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Antonio Gramsci / Cuaderno 11 (XVIII) 1932-1933.
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Introducción al estudio de la filosofía
[Advertencia]
Las notas contenidas en este cuaderno, como en los otros, han sido escritas a vuelapluma, para apuntar un breve recordatorio. Todas ellas deberán revisarse y controlarse minuciosamente, porque ciertamente contienen inexactitudes, falsas aproximaciones, anacronismos. Escritas sin tener presentes los libros a que se alude, es posible que después de la revisión deban ser radicalmente corregidas porque precisamente lo contrario de lo aquí escrito resulte cierto.
V. Traducibilidad de los lenguajes científicos y filosóficos
“< 48 >. Giovanni Vailati y la traducibilidad de los lenguajes demicos. Pasaje de la Sagrada Familia en el que se afirma que el lenguaje político francés de Proudhon corresponde y puede traducirse al lenguaje de la filosofía clásica alemana. Esta afirmación <es> muy importante para comprender algunos aspectos de la filosofía de la praxis y para encontrar la solución de muchas aparentes contradicciones del desarrollo histórico y para responder a algunas objeciones superficiales contra esta teoría historiográfica (también útil para combatir algunos abstraccionismos mecanicistas).
Debe verse si este principio crítico puede emparentarse o confundirse con afirmaciones análogas. En el fascículo de septiembre-octubre de 1930 de los Nuovi Studi di Dirátto, Economia e Politica, en una carta abierta de Luigi Einaudi a Rodolfo Benini ("Se esista, storicamente, la pretesa repugnanza degli economisti verso il concetto dello Stato produttore") en una nota de la p. 303 se lee: "Si yo poseyera la maravillosa facultad que en sumo grado tenía el llorado amigo Vailati de traducir cualquier teoría del lenguaje geométrico al algebraico, del hedonista al de la moral kantiana, de la terminología económica pura normativa a la aplicada preceptista, podría intentar traducir la página de Spirito a tu formalística, o sea economística clásica. Sería un ejercicio fecundo, semejante a aquellos que refiere Loria, emprendidos por él en su juventud, de exponer sucesivamente una determinada demostración económica primero en el lenguaje de Adam Smith y luego en el de Ricardo, y luego en el de Marx, de Stuart-Mill y de Cairnes. Pero son ejercicios que después de hechos, como hacía Loria, se guardan en un cajón.
Sirven para enseñarnos humildad a cada uno de nosotros, cuando por un momento nos imaginamos haber visto algo nuevo. Porque si esta novedad podía haberse dicho con sus palabras y encuadrarse en el pensamiento de los viejos, es señal de que esa cierta cosa se hallaba contenida en aquel pensamiento. Pero no pueden ni deben impedir que cada generación use el lenguaje que mejor se adapta a su modo de pensar y de entender el mundo. Se reescribe la historia; ¿por qué no habría de reescribirse la ciencia económica, primero en términos de costo de producción y luego de utilidad y luego de equilibrio histórico y por último de equilibrio dinámico?" La observación metodológico-crítica de Einaudi está muy circunscrita y se refiere más que a lenguajes de culturas nacionales, a lenguajes particulares de personalidades de la ciencia. Einaudi se remite a la corriente representada por algunos pragmatistas italianos, de Pareto, de Prezzolini. Con su carta se propone fines críticos y metodológicos bastante limitados: quiere dar una pequeña lección a Ugo Spirito, en el cual, muy a menudo, la novedad de las ideas, de los métodos, del planteamiento de los problemas, es pura y simplemente una cuestión verbal, de terminología, de una "jerga" personal o de grupo. Sin embargo debe verse si éste no es el primer grado del más vasto y profundo problema que está implícito en la afirmación de la Sagrada Familia. Así como dos "científicos", formados en el terreno de una misma cultura fundamental, creen sostener "verdades" distintas sólo porque emplean un lenguaje científico diferente (y no está excluido que entre ellos no exista una diferencia y que ésta no tenga su significado), lo mismo dos culturas nacionales, expresiones de civilizaciones fundamentalmente semejantes, creen ser diferentes, opuestas, antagónicas, una superior a la otra, porque emplean lenguajes de tradición distinta, formados en actividades características y particulares de cada una de ellas: lenguaje político-jurídico en Francia, filosófico, doctrinario, teórico en Alemania. Para el historiador, en realidad, estas civilizaciones son traducibles recíprocamente, reducibles la una a la otra. Esta traducibilidad no es "perfecta", ciertamente, en todos los detalles, incluso importantes (¿pero qué lengua es exactamente traducible a otra? ¿qué palabra aislada es traducible exactamente a otra lengua?), pero lo es en el "fondo" esencial. También es posible que una sea realmente superior a la otra, pero casi nunca en aquello que sus representantes y sus partidarios fanáticos pretenden, y especialmente casi nunca en su conjunto: el progreso real de la civilización se produce por la colaboración de todos los pueblos, por "impulsos" nacionales, pero tales impulsos casi siempre conciernen a determinadas actividades culturales o grupos de problemas.
La filosofía gentilianaes hoy la que más se ocupa de "palabras", de "terminología", de "jerga", que toma por "creaciones" nuevas [las que son] expresiones verbales nuevas no siempre muy felices y adecuadas. La nota de Einaudi ha exasperado por eso mismo a Ugo Spirito, que sin embargo no logra responder nada concluyente. (Ver toda la polémica en la revista citada.)…”
(continuará)
[Fragmento de: A. GRAMSCI. “Cuadernos de la cárcel. Tomo 4”]
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