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NUESTRO MARX
Néstor Kohan
[ 064 ]
SEGUNDA PARTE
¿EL RETORNO DE MARX?
El método dialéctico, un método crítico y revolucionario
Si Marx concibe el método dialéctico como el más productivo para el conjunto de las ciencias sociales, veamos qué sucede con él cuando lo utiliza específicamente en su propia elaboración teórica. Intentaremos entonces abordar —a partir de un análisis epistemológico de El Capital— algunos núcleos problemáticos con relación a esta temática, especificando previamente determinados presupuestos implícitos ligados a sus objetivos políticos que se encuentran estrechamente vinculados con los procedimientos epistemológicos elegidos. De nuevo, política e ideología son momentos internos de la ciencia. Escindirlos —además de caer en la ingenua y sospechosa separación positivista de hecho y valor— no permite comprender la práctica real y efectiva de los científicos.
Para realizar esta tarea, en primer término debemos subrayar el interés político que perseguía Marx al escribir su Crítica de la economía política, sin el cual todo análisis metodológico u observación acerca de la arquitectura de El Capital y de sus presupuestos epistemológicos quedarían atrapados y recluidos en un mero ejercicio cientificista. El interés por el método es político. Esto es lo central.
Su propósito fundamental consistía en demostrar la historicidad del modo de producción capitalista, así como de las relaciones sociales y de las categorías que lo constituyen (dado que estas últimas, aunque aparezcan reificadas, constituyen en rigor relaciones sociales). Si el régimen capitalista es concebido como una entidad histórica y no es de ninguna manera "absoluto", entonces es posible pensarlo como superable desde una perspectiva praxiológica, y desplegada en una dimensión histórica.
En esta perspectiva, el punto de vista científico-metodológico marxiano es —al mismo tiempo y coherentemente— un punto de vista de clase, por ello es diametralmente opuesto al positivismo de Auguste Comte y de Émile Durkheim, quienes con relación a las ciencias sociales sostienen que estas deberían ser "neutrales" y que nunca deberían tomar posición frente al objeto de estudio pues, en principio, ello constituiría un mero "prejuicio". Las ciencias sociales, desde esta línea, deberían considerar los hechos sociales como cosas (un fetichismo engreído y orgulloso de sí mismo, el de Durkheim). De esta manera ingenua sostiene Durkheim en Las reglas del método sociológico que:
"Así entendida, la sociología no será ni individualista, ni comunista, ni socialista, en el sentido que vulgarmente se da a estas palabras. Por principio ignorará estas teorías a las cuales no podría reconocer valor científico, ya que tienden directamente no a expresar los hechos sino a reformarlos".
Durkheim también planteaba que
"En el estado actual de los conocimientos, no sabemos con certeza qué es el Estado, la soberanía, la libertad política, la democracia, el socialismo, el comunismo, etc.; por consiguiente, el método querría que se prohibiera todo uso de estos conceptos hasta que no fuesen científicamente constituidos".
Tal concepción epistemológica de las ciencias sociales (que intenta asimilarlas a las ciencias naturales) se basa en la vieja y discutible distinción entre juicios de hecho y juicios de valor. La ciencia social, entonces, debería estar construida mediante "inocentes" juicios de hecho, y todo juicio de valor tendría que ser expulsado hacia el inoperante ámbito de la moralina prescriptiva. La política sería externa respecto del desarrollo interno, lógico, de la ciencia. Aun con años luz de distancia teórica frente a estos dogmas del positivismo, Althusser cae en posiciones similares cuando distingue entre la ciencia pura "sin intereses" y la ideología entre cuyas características se encuentra la de "ser gobernada por «intereses» exteriores a la única necesidad del conocimiento". Todos sus intentos autocríticos posteriores por hacer entrar artificialmente la política dentro de la ciencia —dentro de su criterio epistemológico de demarcación— giran sobre el mismo terreno del punto de partida exageradamente racionalista.
