que habrá que incorporar reside en que ni las primeras ni estas últimas son todavía concretas, sino que son analizadas en su "promedio ideal" tal como corresponden a su concepto. Luego, aquellos que intentan refutar el libro III (y en consecuencia el libro I y como corolario El Capital en su conjunto) centrándose en el "problema de la transformación" de los valores en precios argumentando que en las "formaciones sociales empíricas" los valores nunca coinciden cuantitativamente en forma plena con los precios, además de no dar cuenta del aspecto cualitativo de la teoría del valor están confundiendo el nivel de abstracción en el que todavía se sitúa el libro III.
Arquitectónicamente, El Capital comienza estudiando procesos estructurales, en un plano de suma abstracción donde prácticamente no cuenta el tiempo relativo del proceso de producción en su conjunto (aunque sí es tematizado en torno al problema de la extensión de la jornada laboral y en la relación tiempo de trabajo necesario-tiempo de plustrabajo, donde se abstraen las formas fenoménicas en que se divide el plusvalor (y en consecuencia se fracciona la burguesía) y en las que aparece el valor en el mercado (precio de producción). En este nivel se trata y se expone acerca de un capital que no es todavía el capital social global (y en consecuencia se hace abstracción de la competencia entre capitales), o sea, que sus determinaciones no son todavía las que corresponden a la consideración del capital social en su conjunto.
En el libro II esta estructura, comienza a "moverse": se tematiza explícitamente el tiempo de rotación, y se comienza a diferenciar este último. Ya no hay un solo sector de producción "en general" sino que se comienza a determinar de qué tipo de sector (e incluso a veces, qué rama en el interior de cada sector) se trata. La mirada se hace macro y se focaliza en la reproducción del sistema en su conjunto. Dicho de otra manera, en la reproducción de la "estructura en movimiento".
En el libro III ya no se trata del valor tal como se produce en la esfera de la producción, sino del valor en sus formas necesarias de manifestación en el mercado, tal como aparece una vez que sale del ámbito de la producción y pasa por la mediación de la circulación (aunque analizado, recordemos, "en su promedio ideal"). Ya no se expone sobre un plusvalor "en general" sino que comienza a limitarse y fijarse el tipo de plusvalor determinado y a cuál fracción del capital corresponde. Este libro queda inconcluso justo cuando Marx iba a desarrollar el problema de las clases, o sea, el problema del sujeto histórico, lo cual no implica que este último se encuentre ausente en El Capital, pues como ya hemos planteado más arriba en toda la obra se presupone la presencia de las clases y de las luchas donde interviene la subjetividad.
Observemos la arquitectura global de la obra. Su método es procesual-estructural. Así como Hegel comienza su Ciencia de la Lógica con el ser (lógica objetiva) que, a partir de su identidad y contradicción con la nada se transforma en un devenir que a través de una larga cadena de mediaciones y figuras se transmuta a su vez en esencia y luego en concepto (lógica subjetiva), de modo análogo Marx comienza con un análisis de tipo estructural y tiende a poner en movimiento esta estructura y a concebirla como un proceso en desarrollo. El carácter "procesual" no implica reducir la idea de proceso en movimiento a la idea de "origen" sino que implica concebir el objeto de estudio, el modo de producción capitalista en este caso, como un sistema o conjunto articulado de relaciones que se encuentra en movimiento, que tiene una génesis y una historia. Las leyes que rigen este movimiento, este desarrollo del proceso —leyes de tendencia de la praxis social— son las que intenta captar el análisis científico de El Capital.
En la exposición de Marx el momento lógico-estructural es el que tiene la primacía y es determinante. El ordenamiento metódico de las categorías no se hace teniendo como referencia el desarrollo tal como se dio en la génesis histórica, sino que se efectúa partiendo del todo ya desarrollado en el que predomina el capital, de ahí que el desarrollo lógico del momento estructural no coincida (ni tenga por qué coincidir) unívocamente con el desarrollo histórico, como sí tendría que hacerlo si Marx hubiera intentado en su construcción cognoscitiva "reflejar" meramente el objeto de estudio. Lo que no autoriza de ninguna manera a extraer un esquema lógico universal de El Capital y aplicarlo mecánica y ahistóricamente a cualquier tipo de formación social, violentando la particular lógica de su específico desarrollo histórico.
