viernes, 19 de junio de 2026


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STALIN, HISTORIA Y CRÍTICA DE UNA LEYENDA NEGRA.

Domenico Losurdo.

 

 ( 32 )

 

 

LA ANDADURA COMPLEJA Y

CONTRADICTORIA DE LA ERA DE STALIN

 

 


Del «democratismo socialista» al Gran terror

 

Superada la «noche de San Bartolomé» que supone la colectivización forzada de la agricultura, con los terribles costes sociales y humanos que ésta conlleva, parece resurgir la política aperturista que ya conocemos.  Después  de  la  victoria  sobre  los  kulaks,  observa  Kaganovich  en  septiembre  de  1934  -es necesario «pasar completamente a la legalidad» y «educar a nuestra población en la conciencia socialista del derecho»; sí, sin la educación masiva de «160 millones de personas en el espíritu y conciencia del derecho» no es posible realizar «la consolidación de nuestra legalidad». Todavía más necesario por el hecho de que -afirma Stalin- en la URSS «no existen ya clases antagonistas». Y por lo tanto, no hay más motivos  para  retrasar  la  introducción  del  «sufragio  universal,  directo  e  igual,  con  voto  secreto», «sufragio  universal  sin  ninguna  restricción».  Deben  ser  por  lo  tanto  rechazadas  las  enmiendas  a  la nueva  Constitución,  que  proponen  «privar  de  derechos  electorales  a  los  sacerdotes,  a  los  ex-Guardias Blancos, a todos los "ex" y personas que no desarrolla un trabajo de utilidad pública». Y no tiene sentido tampoco  querer  conceder  a  estos  grupos  «solamente  el  derecho  de  elegir,  sin  el  de  ser  elegidos»;  del mismo  modo  en  que  conviene  rechazar  la  propuesta  de  «prohibir  la  celebración  de  las  ceremonias religiosas». Es posible ya avanzar hacia el «democratismo socialista».

 

 

No  se  trata  solamente  de  propaganda,  que  desde  luego  juega  aquí  un  papel  importante.  Estamos frente a una perspectiva que suscita una dura polémica can Trotsky, que identifica en el «liberalismo de Stalin»  el  abandono  del  «sistema  de  consejos»  y  el  retorno  a  la  «democracia  burguesa»,  dentro  de  la cual, eliminadas las diferencias de clase, el sujeto es el «ciudadano» en su abstracción. Se entiende este giro: «la primera preocupación de la aristocracia soviética es la de desembarazarse de los Soviets de obreros y de los soldados del Ejército rojo».

 

Es  clara  la  antítesis  entre  las  dos  perspectivas.  Una  vez  sorteado  el  peligro  que  supone  para  la independencia del país un campo atrasado, hegemonizado por los kulaks y capaz de bloquear el flujo de suministros  hacia  la  ciudad  y  el  ejército,  y  quedando  fijada  la  dictadura  ejercida  por  el  partido comunista, Stalin no tiene ningún interés en intensificar ulteriormente el conflicto político y social. Es el mismo apremio por la industrialización a marchas forzadas el que lo empuja a solicitar la promoción a puestos  de  responsabilidad  en  la  fábrica  y  en  la  sociedad  de  elementos  «sin  partido».  Es  inadmisible asumir respecto a ellos una actitud de rechazo: «no hay nada más estúpido ni más reaccionario»; «nuestra política  no  consiste  en  absoluto  en  la  transformación  del  partido  en  una  casta  cerrada»,  es  necesario realizar  el  máximo  esfuerzo  en  ganar  para  la  causa  del  desarrollo  industrial  y  tecnológico  del  país  a especialistas, ingenieros y técnicos de la «vieja escuela».