A partir de esta observación, estamos entonces en mejores condiciones de abordar la línea epistemológica general que guía toda la obra de Marx. Si de lo que se trata es de explicar es, en su concepto, su "promedio ideal" y su esencia, el modo de producción capitalista como transitorio, la perspectiva global implícita que guía el estudio marxiano es el historicismo radical. Historicismo que no implica suponer que el modo de exposición lógico tiene que corresponder unívocamente —como si fuera un reflejo fotográfico— con el desarrollo histórico, como erróneamente ha señalado Engels, quien se apoya coherentemente en su teoría del reflejo soslayando paradójicamente que el propio Marx esgrimía la posición contraria dos años antes en su Introducción a los Grundrisse. Historicismo que tampoco implica postular que El Capital sea una mera narración histórica evolutiva del capitalismo o una explicación acabada de sus orígenes.
El historicismo de El Capital se encuentra, en cambio, en un nivel mayor de determinación lógica. Es aquel que nos permite entender la novedad del estudio que realiza Marx en esta obra. El objetivo global que atraviesa cada análisis particular es la búsqueda de la especificidad histórica o historicidad específica que caracteriza el modo de producción capitalista y las categorías que lo explican. Recordemos —con palabras de Gramsci— que el antihistoricismo metodológico no es otra cosa que metafísica, dado que
"la «crítica» de la economía política parte del concepto de la historicidad del «mercado determinado» y de su «automatismo», mientras que los economistas puros conciben estos elementos como «eternos», «naturales»; la crítica analiza realistamente las relaciones de las fuerzas que determinan el mercado, profundiza sus contradicciones, valora las modificaciones relacionadas con la aparición de nuevos elementos y con su reforzamiento y presenta la «caducidad» y la «sustituibilidad» de la ciencia criticada".
Este historicismo es lo que otorga al método dialéctico marxiano las características de un método crítico y revolucionario, pues enfatiza la negatividad y apunta a lo perecedero de toda forma actual.
Habiendo señalado ya el objetivo, pasamos a analizar la estrategia teórica empleada por Marx para alcanzar esa meta, diferenciando el modo en que investiga su objeto de estudio y cómo lo expone. Consecuentemente, trataremos la manera con la que se articula y ordena la arquitectura de El Capital.
Con relación al modo de investigación (o método de investigación), habíamos dicho que este se desarrolla principal aunque no únicamente entre los niveles (1) y (6), pasando por (3). Marx sostiene que a esta etapa corresponde la apropiación pormenorizada de la materia que constituye el objeto de estudio, y esto reviste particular importancia pues a través de tal investigación se llegan a delimitar las condiciones de inteligibilidad del objeto, las que a su vez presidirán posteriormente la elección del orden de exposición más adecuado. Lejos de desvanecerse en su resultado, el modo de investigación es inmanente al modo de exposición. Este último no es una mera construcción lógica a priori, aunque su elegancia y sistematicidad parezcan indicar lo contrario, de lo que se infiere que no es posible extraer de él un esquema filosófico universal deducido y aplicado a cualquier momento histórico, para cualquier tiempo y lugar o para cualquier objeto de estudio. Las raíces epistemológicas del marxismo colonizado, del europeísmo y el eurocentrismo —no sólo presentes en los manuales stalinistas sino también en las metafísicas "post"— violaron alegremente este principio. Las consecuencias políticas fueron terribles. La epistemología es algo más que un simple juego de mesa para pasar el tiempo.
Desde la epistemología tradicional se caracteriza el modo de investigación como el contexto de descubrimiento, previo a cualquier validación, aunque en realidad en el método empleado por Marx la investigación no está radical y tajantemente separada de la exposición. En otras palabras: el descubrimiento no está tajantemente separado de la justificación lógica. Siempre la investigación debe preceder a cualquier tipo de demostración, validación o exposición teórica, si no se quiere caer en la metafísica apriorística. Aun así, no queda de ningún modo reducida a un simple problema psicológico (¿en qué estaba pensando el científico cuando se le ocurrió una hipótesis y comenzó su descubrimiento?), como sostendrían aquellos epistemólogos reduccionistas para los que solo cuenta el contexto de justificación lógica, con el inefable y Karl Popper a la cabeza.
