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EL FIN Y SUS MEDIOS
(Una relato en dos actos)
ELOTRO
1
Se comieron la cáscara, se indigestaron. No llegaron a la nuez. El fin que perseguían, alimentarse, digamos que era a todas luces inobjetable, pese a ello el camino que eligieron [ el MEDIO ] se demostró, al menos en parte, equivocado. Tampoco esta derrota, una más que agregar a nuestra herencia acumulada de fuerzas y saberes, fue fácil de digerir. A partir de ahí, ¿renunciar al FIN o reparar el descuido de los MEDIOS? La manera de ‘superar’ la indigestión padecida, apuntó una, es ‘conservar’ la experiencia que nos ha aportado ¿acaso la experiencia no es la materia misma de nuestra lucha y esperanza? Que se ha producido una merma de ignorancia es innegable (‘…el modo en que la conciencia [de clase, debemos añadir] es y en que algo es para ella es el saber…’ el joven Marx dixit) , esa es una consecuencia positiva, la otra cara de una misma moneda que debemos ver desde todos los ángulos posibles y aprovechar, cuando menos como ‘camino o MEDIO ya descartable’ (o mejor manifiestamente mejorable) en nuestra lucha ineludible de todos los días…y que por añadidura nos permite cambiarnos, pulirnos, a nosotros mismos. En ciertos puntos, guste o no, todos nos tenemos que corregir. Por lo demás, señaló otro, las luchas por nuestro sustento (‘Conciencia es la comprensión que los hombres van alcanzando de los hechos económicos, y el grado en que realmente los dominan’ Fernando Martínez Heredia ), sean fructíferas o no, asunto opinable no es. Que ellos (que no son anónimos sino que tienen nombres y dirección: ¿por qué no los concretamos y difundimos?) por MEDIOS materiales o psicológicos pretendan someternos física y mentalmente (‘¡el capitalismo es el único horizonte posible!’ proclaman los altavoces mediáticos), se entiende desde su lógica explotadora y opresiva. Que nosotros nos sometamos motu propio, no casa ni de refilón con nuestro objetivo ( FIN ) emancipatorio -y quede claro que yo por ahí no paso-, con los medios adecuados para nuestro FIN (objetivo irrenunciable de nuestra clase y quizás por eso satanizado por el enemigo). Que la correlación de fuerzas es adversa nadie lo discute, pero si a partir de esa archi-sabida y archi-repetida valoración no ponemos los MEDIOS para tratar de revertir la situación, de ese pozo no salimos. Te doy la razón compañero, el entreguismo derrotista es un dogmatismo que yo tampoco profeso, quizá porque es un lujo como tantos otros que no me puedo permitir, lo admito (risas)… Como mucho admito, añadió otra, que somos luchadoras a medio hacer, pero nada que ver con renunciar a nuestra identidad de sujeto revolucionario que los voceros del capital nos niegan. De modo que para ‘completarnos’ no debemos de perder el tiempo buscando tres pies teóricos al gato, digo sin por supuesto ignorar lo que nos trasmite el pasado, sino ‘continuar luchando y fracasando mejor cada día’, remachó otro sin tomarse la molestia en nombrar al autor de la cita. ¡Muy cierto! gritaron al fondo. Nada tengo contra la teoría, se añadió desde un costado de la sala, pero es mi creencia que últimamente nosotros pensamos y sentimos demasiado y actuamos demasiado poco. Eso lo dirás por ti, manifestó uno. Pues sí, por eso he dicho nosotros, sin exclusiones, ¿te vale, compa?. Tengo claro, expuso otra, que ese envenenado consejo del patrón-terrateniente para que cada uno de sus siervos se olvide de las malas compañías ¿malas para quién?, y se dedique exclusivamente a ‘su’ metro cuadrado (o su burbuja si así se prefiere)… y esa sin duda bienintencionada recomendación, me pregunto, ¿por qué no la sigue/n él/ellos? ¿acaso no les resulta útil como MEDIO para sus insaciables FINES saqueadores-expansionistas? Y hablando de MEDIOS adecuados a los FINES… ¿nos vale el Estado burgués-capitalista, MEDIO clasista e instrumento de dominación por antonomasia, para nuestros irrenunciables FINES socialistas-comunistas? Y en ese mismo sentido, me refiero a la muy lamentable derrota -tengamos siempre en cuenta fuerza y limitaciones- de la Comuna de París, digo yo que también se desprenden ciertas experiencias y enseñanzas (en la lucha del socialismo contra la barbarie, antes y ahora, se oponen dos, aunque algunos parias despistados se entregan al mismo Dios del sistema que los hace parias) que no podemos dejar de lado (¡¡compañeros, es que se trata de los saberes acumulados de los heroicos movimientos revolucionarios!!) y que por eso nos conviene desempolvar (¡¡La Comuna consiguió aunque sólo fuese por unas semanas, que se dibujara el horror en el rostro de los burgueses ante la idea del triunfo del comunismo… y aquello sencillamente divirtió por una vez a los heroicos comuneros parisienses!!), ya que a estas alturas deberían haber mermado significativamente nuestra, reconozcámoslo, inadmisible ignorancia política-teórica-práctica… ¿no es así, queridos camaradas? Yo coincido contigo, respondió otra, y también con el CHE cuando escribió: ‘La ley de la revolución es la necesidad de actuar de manera consciente y organizada para crear nuevas realidades…