 

 

Por otro lado, no es posible promover el desarrollo industrial y tecnológico sin incentivar también en  el  plano  material  la  formación  de  obreros  y  técnicos  especializados;  de  aquí  la  polémica  contra  la «nivelación "izquierdoide" de los salarios». Sólo tomando distancias de una tosca igualación retributiva es  posible  introducir  una  «organización  del  trabajo»  más  eficiente  y  acabar  con  la  fluctuación  de  la fuerza-trabajo,  sobre  todo  la  más  cualificada  que  se  desplaza  de  una  fábrica  a  otra  en  busca  de  una remuneración mejor y menos reducida. Además del igualitarismo y el desánimo de los trabajadores más cualificados y productivos, la política de incentivos debe acabar también con la falta de responsabilidad colectiva para introducir sin embargo el principio de «responsabilidad personal».

 

 

Es  precisamente  en  este  momento  cuando  maduran  las  condiciones  para  el  estallido  de  la  tercera guerra civil, la que diezmará las mismas filas bolcheviques. La postura de Trotsky es muy dura respecto a lo que define como «neo-NEP». Sí, en el PCUS se está produciendo un «giro a la derecha» cada vez más acentuado, con el favorecimiento de los «estratos superiores del pueblo» y el contraataque de los kulaks: la  burocracia  «está  lista  para  hacer  concesiones  económicas  a  los  campesinos,  a  sus  intereses  y  a  sus tendencias  pequeño-burguesas».  Más  en  general:  también  el  «giro  hacia  el  mercado»,  «cálculo monetario» y el aumento consiguiente del coste de la vida; lejos de avanzar hacia el socialismo y hacia la superación  de  las  desigualdades  y  de  la  división  en  clases,  la  sociedad  soviética  está  cada  vez  más caracterizada por «nuevos procesos de estratificación en clases». A esta involución en el plano interno correspondería,  en  lo  que  respecta  a  la  política  internacional,  la  renuncia  a  toda  perspectiva revolucionaria e internacionalista por parte de la «burocracia conservadora y mezquinamente nacional de la Unión Soviética». Ahora  «¡el  único  principio-guía  es  el  statu  quo!»,  como  se  confirma  por  «el  ingreso  de  la  Unión Soviética en la Sociedad de naciones».

 

 

Obviamente,  ni  a  Stalin  ni  a  Trotsky  se  les  escapa  la  gravedad  creciente  de  la  situación internacional,  pero  diferentes  y  contrapuestas  son  las  respuestas  que  proporcionan  al  problema.  En primer lugar se trata de concentrarse en el desarrollo económico y tecnológico de Rusia, retejiendo en la medida de lo posible las fracturas provocadas por la Revolución de octubre y por la colectivización del campo,  y  presentando  al  partido  comunista  como  guía  de  la  nación  en  su  conjunto.  La  condición  de estabilidad y equilibrio así alcanzada en el interior puede permitir al mismo tiempo impulsar una política de  alianzas  en  el  plano  internacional  apta  para  garantizar  la  seguridad  de  la  URSS-  Para  Trotsky,  sin embargo, por impetuoso que pueda ser el desarrollo industrial de la Rusia soviética, ésta podrá derrotar la agresión de los países imperialistas más avanzados sólo si cuenta con el apoyo del proletariado en los países agresores364. Por tanto, el acomodamiento con la burguesía en el plano interior e internacional no solamente  constituye  una  traición  sino  que  impide  al  país  de  Octubre  atraer  hacia    al  proletariado revolucionario  internacional,  único  capaz  de  salvarlo.  El  choque  entre  estas  dos  perspectivas  es inevitable. Kírov es asesinado el 1º de diciembre de 1934; el pacto franco-soviético es del 2 de mayo de 1935: entre estas dos fechas se coloca la amplia intervención arriba citada de Trotsky (¿A dónde está llevando la burocracia estalinista a la URSS?) que es publicado el 30 de enero de 1935 y que es una dura requisitoria contra la «neo-NEP» interna e internacional…

 

(continuará)

 

 

 

[ Fragmento de: Domenico Losurdo. “Stalin, historia y crítica de una leyenda negra” ]

 

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