La exposición debe comenzar por aquellas determinaciones más generales (pertenecientes al nivel (3) de la totalidad que se está estudiando, en este caso el modo de producción capitalista. Para captar estas últimas, el análisis de las formas sociales y económicas (intrínsecamente históricas) no cuenta con microscopios ni con reactivos químicos, por ello su principal instrumento de trabajo es la capacidad de abstracción. La abstracción que utiliza Marx constituye un instrumento constructivo de su objeto de estudio que está integrada, como momento necesario, interno y relativo, en el despliegue de la derivación dialéctica. Le permite estudiar sucesivamente los distintos momentos de la estructura interna de su objeto, aislando y separando analíticamente estos de las complejas relaciones de las que forman parte. Este proceso de abstracción es el presupuesto de cualquier reconstrucción sintética del objeto como unidad de múltiples determinaciones que previamente habían sido separadas y fijadas. La utilización de la abstracción como herramienta analítica presupone una elección política de los elementos a separar, guiada por una ideología.
Esta es la razón por la cual la exposición parte de las determinaciones más generales (comunes a muchas épocas) y tiende hacia las determinaciones específicas de la organización estructural del modo de producción capitalista, que son las que nos muestran su transitoriedad histórica. El camino de la exposición va desde lo abstracto (3), fruto de una investigación previa del objeto concreto de estudio —concreto real existente (1), pero producido y mediado por la praxis histórica de la humanidad—, presente en la representación (2), hacia la reconstrucción progresiva en un plano cognoscitivo de lo concreto real (7), mediante lo que el propio Marx llama un "concreto pensado" (6) (producido por la actividad científica). Ahora bien, es necesario detenernos parcialmente en esta "tendencia". La captación conceptual de lo concreto como síntesis y unidad de múltiples determinaciones es solo la dirección y la tendencia hacia donde se dirige el análisis de Marx, nunca un resultado plenamente acabado ni definitivo. Marx no persigue un "saber absoluto" como Hegel, sino un continuo volver a empezar del conocimiento crítico.
Marx se propuso analizar pormenorizadamente solo las relaciones de producción que son esenciales al modo de producción capitalista, o sea aquellas que pertenecen a su concepto o tipo general, a su promedio ideal, a su forma nuclear interna esencial. De ahí que para captar la sociedad capitalista como un todo, las investigaciones concretas no se pueden quedar solo en el estudio de algunas relaciones de producción que son las analizadas en El Capital sino que deben ser estudiadas también otras, que conviven con ellas y en las formaciones sociales se encuentran articuladas, combinadas y subordinadas a estas últimas. En el caso latinoamericano, esta necesidad es más que evidente. ¿Se le pueden aplicar mecánicamente las categorías utilizadas en El Capital sin estudiar también las otras relaciones que no estaban presentes en la formación social inglesa?
Esto tiene sus implicancias metodológicas: si no todo está dicho en El Capital constituye una tarea de quienes pretender continuar el programa de Marx seguir desarrollando sus investigaciones, incorporando los aportes del desarrollo de las nuevas ciencias sociales con el mismo objetivo: estudiar el conjunto de las relaciones que estructuralmente forman parte del modo de producción capitalista para poder captar la especificidad histórica de este tipo de sociedad a la que aún hoy continúa considerándose, desde el poder y por razones pura y estrechamente políticas, como "eterna e inmutable".
Ahora bien, ¿cómo se articulan y ordenan concretamente los diversos libros de El Capital?
Marx analiza en el libro primero las relaciones sociales de producción esenciales del modo de producción capitalista, en su organización interna, aunque estas no sean visibles inmediatamente sino a través del uso metodológico de la abstracción. Estas relaciones esenciales subyacen en la realidad directamente observable y, para captarlas, Marx debe dirigir la mirada en profundidad, superando el estrecho y limitado punto de vista de la inmediatez y la superficialidad empírica (la certeza sensible siempre es limitada, alertaba Hegel). Estas relaciones esenciales no solo subyacen en las relaciones fenoménico-aparienciales, sino que incluso las determinan.
Al proponerse penetrar en "la trastienda" de la realidad donde se ubican estas relaciones esenciales, Marx se comporta como un detective. Su actitud es la de Sherlock Holmes. Las pruebas y huellas siempre remiten en su método a algo que está por detrás. El sentido común (Watson), que se queda con la inmediatez, sirve pero es limitado, debe ser fecundado y reorganizado por la fuerza y el filo del concepto…
(continuará)
[ Fragmento de: Néstor KOHAN. “Nuestro Marx” ]
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