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LA LUCHA DE CLASES
Domenico Losurdo
(55)
VII
Lenin 1919: «La lucha de clases ha cambiado sus formas»
Mao y Deng
6. Desigualdad cuantitativa y cualitativa
A esta última pregunta respondieron con trágica elocuencia dos capítulos de la historia de la República Popular China. El Gran Salto Adelante ideado por Mao Zedong a finales de los años cincuenta del siglo pasado fue un intento de acompasar las dos luchas contra la desigualdad. Por un lado, la movilización masiva de hombres y mujeres en el trabajo y la edificación económica imponía las prácticas colectivistas en la producción y la prestación de servicios (lavanderías, comedores, etc.), lo cual daba la impresión o la ilusión de un fuerte avance de la causa de la igualdad dentro del país. Por otro lado, esta movilización de excepcional amplitud e intensa motivación política estaba llamada a quemar las etapas del desarrollo económico de China y a asestar así golpes decisivos a la desigualdad en las relaciones internacionales. Algo parecido puede decirse de la Revolución Cultural: al denunciar a la «burguesía» y a los «sectores privilegiados» que se habían infiltrado en el mismo Partido Comunista, relanzaba el igualitarismo en el plano interior; al criticar «la teoría de los pasos de caracol» atribuida al depuesto presidente de la república Liu Shao-chi, se proponía imprimir una aceleración sin precedentes al desarrollo de las fuerzas productivas, colocando al país en muy poco tiempo en el nivel de los países capitalistas más avanzados, con lo que se eliminaría o reduciría radicalmente el primer tipo de desigualdad.
Todo ello se basaba en la creencia ilusoria de que para levantar con rapidez la economía se podía hacer lo mismo que en las batallas políticas y económicas de la revolución china, es decir, basarse en la movilización y el entusiasmo de las masas; y en la creencia no menos ilusoria de que este entusiasmo de las masas se podía mantener durante un tiempo largo e indefinido. El Gran Salto Adelante y la Revolución Cultural no tenían en cuenta el proceso de secularización: no se puede llamar siempre y eternamente a la movilización, a la abnegación, al espíritu de renuncia y sacrificio, al heroísmo de las masas. Debido también a la situación internacional desfavorable y hostil (al embargo implacable que desde el principio aplicaron Estados Unidos y Occidente se sumaba la ruptura con la URSS y los demás países socialistas), el resultado del Gran Salto Adelante y la Revolución Cultural fue negativo y trágico. Se produjo una desaceleración más o menos fuerte del desarrollo económico que acabó agravando las dos desigualdades. No solo se acentuaba el atraso de China con respecto a los países más avanzados, sino que también, en el plano interno, el igualitarismo sinceramente proclamado y anhelado se convertía en su contrario. Cuando la miseria alcanza cierto nivel, puede acarrear el peligro de la muerte por inanición. En tal caso, el trozo de pan que garantiza la supervivencia a los más afortunados, por pequeño que sea, crea una desigualdad absoluta, la desigualdad entre la vida y la muerte. Mientras impone un ascetismo doloroso para todos, la sociedad soñada por el populismo (no solo cristiano), donde «ya no hay ricos, solo pobres y paupérrimos», es incapaz de mantener la promesa de igualdad, dado que la reducida desigualdad cuantitativa acaba convirtiéndose en una desigualdad cualitativa absoluta.
Mao Zedong se vio obligado a tener en cuenta todo esto. En una conversación de mayo de 1974 con el ex primer ministro inglés Edward Heath trazó un balance amargo y cargado de acentos autocríticos. Esta fue su respuesta cuando su interlocutor le comentó que cometer errores es el destino de todos los grandes estadistas: «Mis errores son más serios. Ochocientos millones de hombres necesitan comer y, además, la industria china está subdesarrollada. No puedo vanagloriarme mucho sobre China. Vuestro país está desarrollado y el nuestro subdesarrollado» (Mao Zedong). No se había reducido en lo más mínimo la desigualdad en el plano internacional; y, corno revela la referencia al problema de la alimentación, la desigualdad en el plano interno no solo no se había resuelto sino que se había agravado, dado que, pese a la equidad de la distribución, la inanición y la muerte por inanición introducían un elemento de desigualdad absoluta.
Se puede comprender entonces el giro radical de Deng Xiaoping: los marxistas debían convencerse de «que la pobreza no es socialismo y el socialismo significa eliminación de la miseria; no se puede decir que se está edificando el socialismo si no se desarrollan las fuerzas productivas y no se eleva el nivel de vida del pueblo». Por consiguiente, «¡hacerse rico es glorioso!»: eso proclamaba Deng Xiaoping repitiendo, probablemente sin saberlo, la consigna con la que más de medio siglo antes Bujarin había tratado de superar el atraso de la agricultura soviética, estimulando el interés de los campesinos.
Ante un problema semejante pero de mayor envergadura se encontraba cerca de sesenta años después el nuevo dirigente chino, que en 1986 explicaba el significado de su lema en una entrevista con un periodista de televisión estadounidense. Se trataba de acabar con la visión, reprochada a la derrotada «banda de los cuatro», de que «el comunismo pobre era preferible al capitalismo rico». En realidad, según la definición de Marx (Crítica del programa de Gotha), comunista es la sociedad que se rige por el principio «de cada cual según su capacidad, a cada cual según su necesidad». Por lo tanto, presupone un enorme desarrollo de las fuerzas productivas y de la riqueza social; de modo que hablar de «comunismo pobre» o de «socialismo pobre» (dado que el socialismo es la etapa previa al comunismo) es una contradicción en los términos. Pero Deng Xiaoping, como seguidor de los «principios del marxismo» y del «comunismo», se preocupaba de distinguir el significado que podía tener su lema en sistemas sociales distintos. Al contrario que en el capitalismo, en el socialismo «la riqueza pertenece al pueblo» y la «prosperidad» es «para todo el pueblo»: «Permitimos a algunas personas y algunas regiones que prosperen las primeras para alcanzar antes la meta de la prosperidad común. Por eso nuestra política no llevará a la polarización, a la situación en que los ricos se vuelven cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres», Sobre estos aspectos insistía con fuerza una y otra vez: había que esforzarse para asegurar «el bienestar y la felicidad del pueblo», para que «nuestro pueblo tenga una vida discretamente confortable», para «elevar el nivel de vida del pueblo» y «la renta del pueblo», para alcanzar la «prosperidad común», por supuesto, en un país-continente como China no podían acceder a la «prosperidad común» todos a la vez. Las primeras en alcanzar el objetivo serían las regiones costeras, que luego serían capaces y tendrían la obligación de «dar una ayuda mayor» a las regiones del interior (Deng Xiaoping).
Desde el punto de vista de Deng Xiaoping, el impulso que él había dado a China era la «segunda revolución» o una nueva fase de la revolución, pero para sus adversarios en el país y para buena parte de los marxistas occidentales en realidad se trataba de una contrarrevolución burguesa y capitalista. ¿Cómo explicar estas dos lecturas opuestas?...
(continuará)
[ Fragmento de: Domenico Losurdo. “La lucha de clases” ]
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