martes, 28 de diciembre de 2021

 

 

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Joan E. Garcés  /   “Soberanos e intervenidos”

  (...)

 

3. La Guerra Fría en América Latina

 

 

IV. Un partido político sin dinero extranjero

 

La capacidad económica del Partido Comunista chileno emerge en los informes como endógena, no alimentada desde otro Estado. Un estudio detallado del Agregado Militar el 29 de noviembre de 1945 presentaba al diario El Siglo como una empresa que generaba beneficios financieros al PCCh. Y lo acompañaba del listado de sus administradores, empleados, corresponsales, suscriptores en el extranjero, etc. En el informe de un año después –17 de diciembre de 1946– bajo el título «Organización financiera del PCCh» los mismos servicios de información pasaban acuciosa revista a la estructura y fuentes financieras del partido latinoamericano, sin mencionar ni aludir a financiamiento alguno de origen extranjero. El 23 de marzo de 1947 el embajador Bowers enviaba al director del FBI otro minucioso informe de 21 páginas titulado «Financial Organization of Communist Party of Chile», que de nuevo aparece como de origen exclusivamente local, sin alusión ninguna a aportes extranjeros.


Los servicios del FBI son los encargados de vigilar las actividades del Partido Comunista de EEUU. También en América Latina hasta la creación de la CIA en 1947. Los informes del FBI presentaban al Partido Comunista de Chile como el más serio, organizado y sólido de América Latina, cuyos trabajos orientaban a los del resto del Continente. Con motivo del ya mencionado XIII Congreso del PCCh (Santiago, diciembre de 1945), las resoluciones que según el FBI aquél habría adoptado por «sugerencia de la Embajada de la URSS en México», sólo tenían de nuevo que interferían contra dos de los objetivos de la Administración Truman: aislar al Partido Comunista de EEUU respecto de los homólogos en países de su zona de influencia, y aislar la URSS del resto del Mundo. Las otras “sugerencias” eran, en propiedad, parte del acervo histórico tradicional en las relaciones entre América Latina y EEUU desde el siglo XIX: el deseo de Washington de apartar a las Potencias europeas de Latinoamérica, y el mantenido rechazo en esta última a tal pretensión

 

1. La lucha contra el aislamiento de la Rusia soviética, al tiempo que defenderla contra los ataques de los círculos reaccionarios e imperialistas.

 

2. La lucha contra el “imperialismo yanqui” y su interferencia en los problemas internos de los países latinoamericanos.

 

3. Fomentar los intercambios comerciales, culturales y diplomáticos de las otras Repúblicas de América con la Rusia soviética.

 

[…] Se dio mucha importancia a un telegrama de William Z. Foster, secretario general del partido en Estados Unidos, denunciando a la Administración Truman por no cooperar con la Unión Soviética, por encabezar a las fuerzas antidemocráticas como demuestra la intervención en China, etc. […].

 

Los servicios de información de EEUU identificaban a los sindicatos obreros y al PCCh como origen de las denuncias de imperialismo económico. Pero eran perseverantes en presentar tal denuncia como inducida “desde fuera”, desde un centro variable, cambiante, pero vinculado por último a la Potencia europea. Para algunos servicios de EEUU los sindicatos latinoamericanos parecían coordinados por el mexicano Vicente Lombardo Toledano –líder de la Confederación de Trabajadores de América Latina–, a quien presentaban como subordinado a la Potencia europea. La Convención del PCCh en Concepción, el 10 de marzo de 1946, era resumida por el vicecónsul de EEUU en los ahora 

 

casi estandarizados temas antiyanquis y antiimperialistas. Unas muestras: 1. Condena de “Norteamérica imperialista”, de su política, Gobierno y administración. 2. Acusaciones contra el Sr. Bernardo Ibáñez, líder socialista de CTCH (Central de Trabajadores de Chile), por intentar destituir al director de los Trabajadores de América Latina, Vicente Lombardo Toledano, para ponerse al servicio del “imperialismo nórdico”. 3. Denuncia de los intereses económicos yanquis en América Latina por tener prácticamente en sus manos los destinos económicos de estos países. 4. […] llamada a independizarse del “imperialismo norteamericano” que, siendo ya una amenaza para Chile, se enmascara en la llamada política de Buena Vecindad. […] Mucha gente se formula la pregunta «¿Quién está detrás de este movimiento comunista, quién está alimentando en los comunistas chilenos la idea de la “Norteamérica imperialista”?». En Concepción unánimemente se apunta, primero, al líder sindicalista latino Vicente Lombardo Toledano y, en segundo lugar, que éste, Lombardo, actúa siguiendo instrucciones que le llegan directamente de Moscú.

