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LA LUCHA DE CLASES
Domenico Losurdo
(37)
IV
La superación de la lógica binaria.
Un proceso penoso e incompleto
¿EXPORTAR LA REVOLUCIÓN?
Hay otro plano en el que también se advierte el carácter arduo e incompleto del proceso que permite superar la lectura binaria del conflicto social. ¿Cuáles son las tareas del proletariado una vez conquistado el poder? El Manifiesto del partido comunistale exhorta a promover el desarrollo de las fuerzas productivas y la transformación socialista del país gobernado por él. Casi un cuarto de siglo después, Marx atribuye a la Comuna el mérito de haber servido en Francia de palanca para «extirpar las bases económicas sobre las que reposa la existencia de las clases, y por lo tanto el dominio de clase» (MEW). ¿Asistimos aquí a una lucha de clases dirigida desde arriba por el proletariado en el poder?
Esta situación contrasta con el pasaje delManifiestoque «en una palabra» establece una correspondencia entre la lucha de clases y la lucha entre «opresores y oprimidos», es decir, la sublevación de los segundos contra los primeros. Así las cosas, la lucha de clases es inconcebible después de la conquista del poder, pues los proletarios victoriosos, viejos enemigos de los «opresores», al tener el poder político, tampoco se pueden incluir entre los «oprimidos»; por otro lado, si a los proletarios en el poder les considerásemos protagonistas de una nueva fase de la lucha de clases, no solo tendríamos una lucha de clases dirigida desde arriba, sino unos protagonistas que ya no serían propiamente oprimidos. Será más tarde el camino recorrido por Lenin y que parece haber iniciado el propio Marx cuando teoriza «la dictadura revolucionaria del proletariado» (MEW). Pero la vacilación es fuerte: quizá debido a que la conquista del poder parece una perspectiva lejana, desmentida una y otra vez por el desarrollo de los acontecimientos, no acaba de desdibujarse la visión de la lucha de clases como sublevación de los oprimidos, que están abajo, contra los opresores, que están arriba.
Según este planteamiento, para que el proletariado salga victorioso de la lucha de clases en un país determinado es preciso que se alce contra el dominio que sigue ejerciendo la burguesía capitalista en todos los demás países y, en última instancia, en todo el planeta. No es de extrañar, entonces, que ante la represión de la burguesía francesa contra los obreros sublevados en junio de 1848 y de los imperios austríaco y ruso contra los movimientos nacionales de Hungría, Polonia e Italia, La lucha de clases en Franciaextraiga la lección de que la revolución proletaria «se verá obligada a abandonar inmediatamente el terreno nacional y a conquistar el terreno europeo». Aquí parece que la lucha de clases del proletariado consiste en la exportación de la revolución. De este modo se resuelve la dificultad teórica antes mencionada: tomando en consideración el panorama internacional global, aunque hayan conquistado el poder en un país (aislado y rodeado), los proletarios siguen siendo los «oprimidos» que deben enfrentarse al ejército mucho más poderoso de los «opresores». También en 1850, haciéndose ilusiones sobre la inminencia de una nueva ola revolucionaria, Marx y Engels explican así los motivos de la Liga de los Comunistas:
Nuestro interés y nuestra tarea consisten en hacer permanente la revolución hasta expulsar del poder a todas las clases más o menos poseedoras, hasta que el proletariado conquiste el poder del estado, hasta que la asociación de los proletarios se desarrolle, no en un solo país sino en todos los países dominantes del mundo, a tal punto que cese la competencia entre los proletarios de estos países, y hasta que por lo menos las fuerzas productivas decisivas estén concentradas en manos de los proletarios(MEW).
Después de triunfar en un país, la lucha de clases revolucionaria se dispone a cruzar las fronteras estatales y nacionales. Parece como si en Marx asomara ya ese «‘‘napoleonismo” anacrónico y antinatural» que Antonio Gramsci (1975) reprocha a Trotski. Tanto más cuanto que, al menos en los escritos juveniles, tiende a concebir la revolución socialista por analogía con la revolución burguesa. La ideología alemana atribuye a la ocupación napoleónica de Alemania el mérito de haber asestado golpes vigorosos al edificio feudal, «rompiendo los establos de Augias alemanes» (MEW). En términos más enfáticos se expresa La sagrada familia, que retrata a Napoleón como la última expresión del «terrorismo revolucionario»; Napoleón «perfeccionó el terrorismo [jacobino] poniendo en lugar de la revolución permanente la guerra permanente»: aunque sea con una forma nueva, la lucha de clases antifeudal y la liquidación del antiguo régimen continúan, e incluso adquieren una dimensión europea (MEW). También aquí se concibe la revolución burguesa con una lógica binaria, como si su único motor fuese la contradicción entre burguesía y aristocracia feudal, y como si el expansionismo napoleónico no hubiese provocado profundas contradicciones nacionales. Y Marx, por lo menos en sus escritos juveniles, tiende a imaginar en estos términos la revolución socialista, a finales de 1847 se dirige así a los cartistas:
De todos los países, es Inglaterra aquel donde el antagonismo entre proletariado y burguesía está más desarrollado. La victoria del proletariado inglés sobre la burguesía inglesa es, por tanto, decisiva para la victoria de todos los oprimidos contra sus opresores. Por eso Polonia no se libera en Polonia, sino en Inglaterra (MEW).
La propia emancipación nacional de los países menos desarrollados de Europa oriental se presenta aquí como el resultado de la iniciativa del proletariado que se ha hecho con el poder en el país más avanzado.
La exportación de la revolución no es un problema, ya que también existe y está a la orden del día la exportación de la contrarrevolución. Esto se vio en 1848 y en 1871, cuando el ejército prusiano victorioso se alió con la burguesía francesa para aplastar la Comuna de París. Como sabemos, Marx ve en este segundo episodio un mundo lacerado transversalmente entre una burguesía unificada a escala mundial y un proletariado llamado a crear una «contraorganización internacional del trabajo»: las distintas formas de lucha de clases se han reducido sustancialmente a una sola…
(continuará)
[ Fragmento de: Domenico Losurdo. “La lucha de clases” ]
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