“No hay nada que hacer contra la vida, salvo vivir, más o menos, del mismo modo que en un lugar cerrado donde se ahoga uno con el humo del tabaco, no hay nada mejor que hacer que fumar…»
(Tommaso Landolfi)
¿No se puede ser otra cosa que lo que vemos reflejarse en los ojos de los demás? Es sabido que la posición social (inferioridad, superioridad, rangos jerárquicos…) queda definida al nacer, si no ‘con carácter absoluto e inalterable’ en la práctica, sí como principio general en las realmente existentes relaciones sociales (amo-esclavo, señor-siervo, capitalista-asalariado…), se puede llamar el institucionalizado reparto de roles. Por eso la realidad de los hechos es una y la cosa que se nos explica es otra bien distinta (La tranquilidad ‘mental’ que excluye el antagonismo, exige poca o ninguna memoria histórica. Condición que se explica porque lo que ocurre en el presente encuentra parte importante de su explicación en las precondiciones materiales e ideológicas, que suelen ir de la mano y que lo han hecho posible).
Carmen Calvo (vicepresidenta del gobierno PSOE-UP):“No podemos seguir llamando progreso a lo que es puro consumismo; no tenemos tiempo para nada, ha señalado, sobre la falta de tiempo, por ejemplo, para cuidar a mayores y niños”.
¿Qué es esto: ignorancia ilimitada o desvergüenza sin igual? Y de todos modos, quizás sea cierto que en la oscuridad se piensa mejor, tengamos en cuanta que la susodicha las ha pasado canutas en su 'oscuro' pulso con el coronavirus. Aún así se intenta separar y compartimentar y, sobre todo, despolitizar la economía, el ecologismo, el feminismo… y hasta la acción política. ¿Verdad que es gracioso?
El caso es que no resulta nada fácil cuestionar o tratar de refutar el relato dominante (ese relato que muestra y difunde el grandioso escaparate global al que tiene libre acceso el respetable, ese mismo escaparate donde sólo llega con nitidez el repiqueteo de las campanas de la ‘Iglesia Imperial’). La jugada consiste en desviar la atención de los problemas candentes hacia asuntos que visten de escandalosos aunque verdaderamente son sustancialmente irrelevantes. Pero también es cierto que el poder hegemónico se aviene oportunistamente a consentir (‘aprietan pero no ahogan’ cuando a algunos los prefieren con vida), la expresión de una limitada disidencia marginal al discurso oficial, claro que con sus protocolarios disfraces lingüísticos, y siempre y cuando resulte inofensiva (y por lo tanto decorativa), a efectos prácticos para el orden establecido (véase el pujante anticapitalismo y ecosocialismo de amiguetes).
Napoleón: “Los crímenes colectivos no comprometen a nadie”
Caen ‘chuzos-virus’ de punta, pero ‘ellos’ nos comen el coco mientras nos regalan los oídos, y claro, no nos percatamos de que nos mean encima. Cosas del lenguaje ruidoso, del griterío, que acalla la voz de la verdad, de un lenguaje indirecto como forma de camuflaje. Y es que mientras nos reímos con las ‘terapias desinfectantes’ que aconseja el bufón Trump para luchar contra lo que el ha bautizado con su gracejo habitual como ‘el virus chino’: concentra la IV Flota frente a las costas de Venezuela y desembarca comandos mercenarios –asesinos leales a la paguita- para secuestrar y asesinar a sus líderes democráticos; refuerza el bloqueo contra el pueblo palestino y patrocina la enésima ‘invasión-colonización’ de Gaza por parte de Israel; redobla el acoso y las sanciones a Cuba e Irán; cobra por medio de ‘su’ FMI la deuda odiosa a la Argentina en bancarrota; se apropia de todos los recursos naturales de la Bolivia militarizada, desforesta, con sus multinacionales, la Amazonia con la infame colaboración de su lacayo Jair Bolsonaro, sanciona a Rusia y putea a Alemania y la UE con la misma tacada, amenaza a China, que por cierto ni puto caso que hace… refuerza y despliega ‘su’ instrumento OTAN para maniobras intervencionistas por todo el planeta… ¡Joder cómo le cunde, a la hora de intentar recomponer el ‘status quo’ imperialista, al bufón de la lejía-antivirus!
En realidad todo muy cerebral y burocrático. La propaganda capitalista persigue ‘eternizar la confusión’. Recordemos el uso ‘mágico’ del binomio verdad/mentira tal y como lo expresó el ministro de Propaganda nazi cuando dijo aquello de que “una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad”. Claro que siempre y cuando se posean los ‘medios’ adecuados y los oyentes sean creyentes entrenados y se cuenten por millones.
“Una cosa es la realidad y otra la mierda, que es sólo una parte de la realidad, compuesta, precisamente, por los que aceptan la realidad moralmente, no sólo intelectualmente…”
(Manuel Sacristán)
Es cierto que estamos todos de basura hasta el cogote y que de la verdad no queda nada. Es como si la hubiesen diluido en ácido. Y es además un signo de extrema miopía creer que el rostro que la sociedad te está presentando en un determinado momento es su único y verdadero rostro. Todo lo cual nos exige mejorar nuestra lectura de 'lo real', su interpretación y comprensión. Me viene ahora a la memoria, y creo que aquí cae a cuento, un párrafo claramente visionario que escribió Balzac en 1843:
“La influencia y el poder del periodismo se encuentran en su alborear; el periodismo está en su infancia, ya irá creciendo. Dentro de diez años estará sometido a la publicidad”
(Honoré de Balzac, ‘La ilusiones perdidas’)
L.
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