2
Otra cosa bien distinta e incluso opuesta es cuando alguien, pongamos un sujeto noble, ya me entienden, con un sentido de la propia conveniencia mamado desde la noble cuna, confiesa aunque solo para sus adentros: “¡Qué difícil es querer el fin y no desdeñar los medios!”. Aquí parece que asoma la sospecha de una contradicción, entre un fin más o menos confesable (¿grandes ganancias materiales?) y unos medios más o menos inconfesables (¿irrelevantes injusticias que pueden provocar al provocador pequeñas pérdidas de carácter moral?). Nuestro hombre tiene muy claro que ese no es buen camino, pues contraponer ganancias materiales con insustanciales valores virtuales/espirituales siempre lleva a conclusiones pésimas y, lo que es peor, a resultados contantes y sonantes ruinosos. ¿Acaso alguien es tan absurdamente noble como para renunciar a MEDIOS, digamos no tan nobles, en la conquista de lo que él, como individuo soberano, considera FINES nobles? ¿Acaso el orden establecido no se sostiene en un ancestral y perfecto acuerdo tácito que hemos impuesto a nuestros esclavos asalariados? También el aludido aristócrata tenía como norma, mamada desde su noble cuna, no quebrarse la cabeza por lo que el mundo 'que no cuenta', por lo demás lleno de gentuza cortada por el mismo patrón: resentidos, mezquinos y gandules… pudiera decir ni mucho menos por lo que pudiera pensar acerca de él y su inmune y soberano proceder. Aún así inexplicablemente estaba malhumorado, tenía mal sabor de boca, notaba que en su interior estaba incubando algo -en algún sitio (¿un piso franco refugio clandestino del enemigo de clase?) y que para colmo no era capaz de ubicar-, que no acertaba a comprender, que ignoraba a qué se debía aquel incordio, aunque sospechaba que la extraña cosa podía tener su origen en esa fastidiosa contradicción ya señalada más arriba entre ciertos MEDIOS injustos y FINES sobradamente legítimos. En cualquier caso su posición, la de la clase ‘explotadora sí, pero creadora y en consecuencia poseedora de riqueza’, se mantenía firme, el negocio (ilicitudes inevitables al margen pero en cualquier caso nada importante de qué avergonzarse: los ricos siempre hemos creado nuestra propia moral y, como es natural, no aceptamos otra), es el negocio y punto pelota. Pero aquel desplante torero, siempre es más fácil decirlo que hacerlo, era más de lo que se podía decir de sus íntimos pensamientos. Contra su voluntad no dejaba de darle vueltas en su mollera al latoso asunto, y todo porque de ordinario -desde que descendió / ascendió de su noble cuna- odiaba que las cosas se dieran por terminadas, sabía de sobra que en realidad no terminaban, de manera no concluyente. Lo suyo en consecuencia había sido siempre el infalible método quirúrgico: localizar el problema y amputarlo sin ningún miramiento. Y a otra cosa. De esa manera ahorraba cavilaciones, como si fueran billetes de banco, le gustaba imaginar. ¿Qué le impedía hacerlo ahora? ¿Tal vez estaba desarrollando alergia al tranquilizador ‘método quirúrgico’? ¿Acaso los tipos como él, los de su clase, se ocupan de cosas tan obvias, improductivas y toscas como los irrelevantes conflictos morales? ¿Debería él contravenir el sacrosanto escalafón social y rebajarse, bajando mil escalones de mármol de Carrara desde la noble cima, a dar explicaciones que seguramente a continuación, menuda es la enfadosa chusma, cualquier indocumentado patán hundido en el fango calificaría de infames justificaciones? A veces, pensaba, que lo más responsable es dar por entendido una discreta y selectiva no-responsabilidad, así digo porque irresponsabilidad es un término que me suena mal, que considero que es más de ellos, vamos que no va con nuestro sólido y alto rango. ¿Será verdad eso de que lo sólido tarde o temprano se desvanece en el aire? Por cierto, ¿de dónde viene este extraño olor? Huele mal, muy mal, como a mie…do, pero no, no puede ser, de ninguna manera, aquí no hay nadie que pueda… estoy solo en mi torre…olor a miedo, no puede ser, es una suposición grotesca, ridícula… hasta aquí arriba no puede llegar el único miedo realmente existente, el miedo atávico que hemos inoculado en el populacho…pero, espera, ¿y si fuera realmente mío, digo nuestro inconfesable e inconfesado miedo de clase, llegaría entonces mi/nuestro mal olor allí abajo? Esto sí que sería un mal olor, pero que muy malo, insoportable… si fuera así superarían su miedo adquirido y a partir de ahí se envalentonarían los oprimidos, explotados, marginados y humillados…, no, no es posible, no quiero ni pensarlo…sería el FIN de la historia, ¡qué coño digo!, sería el FIN de nuestra clase en lo que siga de historia, de nuestra historia atada y bien atada…de nuestros exclusivos privilegios.
ELOTRO
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