Como Marx otorga prioridad a la totalidad ya desarrollada, donde el capital es lo que predomina y subordina todas las demás categorías –como, por ejemplo, el valor, el dinero, etc.—, el orden de determinación lógico—estructural es inverso al orden de determinación histórico. Exactamente el mismo camino metodológico de Hegel (hecha la salvedad de la crítica marxiana a la hipóstasis hegeliana).
En su Ciencia de la Lógica (1812-1816) Hegel trazaba un paralelo con su Fenomenología del espíritu (1807). Si la Fenomenología representaba el desarrollo histórico que comenzaba por el saber inmediato (certeza sensible y conciencia empírica) y llegaba a la idea en tanto puro saber como resultado, en cambio la Lógica invertía el camino y empezaba por el resultado de la Fenomenología. Por lo tanto, el camino de exposición lógica comenzaba para Hegel por el saber puro en su máxima indistinción, en aquello que equivalía a la simple inmediatez y su presuposición: el puro ser. En esta perspectiva Hegel afirmaba:
"En aquella exposición [de la Fenomenología], la conciencia inmediata constituye aún lo primero y lo inmediato en la ciencia y, por lo tanto, la presuposición: pero en la lógica la presuposición consiste en lo que en aquella consideración [de la Fenomenología] se mostró como resultado, esto es, la idea como puro saber".
Más adelante Hegel hacía aún más explícita esta inversión de lo lógico y lo histórico:
"Es necesario convenir que esta es una consideración esencial —como resultará con más detalle en la lógica misma—, es decir, que el avanzar es un retroceder al fundamento, a lo originario, a lo verdadero, del cual depende el principio con que se comenzó y por el que en realidad es producido"
Si avanzar lógicamente es retroceder, el comienzo dialéctico es entonces lo último, nunca lo primero. Se debe comenzar la exposición lógica por el resultado, invirtiendo el orden histórico.
No hará nada distinto Marx cuando sostenga tanto en los Grundrisse como en El Capital que lo que precedió en la historia (la mercancía, el valor, el dinero) al resultado cronológicamente posterior (el capital), se convierte en el modo de producción capitalista "maduro" en algo que, a su vez, pasa a depender y a estar subsumido por su función en el resultado. La condición está al final; lo condicionado, al principio. Se ha invertido el orden. La mercancía es una instancia subordinada al capital, aunque la exposición lógica de Marx no comience con el capital sino justamente con la mercancía.
En definitiva, para Hegel —como luego para Marx— la exposición lógica parte de lo último, del resultado, del último término al que había llegado el desarrollo anterior, invirtiendo el orden de lo histórico. El comienzo lógico constituye el resultado histórico, aunque abstracto y simple (despojado de sus particularidades contingentes, tanto en "el ser" de Hegel como en "la mercancía" de Marx).
No obstante, de esto no es factible inferir que Marx soslaye la historia, ya que esta totalidad articulada cuyo orden de determinación no coincide con el orden histórico, a su vez tiene una historia y por lo tanto la estructura conforma un proceso, un sistema en movimiento y no una esencia eterna fija y ahistórica. Si no fuera así no hubiera habido necesidad de incluir en su exposición lógica el capítulo sobre la acumulación originaria del capital.
A partir de estas consideraciones, constatamos la unidad necesaria entre el momento estructural y el procesual en el método de Marx. Reducir el método a un simple tratamiento histórico (en un sentido vulgarmente empirista) de las relaciones nos hace perder de vista que en su obra estas son analizadas a partir de una determinada organización estructural históricamente nueva y específica: el modo de producción capitalista. Por el contrario, sostener que el método de Marx se reduce al análisis estructural nos impide captar la historicidad de esta estructura articulada que constituye el modo de producción capitalista…
(continuará)
[ Fragmento de: Néstor KOHAN. “Nuestro Marx” ]
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