 

Otros informes especulaban que las directrices habrían llegado al PCCh desde Moscú, vía Buenos Aires. El 5 de septiembre de 1946, precisamente el día siguiente de que los chilenos hubieran elegido presidente a Gabriel González Videla, candidato del Partido Radical apoyado por el Partido Comunista, el informe del Legal Attaché de la Embajada de EEUU en Santiago –servicio reemplazado en 1947 por la CIA–, elevaba el rango del PCCh y lo presentaba nada menos que como el aliado de la URSS en una inminente tercera guerra mundial (no “fría” sino “caliente”), cuya propaganda en Chile respondía, en primer lugar, al «valor estratégico de las riquezas naturales y depósitos minerales de Chile». De nuevo el cobre. Para el embajador de EEUU «la presente exageradamente activa campaña de propaganda comunista contra EEUU en Chile, es la ejecución de directivas recibidas de la Sección de la Tercera Internacional en Buenos Aires».

 

La elección del candidato del Frente Popular como Presidente era presentada por los servicios de información de la guerra fría como la entrada en el Gobierno de un partido dispuesto a luchar contra EEUU –del lado de la Potencia europea– en cuanto se abrieran las hostilidades: «Hoy, la agresividad de la política exterior de EEUU y de los círculos “imperialistas” en Norteamérica, en especial Wall Street, está forzando a la URSS a contraatacar».

 

La fuente de la información transcrita en este informe anticipaba que: «Resulta ahora inevitable una tercera guerra mundial que va a poner a EEUU contra la Unión Soviética». A continuación, movilizaba al Universo Mundo: «Consiguientemente, es absolutamente necesario que los comunistas, no sólo de América Latina sino de todo el Mundo, recreen y reorganicen la Tercera Internacional para que se preparen a esa guerra mundial». Acto seguido, la necesidad se convertía como por encanto en realidad: «La Tercera Internacional, pues, ha sido reorganizada». En su entusiasmo, la fuente describía el escenario de la ceremonia inaugural: «Indudablemente el anuncio de esta reorganización será hecho público, sin duda, en el 29 Aniversario de la Revolución bolchevique –el 7 de noviembre de 1946–, y la primera sesión plenaria de la reactivada Tercera Internacional tendrá lugar en Moscú». Y anticipaba el nombre del orador: «Se da por descontado que el generalísimo José Stalin abrirá la sesión inaugural». Después de la imaginada ceremonia, la fuente procedía al despliegue de fuerzas: «Tras la reorganización de la Tercera Internacional los partidos comunistas a lo ancho del Mundo podrán integrar y coordinar mejor sus actividades tanto contra Gran Bretaña como contra EEUU, así como contra los otros Poderes que aún no han caído en la órbita de Moscú, en particular Poderes como Francia e Italia donde el Partido comunista es sin embargo muy fuerte». Y describía las actuaciones a lo largo de América Latina del, para la fuente informativa, ya reconstruido Bureau de la III Internacional.

 

Espectacular escenario de guerra. Desde Santiago la Embajada estaba informando a Washington que la candidatura que acababa de ganar las elecciones presidenciales comprendía a un partido dispuesto a entrar en una guerra mundial, del lado enemigo, articulado con otros movimientos en América Latina, retaguardia estratégica y económica de EEUU. Con semejante telón de fondo, el delegado del FBI y el embajador en Santiago ofrecían a quien quisiera creerles en Washington la pulsión precisa para ordenar la destrucción del Frente Popular. Pero ¿cuál era la fuente que manejaba tan grave información? En propiedad estaba muy desinformada, pues en aquellas fechas ni la dirección de la URSS pensaba desencadenar una guerra, ni los servicios de inteligencia de EEUU le reconocían capacidad de hacerlo aunque lo hubiera deseado –deseo que tampoco le atribuían. Desinformada también porque la III Internacional no había sido reorganizada –Stalin la disolvió en 1943 en prenda de su alianza con EEUU y Gran Bretaña. Tendrían que transcurrir doce meses adicionales para que, en septiembre de 1947, Stalin aceptara crear el llamado Comité de Información con sede en Belgrado, pero como instrumento de propaganda –no de acciones bélicas o parabélicas– dirigido, en sustancia, contra la aplicación del Plan Marshall y la Doctrina Truman en Francia e Italia. Pues bien, la fuente chilena que aparece citada en el informe Blandori es la de un confidente de la Embajada de EEUU que habría pasado seis horas en tertulia con dos escritores que publicaban artículos en el diario El Siglo –Aníbal Pinto y Volodia Teitelboim. Por la serie de bravatas que engarza el confidente pareciera que o bien el relato sobre la tercera guerra mundial y la resucitada III Internacional eran fruto de su fantasía, o el confidente omitió el número de botellas de vino que estimularon el largo cenáculo. En su apostilla al informe en cuestión, el 10 de septiembre siguiente el director del FBI no se dejó impresionar y echó abajo la premisa del barroco escenario:


Hasta la fecha ninguna información tangible ha sido recibida que indique el eventual restablecimiento del Komintern o de alguna de sus ramas […]. No se necesita una organización semejante para asegurar las por lo general uniformes prácticas comunistas.”

 

(continuará)

 

 

[Fragmento de: Joan E. Garcés. “Soberanos e intervenidos”]

 

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